El consumidor se queda en el súper, compra menos y vuelve a lo básico: ventas en baja por más de un año
El consumo masivo en supermercados acumula más de doce meses de contracción, con caídas en todos los formatos. Los hogares reorganizan el changuito y priorizan productos esenciales, mientras el comercio electrónico todavía no logra compensar la retracción.
Las ventas en supermercados llevan más de un año en terreno negativo. La caída interanual acumulada ronda el 4% en volumen y el último dato disponible, correspondiente a agosto, marcó una contracción del 3,3%. El año 2025 había cerrado con una baja del 5,2%, según los relevamientos que sigue de cerca la Asociación de Supermercados Unidos (ASU). En los hechos, una familia que solía llenar dos changos por mes ahora completa uno solo o reduce el ticket promedio con productos más baratos y en menor cantidad.
Una retracción distinta a las anteriores
El director ejecutivo de la ASU, Juan Vasco Martínez, explicó que la actual crisis de consumo presenta una característica que la diferencia de procesos recesivos previos. En la crisis de 2001 y 2002, una porción de la clientela migró hacia los autoservicios independientes, que ganaron participación por menor estructura de costos. Esta vez, en cambio, los compradores no se desplazan hacia otro canal: directamente compran menos. Martínez lo resumió con una frase: "El consumidor ya no se va a ningún lado".
La contracción atraviesa a todos los formatos comerciales: hipermercados, supermercados tradicionales, tiendas de proximidad y mayoristas. El impacto se concentra con más fuerza en los segmentos de menores ingresos, donde el ajuste del gasto se traduce de manera casi inmediata en una caída de los volúmenes vendidos. En el extremo opuesto, la demanda muestra mayor resistencia en hogares con ingresos medios altos.
Mapa de la caída: zonas más golpeadas y zonas que resisten
- Gran Buenos Aires: una de las regiones más afectadas por la retracción del consumo masivo.
- Gran Córdoba y Gran Rosario: comparten el deterioro, con caída de ventas en los principales formatos.
- Mendoza: se suma al grupo de plazas con retroceso significativo en el ticket y el volumen.
- Añelo (Neuquén): presenta el mejor desempeño relativo, impulsada por la actividad hidrocarburífera.
- Localidades del interior agrícola: muestran ventas más estables, asociadas al ingreso de economías regionales.
Primarización del changuito y presión sobre la industria
El cambio más visible dentro de las góndolas es lo que Martínez denominó una "primarización de la compra": los hogares concentran el gasto en artículos esenciales —alimentos básicos, productos de limpieza, higiene— y recortan todo aquello que consideran prescindible. En el rubro lácteos, por ejemplo, los productos de mayor valor unitario pierden espacio en la góndola porque rotan menos, lo que obliga a los fabricantes a sostener esquemas de producción con volúmenes más bajos. El fenómeno se replica en otras categorías, con proveedores que deben ajustar presentaciones, gramajes y acuerdos comerciales con las cadenas para defender niveles mínimos de venta.
El comercio electrónico no alcanza a compensar
Las ventas por plataformas digitales, que crecieron durante la pandemia, hoy representan menos del 5% del consumo masivo —incluye alimentos, bebidas, limpieza, perfumería y cuidado personal— y una parte de esas operaciones corresponden a compras realizadas por repartidores de aplicaciones dentro de los propios locales, un circuito que ya se contabiliza como venta presencial. Aun sumando el canal digital, el balance general de la categoría sigue en baja, con lo cual el supermercado tradicional continúa perdiendo facturación neta mes a mes.
Para los especialistas consultados, la dinámica actual refleja un proceso de destrucción de demanda sin resignación hacia otra vía de compra: el dinero simplemente no alcanza para sostener el nivel de consumo previo, y los hogares concentran cada compra en lo indispensable mientras esperan un cambio de escenario económico que reactive las ventas.
