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Cinco ideas que muchos repiten sobre el corazón y que un cardiólogo de Cleveland Clinic pidió dejar de repetir

Las enfermedades cardiovasculares explican un tercio de las muertes en el mundo, según la OMS. Un especialista repasó los errores más frecuentes y explicó qué hacer en cada caso, con foco en chequeos y hábitos.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 8 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo vi con mis propios ojos la semana pasada, en la sala de espera de un consultorio del barrio: una mujer de alrededor de cuarenta y cinco años, a la que voy a llamar Silvia, me dijo que llevaba años postergando un control de presión porque, según le había comentado una prima, eso de cuidar el corazón era algo que recién empezaba a importar después de los cincuenta. La frase me quedó sonando mientras caminaba hasta el kiosco, porque la realidad es que las enfermedades cardiovasculares se llevaron 19,8 millones de vidas en el mundo durante 2022, un 32 por ciento del total global de acuerdo con los datos que maneja la Organización Mundial de la Salud, y la mayoría de esas muertes comparte un denominador común: llegan después de años de silencios, de chequeos que nunca se hicieron y de creencias que siguen circulando como si fueran verdades absolutas. Por eso me pareció importante sentarme a repasar lo que contó el cardiólogo Luke Laffin, de Cleveland Clinic, cuando le preguntaron por los cinco mitos más frecuentes que él escucha una y otra vez en su consultorio y que todavía pesan a la hora de decidir cuándo consultar a un profesional.

El corazón no distingue entre hombres y mujeres

La primera de esas creencias es una de las más instaladas y, a la vez, una de las más dañinas: la idea de que los problemas cardíacos son cosa de hombres. El propio Laffin lo resumió con una frase que vale la pena repetir tal cual la dijo: "El corazón no discrimina por sexo". Lo que ocurre es que, en el caso de las mujeres, se suman factores de riesgo propios que muchas veces no se conversan en la consulta, como la menopausia, el uso prolongado de anticonceptivos orales o ciertas complicaciones que pueden aparecer durante el embarazo. Y a ese panorama se le agrega algo que conozco de cerca, porque lo veo seguido entre mis conocidos: los controles anuales suelen quedar para más adelante, aplastados entre el trabajo, los hijos, los padres a los que hay que acompañar y la larga lista de cosas que parece más urgente. La recomendación del especialista es bastante concreta: cada persona debería conocer sus propios factores de riesgo y charlarlos con un médico de cabecera, que es quien tiene la lupa para decidir si hace falta una derivación a cardiología.

Los problemas pueden empezar mucho antes de los cincuenta

El segundo mito es el que escuché repetir a Silvia en la sala de espera y que probablemente muchos lectores también hayan escuchado alguna vez: la idea de que el corazón solo se descompone después de los cincuenta. Lo que dice Laffin es que las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar en personas de veinte, treinta o cuarenta años, muchas veces sin dar señales. La predisposición genética a tener el colesterol alto o la presión elevada puede estar presente desde edades mucho más tempranas, y por eso el especialista insiste con algo simple pero decisivo: hacerse análisis de sangre y chequeos regulares también siendo adulto joven, sin esperar a que el cuerpo empiece a avisar.

  • Los antecedentes familiares suben el riesgo, pero no lo vuelven inevitable: la alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el alcohol son medidas que bajan de manera concreta esa probabilidad.
  • Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol, siempre con seguimiento médico.
  • Sentirse bien no equivale a estar libre de riesgo: la enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa, y la hipertensión y el colesterol elevado suelen no dar síntomas hasta que aparecen eventos graves como un infarto o un accidente cerebrovascular.
  • Las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos permiten seguir la evolución de esos indicadores antes de que se transformen en complicaciones.
  • El deterioro cardiovascular no es una condena automática con el paso de los años: los hábitos y los controles adecuados pueden modificar de manera sensible esa trayectoria.

Mientras caminaba de regreso a casa, pensé en Silvia y en la cantidad de gente que, como ella, va por la vida confiando en que si se siente bien, está bien. Laffin advierte que esa confianza suele ser la antesala de diagnósticos que llegan demasiado tarde, y que un infarto o un accidente cerebrovascular pueden ser, en algunos casos, la primera señal visible de un problema que venía cocinándose en silencio desde hacía años. Por eso me parece que la mejor manera de cuidarse no es esperar a cumplir determinada edad ni hacerse el test casero de la prima o del cuñado, sino sentarse cada tanto con un profesional de confianza, pedir los estudios que correspondan y tomarse en serio lo que ellos digan, por más aburrido que suene. A veces, las decisiones más simples que uno puede tomar en una tarde de consultorio son las que terminan definiendo cómo van a ser las décadas que vienen, y eso, al menos para mí, no es un detalle menor.

EP

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