Maternidad compartida: cómo funciona el método ROPA, la técnica que reparte el embarazo entre dos mujeres
Una pareja de Buenos Aires eligió quién aportaba los óvulos y quién gestaba tras varios intentos frustrados. El especialista Agustín Pasqualini explica por qué la decisión se toma a partir de los deseos de cada una y de una evaluación médica individual.
Emanuel Paillalef - Sociedad. Cuando Pamela Visciarelli y Mariana Blanco se sentaron en el consultorio de la doctora Liliana Blanco a repasar la historia clínica de las dos, no imaginaban que la conversación iba a terminar con un nombre nuevo en la lista de tratamientos disponibles: el método ROPA, una técnica de reproducción asistida que reparte el proceso entre las dos integrantes de la pareja, una cediendo los óvulos y la otra gestando al bebé en el útero. Esa tarde, después de varios intentos que no habían podido convertirse en embarazo, la médica les propuso que Pamela fuera la donante de los óvulos y Mariana la que llevara adelante la gestación. Hasta ese momento, todos los tratamientos habían sido con óvulos de Mariana, que tenía 41 años en aquel momento, y no habían funcionado. La diferencia de edad entre las dos había sido, además, un argumento práctico para definir quién se iba a embarazar primero: las dos querían que Mariana viviera esa experiencia antes de que el reloj biológico se lo complicara. La decisión incluyó un detalle que a veces se pierde de vista: la elección de cada rol no se hace a la ligera ni siguiendo una regla fija, sino que se construye con los deseos de las dos y con lo que los estudios médicos indican en cada caso.
Qué es el método ROPA y cómo se hace en la práctica
La sigla ROPA significa Recepción de Ovocitos de la Pareja y, según explicó a este portal el especialista en medicina reproductiva Agustín Pasqualini, el procedimiento se apoya en una fecundación in vitro con un paso adicional: los embriones que se generan en el laboratorio con los óvulos de una de las mujeres y semen de un donante anónimo se transfieren al útero de su pareja, que previamente recibe una preparación endometrial. En criolló, una pone los óvulos, la otra lleva adelante el embarazo. La distribución de esos roles, insistió Pasqualini, no está escrita en ningún protocolo: cuando una pareja llega al consultorio se abre una conversación que cruza lo médico con lo más íntimo, y la decisión final se toma caso por caso. Para definir quién aporta los óvulos se miran sobre todo dos variables: la edad y la reserva ovárica, que son las que indican cuántos óvulos se pueden obtener y de qué calidad. Para la mujer que va a gestar, en cambio, se relevan el estado general de salud, los antecedentes ginecológicos y obstétricos y las condiciones del útero. Si los estudios arrojan que cualquiera de las dos puede ocupar los dos lugares, lo que termina inclinando la balanza es cómo cada una quiere vivir la maternidad.
- Quién aporta los óvulos: se evalúa la edad y la reserva ovárica para conocer la cantidad y calidad de óvulos disponibles.
- Quién lleva adelante la gestación: se revisa el estado de salud general, los antecedentes ginecológicos y obstétricos y las condiciones del útero.
- Si ambas están en condiciones de ocupar los dos roles, la elección se conversa a partir del deseo de cada una sobre cómo quiere vivir la maternidad.
- En algunos casos la distribución también responde a un motivo médico claro, por ejemplo cuando los óvulos de una de las mujeres ya no son viables.
- ROPA es una fecundación in vitro con semen de donante en la que el embrión se transfiere al útero de la pareja, no de la donante.
El especialista agregó que la técnica atrae a muchas parejas por una razón que excede lo clínico: la posibilidad de que las dos tengan una participación corporal en la llegada del hijo. En otros casos, como el de Pamela y Mariana, la elección de roles tiene además una razón médica, porque los óvulos propios ya no daban resultados. Pasqualini aclaró que no todas las parejas que consultan pueden acceder al método: hay situaciones en las que una de las dos mujeres no está en condiciones de donar ni de gestar, y entonces se vuelve necesario repensar el proyecto. También dijo que, en su experiencia, las parejas suelen llegar al consultorio con una idea bastante clara de qué rol prefiere cada una, y que los médicos escuchan esa voluntad antes de cruzar los datos de los estudios.
Pamela y Mariana finalmente se sometieron al tratamiento con esa distribución de roles que había propuesto la doctora Blanco. Juana nació tras la primera transferencia del primer intento, contó Pamela a este portal. Dos años después, y ya con otra hija en proyecto, los roles se dieron vuelta: esta vez fue Pamela la que gestó y volvió a quedar embarazada en la primera transferencia. El resultado fue Eva, la segunda hija de la pareja. Pamela, que tiene 38 años y trabaja en el área de Recursos Humanos, describió las dos maternidades como muy distintas en lo emocional, y recordó un momento que se volvió recurrente durante el embarazo de Mariana: tener que explicar en la calle, en la fila del supermercado, en la puerta del jardín o en la consulta con algún profesional, que ella también era la mamá. Contar que las dos participaban del proceso, una con los óvulos y la otra con la panza, se transformó en una explicación que tuvo que repetir muchas veces, dijo, y cada vez le servía para reafirmar su lugar en la familia. Para ella, señaló, la llegada de Juana significó por primera vez verse reconocida como madre sin haber atravesado un embarazo propio, un paso que describe con la palabra pertenecer.
“Cuando nació Juana me sentí madre sin haber gestado, y al mismo tiempo tuve que aprender a explicarlo. Hoy ya lo naturalizo, pero en ese momento fue todo un aprendizaje.”Pamela Visciarelli, 38 años
