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Sábado, 24 de octubre de 2026
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La fila daba vuelta la manzana y adentro se respiraba liturgia: una noche con Emmanuel Carrère en la Facultad de Derecho

El escritor francés cerró su paso por Buenos Aires con una conversación con Leila Guerriero ante casi mil personas. Por la mañana había pasado por Eterna Cadencia, con frases cortas y una certeza: la inteligencia artificial no es problema suyo.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 3 d
La fila daba vuelta la manzana y adentro se respiraba liturgia: una noche con Emmanuel Carrère en la Facultad de Derecho

La cola ya estaba ahí cuando llegué, mucho antes de que abrieran las puertas del auditorio de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Daba vuelta la manzana, o buena parte de ella, y la gente hablaba en voz baja, como si quisiera guardar energía para el rato que venía. Eran las seis y pico de la tarde del viernes 2 de octubre y yo estaba en la vereda, un poco apretado entre desconocidos, con la sensación de que iba a presenciar algo poco habitual.

Emmanuel Carrère, parisino de 68 años, ganador del Prix des Prix y del Premio Princesa de Asturias, estaba en la ciudad invitado por el Festival Internacional de Literatura, el FILBA, para presentar Koljós, su libro más reciente, publicado este año. La excusa era ese volumen, que cierra por ahora un arco personal: la historia de su infancia y de la vida de sus padres, ambos fallecidos en 2023, con meses de diferencia. Pero lo que se respiraba adentro, cuando por fin entramos, iba bastante más allá de un título.

Una noche que se pareció a un recital

El auditorio estaba colmado. Casi mil personas, calculé mirando hacia los fondos, donde todavía había gente de pie. En el escenario, una mesa, dos sillas, un atril con agua. Leila Guerriero, referente del periodismo narrativo latinoamericano y una de las voces más escuchadas del género en español, lo esperaba para entrevistarlo en público. La presentaron, se sentó, y cuando apareció Carrère la ovación fue de las que uno asocia con un recital: aplausos largos, silbidos, una ovación cerrada.

El autor llegó con camisa a cuadros arremangada, remera negra y zapatillas. Nada solemne. Se acomodó, agradeció en un español básico, y enseguida Guerriero lo llevó al centro de la conversación: sus métodos, sus obsesiones, esos libros suyos que parecen novelas y que al mismo tiempo son otra cosa.

En un tramo, Carrère volvió sobre El adversario, el libro donde narró el caso de Jean-Claude Romand, aquel hombre que durante años sostuvo una mentira monumental y terminó asesinando a su mujer y a sus hijos. Contó que durante dos años abandonó el proyecto, que no podía con eso, y que al final entendió algo que lo descolocó: una historia así de monstruosa en un punto tiene que ver con casi todos nosotros. Lo dijo despacio, mirándola a ella, y abajo se hizo un silencio espeso.

“En la escritura siempre hay que ir adonde uno no quiere ir.”Emmanuel Carrère

La recorrida por una obra que ya es historia

Después repasó su recorrido. Sus primeras ficciones, escritas en un trance alucinatorio, como dijo, cuando era muy joven. El bloqueo creativo que vino después, un pozo largo del que salió con la biografía de Philip K. Dick. Y desde ahí, uno detrás del otro, De vidas ajenas, El Reino, Yoga, V13. Carrère contó ese recorrido sin grandilocuencia, casi como quien enumera lo que tiene en una biblioteca. Entre el público, gente que claramente conocía cada uno de esos títulos asentía, como confirmando una lista que se sabía de memoria.

  • Por la mañana del mismo viernes, Carrère había pasado por el bar de la librería Eterna Cadencia para una conferencia de prensa.
  • Respondió con frases breves y un semblante afable, en un clima más íntimo y mucho menos solemne que el de la noche.
  • Sobre la inteligencia artificial y la escritura, dijo que tiene la suerte de ser demasiado viejo para que sea su problema.
  • Fue una de las frases que más se repitió después entre los colegas que cubrimos esa mañana.

A la salida del auditorio, en la calle, me crucé con Raúl, un contador de 53 años que había viajado desde Lanús para no perderse la entrevista. Me dijo que hacía treinta años leía a Carrère y que venir era innegociable. Me contó que había tenido que reorganizar toda su semana y que la cola, la espera, la incomodidad de estar parado, eran parte del paquete. A su lado, una chica de unos treinta años, Sofía, estudiante de letras, asintió: dijo que venía por El adversario, que lo leyó de chica en lo de una tía, y que desde entonces no lo soltó más. Dos generaciones distintas, un mismo autor, la misma espera.

Para seguir leyendo

¿Leíste a Carrère? ¿Cuál de sus libros te enganchó más y por qué? Si tenés alguna anécdota de la fila del viernes, también vale la pena contarla.

EP

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