El cansancio que no se va: cuando la apnea del sueño se esconde detrás del insomnio femenino
Una molestia que muchos atribuyen al estrés o a la menopausia puede ser una señal silenciosa de apnea obstructiva; el subdiagnóstico en mujeres llega al 75%, según una revisión médica reciente
A las seis de la tarde, Marta ya no daba más. Tenía 53 años, dos hijos grandes y un trabajo administrativo en una oficina del centro, y llevaba meses soñando con dormir bien de una vez. Se acostaba temprano, se levantaba con dolor de cabeza, daba vueltas toda la noche y al otro día arrastraba un cansancio que no se le iba ni con dos cafés. Había consultado por insomnio, le habían recetado algo para relajarse y nada cambiaba. Hasta que un día, casi de pasada, una médica le preguntó si roncaba. No roncaba, dijo. Pero la insistencia de esa pregunta la llevó a hacerse un estudio de sueño y el resultado fue clarísimo: apnea obstructiva del sueño, moderada. La historia de Marta, que recojo mientras caminamos por el barrio de Once, no es rara. Es,, una de las más repetidas entre las mujeres que llegan tarde al diagnóstico.
Porque la apnea del sueño en mujeres suele presentarse a cara lavada. No trae los ronquidos fuertes que todo el mundo asocia con el trastorno, ni los ahogos nocturnos que alarman a la pareja. En cambio, se disfraza de cansancio diurno, de dolor de cabeza matinal, de problemas para arrancar el sueño o mantenerlo, de cambios de humor, de niebla mental. Y así se confunde con estrés, con menopausia, con un pico de ansiedad o con un insomnio de toda la vida. Una revisión publicada sobre el tema estima que hasta el 75 por ciento de las mujeres afectadas puede estar sin diagnosticar, y que alrededor del 40 por ciento no presenta los síntomas más conocidos, justamente los ronquidos intensos y los despertares con sensación de falta de aire.
Por qué cuesta detectarla
La explicación es bastante concreta y la resumo así: las herramientas de screening más usadas se armaron pensando en los hombres. Los cuestionarios que cruzan edad, peso, presión arterial y contorno del cuello funcionan como una primera foto del riesgo, pero tienden a subestimar los casos en mujeres. Algo parecido pasa con algunos estudios domiciliarios: pueden no registrar las pausas respiratorias que se concentran en la fase REM del sueño, que es cuando más suelen aparecer en el cuadro femenino. Por eso, si el malestar sigue y el primer estudio dio normal, no hay que quedarse tranquilo ni pensar que el tema está cerrado. El paso siguiente suele ser una polisomnografía en un centro especializado, donde se monitorean la respiración, la actividad cardíaca, los movimientos del cuerpo y las distintas etapas del descanso.
- Despertares frecuentes durante la noche, sin causa clara.
- Sensación de sueño no reparador y somnolencia durante el día.
- Dolores de cabeza matutinos que se repiten.
- Dificultad para concentrarse, olvidos frecuentes y cambios de ánimo.
- Cuello más bien corto, sobrepeso, hipertensión o antecedentes familiares del trastorno.
Qué pasa durante el embarazo y la menopausia
Hay dos momentos en la vida de una mujer en los que la apnea puede aparecer de la nada o agravar un cuadro que ya estaba sin diagnosticar: el embarazo y la menopausia. Durante la gestación, el aumento de peso, los cambios hormonales y la retención de líquidos estrechan la vía aérea, y un cuadro previo puede pasar a moderado o grave. El abordaje, según coinciden los equipos consultados, se hace de manera conjunta entre obstetricia y un especialista en sueño. Y un dato práctico: si hay una cirugía programada, hay que avisar al equipo médico, porque la anestesia y el reposo postoperatorio cambian las cosas. En la menopausia, la caída de estrógenos y los cambios en la distribución de la grasa corporal hacen el resto.
El mecanismo de la apnea, en cualquier caso, es siempre el mismo: la garganta se cierra o se angosta repetidamente, baja el oxígeno en sangre y el cuerpo responde con microdespertares que muchas veces ni se recuerdan. Lo que sí queda, y lo que Marta me repite mientras caminamos, es el agotamiento. Un agotamiento que durante años se soporta en silencio, se justifica con la rutina y se trata con mates y buenas intenciones. La recomendación que repiten los especialistas consultados es bastante directa: si los síntomas están y persisten, la consulta profesional no se posterga. Y si el primer estudio no muestra nada pero el cuerpo sigue diciendo que algo no anda, se insiste. La apnea del sueño tiene tratamiento, y ese tratamiento cambia la calidad de vida de una manera que, una vez que se prueba, no se vuelve atrás.
