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Sábado, 24 de octubre de 2026
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Tormentas en Neuquén: la cuenta regresiva empieza en la vereda

Con alerta amarilla vigente y un sistema de desagües al límite, la ciudad apura tareas preventivas y les pide a los vecinos tres gestos simples antes de que caiga el agua.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 2 d
Tormentas en Neuquén: la cuenta regresiva empieza en la vereda

Lo vi con estos ojos que se van a gastar de tanto mirar el cielo: la mañana arrancó cerrada, con ese gris plomizo que en Neuquén ya es un preaviso, y para cuando el reloj marcó las diez ya se sentía cómo el aire se apretaba contra la barda. Salí a caminar por el centro y me topé con la postal de siempre cada vez que el Servicio Meteorológico Nacional prende la luz amarilla: cuadrillas municipales trabajando apuradas sobre las bocas de tormenta, vecinos sacando fotos con el celular y un runrún de WhatsApp que iba de grupo en grupo con el mismo audio de siempre, el del que avisa que "se viene fuerte". No era exageración: el parte oficial habla de lluvias abundantes en poco tiempo, ráfagas y granizo ocasional, con acumulados que pueden ir de los 10 a los 35 milímetros y que, en algunos puntos de la provincia, incluso superarse. La alerta amarilla alcanza a toda la provincia y se extiende, como mínimo, hasta el jueves.

Lo que más me llamó la atención, mientras caminaba y charlaba con la gente, es que esta tormenta no llega en cualquier contexto. Viene después de una semana en la que las precipitaciones ya superaron el promedio anual en la zona, y eso le pone al sistema pluvial de la ciudad una presión doble: por un lado el suelo está saturado, ya no absorbe mucho más; por el otro, el agua baja rápido desde la barda hacia el río. La combinación, me repitieron varios vecinos, es la receta clásica para terminar con las calles anegadas y los bajos inundados.

El trabajo de las cuadrillas y los 360 sumideros de la ciudad

Para llegar a tiempo con la prevención, el municipio desplegó tareas en sumideros, canales entubados y canales a cielo abierto. Neuquén tiene 360 sumideros repartidos por la trama urbana, y la lógica es bastante simple: si esas bocas están libres, el agua escurra; si se tapan, el agua se queda arriba, sobre el asfalto, y se mete en las casas. Por eso la insistencia en no tirar residuos en la calle, por eso el pedido de no sacar la basura en medio del temporal y por eso también la advertencia, que parece de sentido común pero no lo es, de no levantar las rejas.

“Se puede caer una persona, un animal o un vehículo, porque si hay mucha agua no lo ves. Las rejas no frenan el agua: lo que hacen es impedir que los residuos entren al sistema y lo obstruyan.”Cristian Haspert, subsecretario de Limpieza Urbana de la Municipalidad de Neuquén

Haspert me explicó, con la paciencia de quien ya repitió esto mil veces, que el verdadero enemigo del desagüe no es el agua en sí sino lo que la gente tira. Botellas, cartones, plásticos y bolsas que llegan desde la vía pública o de cestos revueltos son los que terminan armando un tapón adentro del conducto. Cuando una cuadra se inunda de cordón a cordón, dijo, lo más probable es que el problema esté abajo y no a la vista: en esos casos hay que esperar uno o dos días hasta que baje el nivel para poder ingresar y destapar.

Qué puede hacer cada vecino en su casa antes de que llegue la tormenta

  • Limpiar las canaletas del techo de la vivienda para que el agua desocupe sin obstáculos y no rebalse contra los aleros.
  • Esperar a que pase el temporal para sacar la basura: la recomendación es no hacerlo hasta el viernes, una vez levantada la alerta, para evitar que las bolsas terminen sobre las rejas de los sumideros.
  • No levantar las rejas de las bocas de tormenta bajo ninguna circunstancia, por más que el agua se acumule en la cuadra: abajo puede haber una abertura peligrosa para personas, animales y vehículos.
  • Evitar circular por calles anegadas si no se puede estimar la profundidad del agua; aunque parezca poco, alcanza para que un auto pierda estabilidad o se atasque.

En mi recorrida me crucé con Marta, 54 años, vecina del barrio Belgrano, que ya tenía la escalera apoyada contra el techo y un balde con hojas y palitos en el piso. "Cada vez que llueve fuerte me acuerdo de que no limpié las canaletas, y cada vez que las limpio me acuerdo de que la última vez zafé de milagro", me dijo, medio riéndose, mientras me pasaba el balde. Charlando con ella y con otros vecinos me quedó una sensación que vale la pena compartir: en Neuquén las tormentas se enfrentan entre todos, y el Estado puede tener las cuadrillas listas y los 360 sumideros funcionando, pero sin la colaboración de la gente -no tirar basura, no correr las rejas, limpiar la canaleta de la casa- el sistema termina perdiendo. Para el viernes, según el pronóstico, la inestabilidad comenzaría a ceder y se podría volver a sacar la basura con la tranquilidad de siempre. Mientras tanto, vale la pena mirar para arriba, mirar para abajo y, sobre todo, no subestimar lo que puede hacer una bolsa de residuos en el lugar equivocado.

EP

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