Jueves, 10 de septiembre de 2026
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Tres viajes a Malvinas para entender a los kelpers desde adentro

El cineasta Pablo Aparo convivió cinco meses con los habitantes de las islas y registró la vida diaria en "Los vencedores", un documental que ganó dos premios en el BAFICI y sigue en cartelera.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 10 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me lo imagino a Pablo Aparo llegando por primera vez a Malvinas con la cámara al hombro y la mochila cargada de dudas, mientras el viento de las islas le pega en la cara y los pastizales se extienden hasta donde se pierde la vista. Son las cosas que uno se imagina cuando le cuentan que alguien se fue a vivir cinco meses entre kelpers para hacer un documental. Pero no es nada figurado: Aparo viajó tres veces entre 2020 y 2024, gestionó los permisos ante la Administración de Malvinas y se fue quedando, película de por medio, en una estancia de Matt, un terrateniente que fue el único isleño que le dijo que sí a la cámara.

El punto de partida del filme lo expresa Aparo con una pregunta que a mí, honestamente, me dejó pensando un buen rato: hay 3.500 habitantes civiles en las islas, una cifra parecida a la cantidad de militares que Estados Unidos mantiene de forma permanente en la base aérea de Mount Pleasant. ¿Cómo se convive, en el día a día, con una instalación militar de ese tamaño a pocos kilómetros de la tranquera? De esa incomodidad nace "Los vencedores", el documental que ganó dos premios en el BAFICI, pasó por el Malba y todavía puede verse en salas de la Ciudad de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba, aunque conviene chequear la cartelera de cada complejo porque la programación cambia semana a semana.

Un país chico, una base enorme

Aparo tiene 40 años, es porteño y se crio escuchando el relato argentino sobre Malvinas. El primer viaje, en 2020, duró apenas diez días y le alcanzó para tantear el terreno y entender que la recepción iba a ser despareja: algunos vecinos colaboraban, otros le pedían que guardara la cámara y varios directamente le bloquearon el paso a ciertos lugares. Los dos viajes siguientes, en 2023 y 2024, le sumaron cinco meses de convivencia en los que la película encontró su forma definitiva. La narración gira en torno a Matt, el único que aceptó de entrada la propuesta de filmación: Aparo cuenta que esa misma tarde ya estaba durmiendo en la granja de él, en medio de las montañas, y que el arranque fue tan veloz que casi no le dio tiempo a sacar la valija del auto.

El Salón de la Pradera del Ganso y las cosas que no se cuentan en el continente

El momento más tenso del documental llega cuando Aparo y Matt van juntos al Salón de la Pradera del Ganso, el lugar donde el Ejército argentino mantuvo encerrados a los isleños, entre ellos a Matt y a su familia, durante varias semanas en mayo de 1982. Aparo lo cuenta con una crudeza que a mí me dio un nudo en la garganta: la sola presencia de un argentino provocó que varios asistentes abandonaran el lugar. No fue un capricho, ni una cuestión de guión: es la memoria viva de quienes todavía cargan con esa cicatriz, a más de cuatro décadas del conflicto. La película deja en claro que esa herida está lejos de cerrarse y que, en muchos casos, se sigue abriendo cada vez que un argentino pisa la isla.

  • Tres viajes a Malvinas entre 2020 y 2024, con un total de unos cinco meses de permanencia en las islas.
  • Permisos gestionados ante la Administración de Malvinas y un acceso dispar a los testimonios.
  • Matt, el terrateniente que dijo que sí a la cámara y se convirtió en el eje narrativo de la película.
  • El Salón de la Pradera del Ganso como punto más tenso del documental, con asistentes que se retiraron al ver a un argentino.
  • Testimonios sobre ropa de invierno, alimentos y cartas en inglés elemental que los soldados argentinos habían enviado a los propios kelpers durante la guerra.
  • Dos premios en el BAFICI, funciones en el Malba y presencia actual en salas de Buenos Aires, La Plata, Rosario y Córdoba.

Lo que más me costó digerir del material son los testimonios sobre el período bélico que acá casi no circulan. Hay isleños que cuentan cómo, después del cese del fuego, abrieron galpones del campo y se encontraron con donaciones de ropa de invierno y alimentos que el continente había mandado para los soldados argentinos, pero que ellos nunca llegaron a recibir porque habían quedado expuestos al frío sin abrigo. Y aparecen cartas que soldados argentinos escribieron a los propios kelpers, redactadas en un inglés elemental, pidiéndoles comida o un pulóver. Son detalles que descolocan, porque del lado argentino de la historia casi nunca se los escucha, y mucho menos se los cruza con la mirada de quienes los recibieron.

Vuelvo a Matt, el hombre que le abrió la puerta a Pablo Aparo en medio de una isla donde no todos querían ser filmados. Es el mismo Matt que expresa abiertamente su rechazo hacia la Argentina, el mismo que conoce de memoria el Salón de la Pradera del Ganso porque estuvo ahí encerrado con los suyos. Verlo en la película es entender, sin necesidad de sermones, que Malvinas no termina en una causa nacional ni en un acto escolar cada 2 de abril: también es la vida cotidiana de gente que camina por Stanley, que esquiva ovejas en la ruta y que mira con desconfianza a quien llega desde Buenos Aires. "Los vencedores" no viene a cerrar ningún debate, pero sí a poner el cuerpo y la cámara del lado de los kelpers, y eso ya es bastante.

“¿Cambiaría algo en tu imagen de las islas ver la historia desde la perspectiva de quienes viven allí?”Pablo Aparo
EP

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