Naruto no se arrodilla: la épica decisión de Hayato Date que casi nadie conoce
El director del anime confesó que recibió presiones internacionales para adaptar la serie al paladar de Occidente. Su respuesta fue tan simple como radical: ni un kunai fuera de lugar.
Hay que tenerlos bien puestos para decirle que no al mercado más jugoso del planeta y encima salir campeón. Eso fue lo que hizo Hayato Date cuando le plantearon que suavizara a Naruto para que no ofendiera a la platea estadounidense. Spoiler: no le tembló el pulso. Y la jugada, contra todos los manuales del marketing, le salió redonda.
El dato lo ventiló el propio director en una charla en Anime India y duele un poco lo obvio que resulta. Antes de que arrancara la producción del anime, ya había periodistas gringos y de otros países copando la conferencia de prensa como si fuera el lanzamiento de una automotriz. En ese entonces, que a un animé le importara al público internacional era casi un milagro. Y acá entra el razonamiento que ningún ejecutivo de Buenos Aires se anima a hacer en voz alta.
La frase que lo define todo
Date lo dijo sin anestesia: 'Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera'. Traducción al criollo: si andás pensando en el de afuera mientras laburás, te sale un mamarracho sin alma.
El método que aplicó el equipo fue de manual de sentido común, que es el libro que menos se lee. La pregunta filtro era una sola: ¿esto funciona en Japón? Si la respuesta era sí, se hacía. Si la respuesta era no, chau. Lo que pensaran en California quedaba en carpeta.
Los kunai, la línea roja
(Acá es donde la cosa se pone sabrosa.) Desde Estados Unidos llovieron quejas por las armas blancas que los ninjas revolean como si fueran confites. Kunai, shuriken, toda la artillería filosa del folklore samurái. La respuesta del director merece ser enmarcada: 'Si quitas los kunai, ya no es Naruto'. Seis palabras. Listo, se acabó la discusión.
Esa decisión tiene más miga de la que parece. Estamos hablando de plantarles la bandera en la cara al mercado que más billetes movía, en nombre de una coherencia artística que muchos ni siquiera se molestan en defender. Es algo así como si un bodegón de Villa Regina le dijera que no a una franquicia de hamburguesas que quiere comprarle la esquina: sabes que perdés plata hoy, pero dormís tranquilo mañana.
¿Y ahora qué? La película en acción real
Mientras tanto, del otro lado del mundo, el director Destin Daniel Cretton tiene entre manos la adaptación cinematográfica de acción real. La pregunta del millón vuelve a escena: ¿van a respetar la obra o van a empezar a recortar espadas para no espantar al espectador de shopping? Porque si le sacás los kunai a Naruto, te queda un dibujo animado inofensivo y un montón de merchandising sin filo. Y todos sabemos cómo termina eso.
Mi recomendación, sin vueltas: si te cruzaste con Naruto de chico y te marcó, o si sos de los que lo descubrió grande y se comió los setecientos capítulos de un saque, agendá esta historia de Date. Es la prueba viviente de que a veces decir 'no, gracias' es la mejor estrategia a largo plazo. Y de paso, un recordatorio para todos los que adaptan cosas sin entender por qué funcionan: la identidad no se negocia.
