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La jubilación mínima se desinfló: en casi siete años perdió más de cuatro de cada diez pesos de poder de compra

Entre diciembre de 2019 y agosto de 2026, el haber mínimo trepó 2.468,6% mientras la inflación acumulada fue de 4.231,3%; unas 2,9 millones de personas perciben ese ingreso.

Por Lucía FerreroFruticultura y economía regional · 14 de septiembre de 2026 · hace 57 min

El haber mínimo jubilatorio, incluyendo el bono de refuerzo, pasó de $19.068 en diciembre de 2019 a $489.776 en agosto de 2026, de acuerdo con los datos oficiales que cotejan la evolución del Índice de Precios al Consumidor. La suba nominal fue de 2.468,6%, pero la inflación del período acumuló 4.231,3%, de modo que la diferencia entre ambos números marca la pérdida: quien cobra la mínima hoy puede adquirir apenas el 59,3% de la canasta de bienes y servicios que compraba a fines de 2019. En otras palabras, el ingreso mínimo perdió 40,7% de poder adquisitivo en casi siete años.

Una brecha que se abrió en dos tramos

El bono de refuerzo aporta una parte central del haber más bajo y, según el relevamiento, no se actualiza desde marzo de 2024, cuando quedó fijado en $70.000. Desde entonces, la inflación acumuló 129,2%, por lo que el poder de compra específico del bono se erosionó 56%. En los últimos doce meses, mientras los haberes sin bono empataron con la suba de precios gracias a los reajustes por movilidad, los que perciben el refuerzo perdieron 4,5% adicional, profundizando el deterioro del segmento más vulnerable.

El cuadro también alcanza a quienes cobran haberes superiores al mínimo, cerca de tres millones de personas. La jubilación máxima trepó de $103.064 a $2.824.694, un incremento nominal de 2.640,7%, y aun así en agosto de 2026 su poder de compra era 36,7% menor al de fines de 2019. Un haber equivalente a tres veces el mínimo de entonces acumuló una caída de 36%, y la pérdida del haber máximo llegó a tocar 55,4% en términos reales entre septiembre de 2017 y diciembre de 2023, para reducirse levemente hasta 49% en la medición más reciente.

Cómo se traduce en una economía doméstica

  • Si a diciembre de 2019 una canasta familiar costaba $100, hoy cuesta $4.331.
  • El dinero disponible para esa misma canasta creció hasta $2.569, lo que permite comprar 59,3% de los productos.
  • Un hogar con dos haberes mínimos pasó de percibir unos $38.136 a $979.552 nominales, pero el ajuste real fue marcadamente inferior.
  • El mecanismo de movilidad aplica los índices de inflación con dos meses de rezago, por lo que cuando los precios suben los haberes pierden poder de compra y cuando bajan lo recuperan de forma parcial.
  • Desde diciembre de 2023, los haberes sin bono ganaron 14,3% frente a la inflación, un margen que no llega a revertir las pérdidas acumuladas en años anteriores.

El contraste entre ambas puntas del sistema contributivo muestra que el deterioro fue transversal, aunque más pronunciado en los ingresos más bajos. En el segmento que no recibe bono, la actualización por movilidad acompañó a la inflación del último año y permitió una mejora real de 14,3% desde diciembre de 2023; en el segmento que cobra la mínima, la falta de ajuste del refuerzo desde marzo de 2024 convirtió a ese tramo en el más castigado, con una pérdida adicional de 4,5% en los últimos doce meses.

Según los datos difundidos, unas 2,9 millones de personas, alrededor de la mitad de los jubilados y pensionados del sistema contributivo, perciben el haber mínimo. Para ese universo, los $70.000 del bono representan hoy poco más de 14% del ingreso total, frente a 26% que significaban en marzo de 2024, cuando se fijó el refuerzo. La diferencia, traducida a la mesa familiar, explica por qué los hogares de jubilados se ubicaron entre los más golpeados por la dinámica de precios de los últimos años y por qué, aun cuando la inflación cedió, el haber más bajo siguió perdiendo terreno frente a la canasta.

La descripción técnica del fenómeno remite, en última instancia, a la convivencia de dos actualizaciones desfasadas: la movilidad trimestral de los haberes, atada a la inflación pasada, y la del bono, congelado en pesos constantes desde marzo de 2024. Mientras el primer mecanismo logró empatar los precios en el último año, el segundo acentuó la brecha dentro del propio universo de pasivos. La pérdida acumulada desde 2019, del 40,7% en el caso del haber mínimo y de 36,7% en el haber máximo, grafica el saldo de un período en el que ninguna categoría quedó a salvo del deterioro, aunque los sectores de menores ingresos fueron, como suele ocurrir, los que más profundidad cargaron.

LF
Lucía FerreroFruticultura y economía regional

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