Sorkin se dirige a sí mismo y le sale como siempre: un manual declamado con pretensiones de película
El guionista vuelve a sentarse en la silla del director y la secuela espiritual de "La red social" paga los platos rotos de su última película. Spoiler: no es plato para ninguno.
Diez años después de que David Fincher le pusiera límites y cámara a los delirios verbales de Aaron Sorkin, el guionista se larga con la suya: dirige su propio libreto y nos entrega "El precio de la red" como continuación de "La red social". El resultado es ese sobrino que todos tenemos: habla mucho, tiene ideas brillantes cada tres frases, pero nadie lo quiere en la mesa familiar porque termina discutiendo con la abuela por el rebozador del locro.
La película existe, técnicamente. Reúne a Sorkin otra vez con el universo de Mark Zuckerberg, le suma el eco de "The Newsroom" y arrastra la sombra de un proyecto sobre el 6 de enero que el tipo viene amagando desde hace años sin largarlo nunca. Es como ese albañil del barrio que te dice que el sábado arranca la casa y lleva ocho diciéndolo: la promesa ya es parte del paisaje.
El problema no es el guión, es quien lo filma
Acá está la madre del borrego. El mismo libreto que en otras manos dio joyitas como "La red social", "Steve Jobs" o "Algunos hombres buenos", devuelto a su autor se desinfla. ¿Por qué? Porque Fincher, Boyle y Reiner le pusieronStop: cortaron las escenas, le bajaron el tono a los monólogos, le dijeron basta. Sin esa mano externa, Sorkin se desborda como Café en el Día del Amigo: demasiado, muy caliente y termina ardiéndote el paladar.
- Monólogos eternos que existen porque suenan lindos al leerlos en voz alta, no porque la película los necesite.
- Iluminación de interiores que parecen Garage mal iluminado en pleno enero.
- Un montaje sin urgencia, donde las imágenes apenas cumplen lo funcional.
- Un idealismo de manual, el de siempre, esta vez sin red de contención.
La frase que resume todo (y no la dijo la crítica, la dijo él)
Lo más gracioso es que la propia película trae la diagnosis mascada. El personaje de Bill Burr suelta, ya en los tráileres, una línea que define al director sin que haga falta ningún crítico: Sorkin es un guardia de tránsito con los brazos caídos mientras los autos derrapan y atropellan todo. Que el guion se burle de sí mismo es un gesto audaz; que el director no se haya dado cuenta al filmarlo, bastante menos.
“Sorkin es un guardia de tráfico con los brazos caídos mientras los autos derrapa y atropellan todo.”Personaje de Bill Burr en 'El precio de la red'
A mí, que me crie viendo westward las películas del Ratón a las cuatro de la tarde, esto me suena a déjà vu. Es el viejo truco del que escribe y no acepta tijera externa: termina escribiendo para sí mismo, no para el espectador. ("El precio de la red" se estrena esta semana en salas argentinas.)
