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Pliometría para principiantes: los tres ejercicios que Harvard recomienda para empezar sin romperse las rodillas

El Dr. Howard LeWine, de Harvard Medical School, propuso una hoja de ruta accesible para quienes nunca hicieron pliometría: saltos laterales, soga y saltos frontales, con una premisa central, el aterrizaje suave.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo confieso: durante años asocié la pliometría con atletas de elite, con ese mundo lejano de jugadores de básquet que vuelan sobre el parquet o de corredores que parecen tener resortes en las pantorrillas. Por eso me llamó la atención la propuesta del Dr. Howard LeWine, editor médico jefe de Harvard Health Publishing en Harvard Medical School, que se empecinó en sacar a este tipo de entrenamiento del reducto de los deportistas avanzados y llevarlo a la mesa de los principiantes. La idea es simple y atractiva a la vez: cualquier persona puede empezar a ganar fuerza explosiva, coordinación y capacidad cardiovascular con tres movimientos muy básicos, siempre que respete una regla de oro, que el aterrizaje sea suave para no destrozar las articulaciones.

Qué es la pliometría y por qué importa

Conviene empezar por el principio. La pliometría trabaja sobre esfuerzos breves y de alta intensidad, orientados principalmente a las fibras musculares de contracción rápida que viven en las piernas. Sus beneficios están más que documentados: mejoras en la fuerza, en la potencia, en la velocidad de desplazamiento y en la capacidad de salto, sin olvidar la coordinación ni el rendimiento cardiovascular. LeWine insistió en algo que muchas veces se olvida: no hace falta comenzar con movimientos complejos. Los tres ejercicios que propone están pensados para que uno se familiarice con la mecánica pliométrica antes de animarse a variantes de mayor dificultad.

Los tres movimientos puerta de entrada

El primero son los saltos laterales. Se parte con los pies juntos, se salta hacia un costado desplazando el pie derecho lo más lejos posible y se aterriza sobre el pie izquierdo; después se repite hacia el lado contrario. La clave, según LeWine, es aumentar progresivamente la velocidad de ejecución. Requiere poca técnica, lo que lo convierte en un punto de entrada concreto para quienes no tienen experiencia previa. El segundo es saltar la soga, una actividad que sigue siendo habitual en la preparación de los boxeadores. La recomendación es arrancar con alrededor de cinco minutos diarios e ir sumando tiempo conforme mejora el nivel. Para quienes tienen dificultades para coordinarse con la cuerda, el consejo práctico es practicar primero sin ella: realizar los saltos y dar palmadas sobre las caderas con cada movimiento entrena la sincronización entre brazos y piernas antes de incorporar el implemento. El tercer ejercicio son los saltos frontales. Se salta hacia adelante con los pies juntos, se controla el aterrizaje y se regresa a la posición inicial con otro salto. Los brazos pueden usarse como impulso. El punto crítico, una vez más, es la recepción: aterrizar con suavidad reduce el impacto sobre las rodillas.

“Empezar con intensidad moderada, dominar la técnica y subir la exigencia solo cuando el cuerpo lo permite.”Dr. Howard LeWine, editor médico jefe de Harvard Health Publishing en Harvard Medical School

Las precauciones que no pueden faltar

En los tres casos, LeWine subrayó dos recomendaciones que funcionan como columna vertebral de toda la propuesta. La primera es entrenar sobre superficies acolchadas que amortigüen el impacto, ya sea un piso de goma, un gimnasio bien equipado o incluso un parque con pasto. La segunda es mantener las rodillas ligeramente flexionadas al caer, una forma concreta de repartir la carga y evitar que las articulaciones se lleven la peor parte. Con la práctica constante, señaló el especialista, aumentan tanto la distancia como la altura que se logran en cada salto, una señal clara de que el cuerpo está respondiendo. La progresión gradual es, en definitiva, el principio que atraviesa toda la hoja de ruta: empezar de a poco, dominar la técnica y subir la exigencia solo cuando el cuerpo lo permite. Una forma bastante razonable, y nada extrema, de empezar a ganar potencia sin pagar el precio en las rodillas.

  • Saltos laterales: pies juntos, desplazamiento lateral alternando pie derecho y pie izquierdo, con aumento progresivo de la velocidad.
  • Saltar la soga: comenzar con alrededor de cinco minutos diarios, con práctica previa sin cuerda y palmadas en las caderas si la coordinación todavía es un problema.
  • Saltos frontales: salto hacia adelante con pies juntos, brazos como impulso y aterrizaje suave para cuidar las rodillas.
EP

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