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Chaco teje una red de salud mental que quiere llegar a cada pueblo, antes y después de la tormenta

Un proyecto que se debate en la Legislatura chaqueña propone ordenar bajo un mismo paraguas a los equipos que ya trabajan en la provincia, sumar nodos regionales, garantizar atención las 24 horas y obligar a no soltar la mano de nadie después de una crisis o una internación

Por Emanuel PaillalefSociedad · 11 de septiembre de 2026 · hace 56 min

Caminé hasta la Legislatura del Chaco siguiendo el rumor de un proyecto que llevaba semanas dando vueltas entre pasillos y oficinas públicas, y lo que encontré ahí adentro me confirmó algo que uno intuye cuando recorre el norte argentino: la salud mental dejó de ser ese tema del que se habla en voz baja para empezar a discutirse de cara a la gente. La propuesta que acaba de entrar en debate apunta nada menos que a crear una Red Provincial de Salud Mental Comunitaria, una estructura que no parte de cero pero que pretende cambiar de raíz la manera en que la provincia atiende a quienes atraviesan una crisis, una internación o un duelo que parece no tener fin.

Lo que el texto me dejó ver, mientras lo iba desgranando, es que la idea central no es inaugurar hospitales ni multiplicar cargos, sino algo bastante más sencillo de explicar y bastante más difícil de hacer: poner en orden todo lo que ya existe. La provincia viene acumulando dispositivos, programas y profesionales dispersos en distintos puntos del territorio, y lo que ahora se discute es cómo tejerlos bajo un mismo esquema coordinado, con presencia efectiva en cada rincón y no solo en Resistencia.

Nodos regionales, equipos completos y atención que no se corta

El proyecto propone dividir a Chaco en nodos regionales de salud mental, alineados con las regiones sanitarias que ya funcionan. Cada uno de esos nodos tendrá la obligación de relevar cómo está compuesta su población, qué servicios existen y dónde están las barreras de acceso, algo que Horacio, un trabajador social con 52 años que me cruzé en la puerta del edificio, me describió como "eso que nunca se hace pero que siempre hace falta". La idea es que en cada nodo se sumen de manera progresiva equipos interdisciplinarios con psicólogos, psiquiatras, enfermeros, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales y acompañantes terapéuticos, una combinación que hoy aparece más en los papeles que en los barrios.

  • Consultas ambulatorias y visitas domiciliarias para llegar donde el paciente no siempre puede acercarse.
  • Intervenciones en crisis y seguimiento posterior a internaciones, para que nadie quede a la deriva después del alta.
  • Centros comunitarios, hospitales de día y dispositivos de acompañamiento familiar con foco en la integración educativa, laboral y social.
  • Centros de rehabilitación psicosocial pensados como puente hacia la vida cotidiana, no como destino final.
  • Atención de crisis disponible las 24 horas, los 365 días del año, con protocolos definidos en cada región.

Después de la internación: un plan para cada persona

Hay un punto del proyecto que me parece clave y que vale la pena subrayar: la obligación de elaborar un Plan Individual de Cuidados para quienes lo necesiten, con un equipo responsable asignado y un abordaje que contemple a la familia y al barrio, no solo al paciente. Es, en la práctica, un intento de cerrar esa puerta que muchas veces queda abierta entre el hospital y la casa, y que suele ser la más peligrosa. La norma también pone el ojo sobre la prevención del suicidio, con un lugar específico para integrar los programas vigentes, priorizar el seguimiento de personas en riesgo y desarrollar acciones de posvención para quienes están transitando un duelo por estas situaciones, con capacitación incluida para los trabajadores de los servicios involucrados.

Si la Legislatura le da luz verde, el Ministerio de Salud chaqueño tendrá 180 días para presentar un plan de implementación con metas concretas a cinco años. Será ese documento el que termine de medir si la promesa queda en buena letra o si finalmente se traduce en equipos trabajando en los barrios, en guardias que respondan a cualquier hora y en un seguimiento que no se corte cuando el paciente sale del hospital. Por ahora, lo que vi en la Legislatura es a un puñado de legisladores discutiendo algo que, en palabras simples, se parece bastante a lo que cualquier vecino del Chaco pediría si le preguntaran qué espera del Estado cuando la salud mental toca a la puerta de su casa: que alguien esté, que se quede, y que no haga falta pasar por una tragedia para que eso ocurra.

EP

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