Cuando el termostato deja de responderte y la inteligencia artificial se vuelve a la vez solución y amenaza
Un programador revivió con IA aires acondicionados que la marca abandonó y los subió al servidor del colectivo. Esa misma técnica ya se usó para vulnerar cientos de freezers en supermercados de Francia y abre un debate sobre quién controla los dispositivos que compramos.
Vine a esta nota porque el aviso me llegó al celular en medio de una tarde de calor insoportable: varios vecinos del barrio habían comprado hace años aires acondicionados BGH con wifi y, de un día para otro, la aplicación dejó de abrirles la puerta. El equipo enfriaba como siempre, pero el teléfono se había transformado en un ladrillo inútil sobre la mesa de luz. Lo que pasó después es lo que ahora preocupa a medio mundo: un desarrollador, dicen los foros especializados, metió un agente de inteligencia artificial a analizar las comunicaciones del aparato, reconstruyó el protocolo que el fabricante había discontinuado y armó una integración casera compatible con asistentes de voz. El código, además, lo subió a la nube para que cualquiera lo use.
La historia, que parece un triunfo del usuario contra la obsolescencia, es también la cara amable de un fenómeno que tiene su reverso deluxe. Porque el mismo método que permite devolverle el alma a un aire acondicionado sirve para mirar adentro de una cerradura inteligente, una cámara de seguridad, un electrodoméstico o una máquina industrial conectada. Y sirve, sobre todo, para encontrar la rendija por donde colarse.
La técnica ya está en la calle y los hackers la aprovechan
Esta semana, según reconstruyó la prensa europea, atacantes manipularon a distancia los sistemas de refrigeración de cientos de supermercados en Francia y provocaron ciclos de descongelamiento que obligaron a tirar toneladas de comida. Lo contaron como si fuera un parte meteorológico, pero no: fue un hackeo. El mismo día, un incidente informático en una operadora de telecomunicaciones dejó sin registro de llamadas a millones de usuarios en el Reino Unido y reavivó la pregunta de qué tan expuestos estamos cuando una parte creciente de la vida cotidiana depende de aparatitos conectados a una red. La respuesta corta es incómoda: cada vez más.
- Dispositivos domésticos: cámaras, cerraduras, termostatos, heladeras y lavavarropas conectados pueden ser analizados con IA para detectar fallas de seguridad y explotarlas a distancia.
- Equipos industriales: sistemas de refrigeración, bombas de insulina, marcapasos y maquinaria fabril dependen de firmware que muchas veces nadie actualiza.
- Software propietario: programas pagos de diseño, oficina o edición pueden ser replicados por ingeniería inversa asistida por IA, lo que pone en jaque a grandes, perdón, a grandes empresas de software.
- Plataformas móviles: los propios sistemas operativos empiezan a permitir que cualquier persona arme aplicaciones describiendo lo que quiere en lenguaje natural.
Lo que une a todos estos puntos es un concepto que los especialistas vienen repitiendo hace rato: la inteligencia artificial comprimió en horas o en días un trabajo que antes llevaba semanas o que directamente no estaba al alcance de una sola persona. Para el vecino que quiere que su aire acondicionado vuelva a obedecerlo, eso es una liberación. Para el usuario común que tiene una cámara barata en la pieza del bebé, es un motivo para mirar el router con otros ojos.
“Un agente de IA que descifra cómo habla un electrodoméstico puede, con el mismo método, detectar cómo romperle la seguridad a cualquier otro aparato conectado.”Lectura técnica del caso publicada en medios especializados
Cierro la nota como la empecé. El vecino del barrio que me pasó el dato, Jorge, tiene 53 años y me dijo algo que se me quedó dando vueltas: pagué el equipo, lo instalé con mi plata y hoy la marca decide cuándo me deja usarlo. Tiene razón. La pregunta que queda flotando, y que nos toca a todos, es si vamos a seguir dejando que otros decidan por nosotros hasta dónde llega el control de las cosas que compramos. Y, sobre todo, si vamos a estar listos para cuando alguien decida lo contrario.
