Aeronaves, fábricas y pollos asados: la odisea de 37 pibes neuquinos que viajan a conocer la planta de Ford con la plata que juntó el barrio
Los alumnos de sexto año de la EPET 17 venden números desde hace meses, organizan bingos y rifas y hasta cocinaron pollos para pagar los pasajes a Buenos Aires. Ahora les falta la mitad del alojamiento y piden una mano antes del lunes que parten hacia General Pacheco.
Yo llegué este viernes a la puerta del taller de la EPET 17, en el barrio Gregorio Álvarez de Neuquén capital, y todavía quedaba ese olor a grasa de motor mezclada con el último pollo asado que los chicos habían repartido para juntar plata. Eran pasadas las seis de la tarde, el sol ya bajaba por las bardas y un grupo de muchachos de dieciocho años, con las manos todavía manchadas, acomodaba unas planillas con los números que vendieron en el barrio durante meses. El lunes, si todo sale como esperan, esos mismos chicos van a estar bajando de un avión en Aeroparque para meterse por primera vez en la planta de Ford de General Pacheco y ver, con sus propios ojos, las cajas automáticas que ellos desarman en el aula de autotrónica.
La movida empezó a mediados de año, cuando Patricio Fontenla, maestro de enseñanza práctica de Autotrónica, les blanqueó a los dos sextos años que la salida a Buenos Aires iba a depender exclusivamente de ellos. Cuarenta y dos pibes, cuatro profes y una preceptora soñaban con pisar una fábrica automotriz en serio y entender cómo se conecta la electrónica que estudian en el taller con las líneas de montaje que aparecen en la tele. Pero la escuela no tenía un peso para financiarlo y el bolsillo de muchas familias, tampoco.
Cómo se junta la plata cuando no sobra
Ahí arrancó una ingeniería económica que ya quisiera más de un empresario. Los chicos y sus familias cocinaron pollos a la parrilla, armaron bingos en el SUM de la escuela, salieron a vender rifas puerta por puerta y pasaron lista por los grupos de WhatsApp hasta el hartazgo. Con el esfuerzo, explicaron los profes, ya tienen los pasajes de avión de ida y vuelta, el transporte interno en la Ciudad de Buenos Aires y la mitad del alojamiento cubiertos.
“Lo que falta ahora son unos quince o dieciséis millones de pesos, que es lo que resta del hospedaje, los almuerzos y cualquier traslado extra que pueda surgir durante la semana.”Es el cálculo que repiten en la cooperadora para quienes preguntan cuánto falta
Carolina, una mamá de 47 años que estaba coordinando la entrega de números en la puerta del taller, me dijo que la ingeniería fue tan casera como emotiva. Contó que su hijo, que ya hizo pasantías en un concesionario local, se pasó semanas yendo casa por casa en el barrio con un talonario bajo el brazo. Es él, junto con sus compañeros, los que más laburaron para que esto sea posible. Vender, cocinar, repartir y bancarse el cansamiento les dejó una lección que ningún manual de autotrónica puede enseñar: cuando la plata no alcanza, se organiza la comunidad o no se viaja.
Qué van a ver y por qué importa
- La planta de Ford en General Pacheco, donde se ensamblan modelos para todo el Mercosur y donde funciona el corazón de la electrónica automotriz que los pibes estudian.
- Una fábrica de cajas de cambio en Bella Vista, clave para entender la parte mecánica que ellos desarman en el taller.
- El Museo del Automóvil Club Argentino, con vehículos históricos que sirven para entender la evolución de la industria.
- Una recorrida por el Obelisco y la Casa Rosada, la primera vez en Buenos Aires para varios y el primer viaje en avión para algunos.
- La confraternización entre los dos cursos, que están en la recta final de su formación técnica antes de recibirse.
Mientras caminaba entre los bancos del taller, donde los chicos practican con un elevador y herramientas donadas por agencias y concesionarias locales, volví a pensar en lo que me había dicho Patricio Fontenla sobre el espíritu de la movida. Me había comentado que varias familias pusieron plata de su bolsillo sin saber si la iban a recuperar, que los profes renunciaron a horas de descanso y que hasta los vecinos que no tienen chicos en la escuela se acercaron a comprar números, porque entienden que estas cosas no se hacen solas. Para que la aventura arranque el lunes a primera hora, los organizadores esperan que la colecta cierre con las donaciones que faltan antes del fin de semana.
Cómo ayudar antes del lunes
- Alias de transferencia: bingo.epet17.
- Titular de la cuenta: Claudia Arrieta.
- Monto que falta cubrir: entre quince y dieciséis millones de pesos, equivalentes al alojamiento restante, los almuerzos y los traslados.
- Contacto en la escuela: los preceptores y la cooperadora de la EPET 17 del barrio Gregorio Álvarez, Neuquén capital.
Antes de irme, mientras el sol se terminaba de esconder detrás de las bardas, me crucé otra vez con Carolina y le pregunté qué la llevó a embarcarse en esta locura. Ella me miró con una mezcla de cansancio y orgullo, me dijo que su hijo todavía no termina de creer que va a subirse a un avión por primera vez en su vida, y que ella tampoco lo puede creer. Le aseguro que el lunes, cuando esos 37 pibes neuquinos pisen por primera vez la planta de Ford, la historia de los pollos asados, los bingos y los talonarios va a valer cada hora de sueño perdido por una educación técnica que, muchas veces, se sostiene gracias al esfuerzo de las familias y del barrio entero.
