La historia de la Argentina cosida en un perchero: el ModMA abre una muestra que lee la indumentaria como documento político
"Vestir mundos" reúne cuatro décadas de diseño de autor en seis núcleos temáticos: de las crisis de los noventa al suprarreciclaje, pasando por el diálogo con las hilanderas del norte y la biotecnología aplicada al textil.
Llego al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires una mañana cualquiera y me encuentro con algo que no esperaba: percheros colgados como si fueran cuadros. Cada prenda tiene una ficha, una fecha, un país adentro. Acá el delantal de la cooperativa, allá un tapado hecho con plástico quemado, más allá una camisa intervenida con platería salteña. La curaduría de "Vestir mundos" —abierta hasta el 1 de julio de 2027, organizada junto a Fundación IDA— propone algo simple pero potente: mirar la ropa como se mira un diario de época.
Crisis como materia prima
Los curadores Franco Chimento y Raúl Flores ordenaron el recorrido en seis núcleos. El primero agarra de las puntas los años más bravos: la debacle de fin de siglo, el 2001, la salida a los tropiezos. Ahí aparecen firmas como Trosmanchurba, de Martín Churba y Jessica Trosman, que se largaron a quemar plástico y a fundir textiles descartados para producir piezas que parecían carísimas y estaban hechas con lo que sobraba. "Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia", me dice Chimento mientras caminamos la sala.
“Son diseños que dialogan con las inquietudes de su tiempo y transforman la carencia o la dificultad en potencia.”Franco Chimento, curador
La muestra rescata además "Pongamos el trabajo de moda para siempre" (2004), una colección que Trosmanchurba hizo con la Cooperativa La Juanita. El guardapolvo blanco —ese uniforme escolar que todos tenemos en la memoria— se convirtió en bandera del trabajo autogestionado. Es, literalmente, la ropa como documento: lo que se llevaba puesto una forma de organización social.
Ropa heredada, platería y lana de llama
Otro eje fuerte es el ambiental. El colectivo 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas de segunda mano como quien reescribe un borrador. Juliana García Bello trabaja con ropa que le dejaron en herencia y con manteles donados. Y la firma Therapy Recycle and Exorcise, que tiene base en Córdoba y Berlín, lleva el suprarreciclaje a las pistas de baile sin importar género ni temporada.
- MANTO, de Clara de la Torre y Diana Dai Chee Chaug, trabaja desde 1996 con hilanderas del norte argentino para producir prendas en lana de oveja y pelo de llama combinadas con sastrería contemporánea.
- Roxana Liendro, salteña, traslada técnicas de orfebrería —repujado y cincelado— sobre textiles andinos como el barracán y el aguayo.
- Juliana García Bello resignifica ropa heredada y manteles donados en sus piezas.
- 12NA, de Mariano Breccia y Mercedes Martínez, desarma y recompone prendas usadas.
- Therapy Recycle and Exorcise lleva el suprarreciclaje a las subculturas nocturnas sin distinción de género ni temporada.
Me retiro de la sala con la sensación de haber leído una historia que conozco, pero contada por otro canal. Chimento, mientras cierra la puerta de un núcleo dedicado a la biotecnología textil —donde Romina Cardillo y otros diseñadores exploran producción circular y materiales del futuro—, me deja con una idea que se me queda rebotando: acá no se viene a ver moda. Se viene a leer la Argentina que se puso a pensar cómo se vestía cuando no le sobraba nada. Y eso, en un país que conoce de carencias, no es un detalle menor.
