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En lo alto de la Quebrada de Huichaira, un museo de fotografía que el visitante tiene que ganarse

Lo fundó un fotógrafo bonaerense hace más de una década, en una casa de adobe integrada al paisaje jujeño. Sin cartelería, sin redes sociales, sin publicidad: el Museo Entre los Cerros reúne donaciones de figuras de la fotografía argentina y latinoamericana y se convirtió en un punto de encuentro para la comunidad y para artistas de todo el país.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

Vi la casa de adobe antes de entender qué era. Estaba ahí, pegada al cerro, con la luz de la tarde entrando como si el edificio mismo la estuviera respirando. Tuve que preguntar dos veces para confirmar que aquel caserón de barro, sin un solo cartel a la vera de la ruta 9, funcionaba como museo. Era el Museo Entre los Cerros, en la Quebrada de Huichaira, frente a Tilcara, y lo que descubrí adentro me dejó hablando todo el camino de vuelta.

Lo fundó en 2012 Lucio Boschi, un fotógrafo de 60 años nacido en la provincia de Buenos Aires que un día se fue caminando siguiendo el río Huichaira, se topó con una formación natural que lo dejó sin palabras, compró un terreno y empezó a levantar primero una casa y después, casi sin darse cuenta, un museo entero. La decisión de no poner un solo cartel que lo anunciara desde la ruta no fue un descuido ni un problema de presupuesto: fue una idea de raíz. Boschi estaba convencido de que el público tenía que encontrar el lugar por sus propios medios, como quien llega a una fuente de agua en el medio del cerro. Si te lo cruzás, es porque algo te trajo hasta ahí.

Una colección armada a base de cartas y de confianza

Lo que se ve adentro sorprende por la calidad y por la cantidad de nombres propios. Marcos López, Graciela Iturbide, Martín Chambi, Alessandra Sanguinetti, Irina Werning, Rodrigo Abd: la lista de autores donados recorre buena parte de lo mejor de la fotografía argentina y latinoamericana de las últimas décadas. Boschi consiguió esas obras a la antigua: con cartas, con llamados, con los contactos que fue tejiendo durante años de trabajo internacional en galerías y con coleccionistas. Lo notable es que todos, uno por uno, le dijeron que sí.

El edificio está pensado para que el paisaje sea parte de la muestra. Las paredes de adobe dejan filtrar una luz tibia y cambiante según la hora, y las salas invitan a caminar despacio, con bancos para sentarse y dejar que la vista se acostumbre al silencio. A 2.700 metros de altura, esa pausa se vuelve casi obligatoria.

De la escuela del pueblo al mundo

Los primeros visitantes no fueron críticos ni curadores. Fueron los chicos de la escuela de Huichaira, que empezaron a aparecer cuando el museo todavía era una rareza sin nombre. Después vinieron los guías locales, los grupos de fotógrafos que circulan por la Quebrada, y más tarde, de a poco, fueron llegando directores de museos internacionales y curadores de primer nivel, muchos de los cuales ya habían escuchado del lugar por el boca a boca del ambiente.

  • Biblioteca especializada abierta al público.
  • Talleres y residencias artísticas para fotógrafos de todo el país.
  • Programa gratuito de formación orientado a jóvenes de las provincias.
  • Funcionamiento como punto de encuentro para la comunidad de Huichaira y zonas cercanas.

Hoy el MEC ofrece mucho más que la colección permanente: biblioteca, talleres, residencias artísticas y un programa gratuito de formación pensado para chicos y chicas de las provincias que quieren empezar a fotografiar su propio territorio. Para los vecinos, además, el museo se convirtió en un lugar de reunión, en una excusa para cruzar el río y sentarse un rato a charlar.

Para llegar, la referencia más práctica es tomar la ruta 9 desde Tilcara y buscar el desvío hacia la Quebrada de Huichaira. Conviene armarse de paciencia: en los tramos finales del camino de tierra el GPS suele quedar desactualizado, así que preguntar en el pueblo termina siendo la mejor guía. Y lo digo por experiencia: yo tardé un rato largo en entender que esa casa pegada al cerro, sin un solo letrero, era a donde tenía que ir.

“La primera vez que lo vi, todavía en obra, me dije que tenía que ser un museo. La luz que entraba por las paredes de adobe no la había visto en ningún otro lugar.”Lucio Boschi, fundador del Museo Entre los Cerros
EP

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