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La vibración que nunca llega: por qué el celular nos roba atención incluso cuando lo dejamos en el bolsillo

Los investigadores del CONICET Fabricio Ballarini y Juan E. Bonnin explican cómo la espera constante de notificaciones modifica la concentración cotidiana y qué pasa en las familias cuando el teléfono se vuelve el centro de la vida digital.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo vi mientras esperaba el colectivo en la esquina de mi casa: una señora de unos cincuenta y tantos sacó el celular del bolso, miró la pantalla sin que haya sonado nada, lo guardó, y a los treinta segundos volvió a sacarlo. No tenía ningún motivo aparente, pero el gesto se repitió tres veces antes de que llegara el bondi. Cuando le pregunté si esperaba algún mensaje importante, se encogió de hombros y me dijo, medio riéndose, "es la costumbre nomás, uno mira y mira". Esa costumbre tiene nombre y tiene explicación, y dos investigadores del CONICET la desarrollaron en detalle en su libro (Des)Conectados.

Una espera que ocupa la cabeza aunque no haya nada esperando

El neurocientífico Fabricio Ballarini y el lingüista Juan E. Bonnin sostienen que la expectativa de recibir avisos puede llevar a interpretar cualquier roce de la ropa o cualquier ruido cercano como si fuera una vibración del teléfono. Esa especie de alerta fantasma es la prueba más clara de que el cerebro se quedó pendiente del aparato aunque nosotros lo hayamos apoyado boca abajo sobre la mesa.

Los autores lo describen así: cuando dejamos el celular a un lado, no lo dejamos de verdad. Una parte de nuestra atención queda enganchada en la posibilidad de que aparezca algo nuevo. Y esa atención que se va hacia la pantalla es atención que deja de estar disponible para lo que tenemos enfrente, sea una charla en la mesa familiar, sea una tarea del trabajo, sea la cara de alguien que nos está contando algo importante.

El miedo a quedar afuera

Hay un fenómeno que los especialistas conocen como FOMO, que son las siglas en inglés del miedo a perderse algo, y que en el libro aparece como una de las claves para entender por qué cuesta tanto soltar el teléfono. Ballarini y Bonnin explican que para los adolescentes perder el acceso a las conversaciones digitales puede vivirse como una exclusión del grupo de pares.

La preocupación abarca dos frentes: por un lado, las actividades que se están realizando y de las cuales uno no participa; por el otro, los intercambios concretos entre amigos en los que no se puede meter uno. Las dos cosas pesan, y según describen los investigadores, ese estado de alerta se asocia con un menor rendimiento de la memoria y de la atención en otras tareas.

  • La pantalla del celular concentra conversaciones, vínculos y actividades que son parte de la vida diaria.
  • Dejar el dispositivo puede vivirse no como guardar una herramienta, sino como ausentarse de un espacio de encuentro.
  • Las llamadas notificaciones fantasma muestran que la espera continúa aunque no haya una alerta real.
  • Reconocer la dependencia es, para los autores, el primer paso para empezar a cambiar el hábito.

La propuesta de Ballarini y Bonnin apunta a recuperar el valor del conocimiento y de la memoria, y a evitar que los dispositivos terminen concentrando todo el esfuerzo de pensar. Reconocer los propios hábitos es un punto de partida: no se trata únicamente de contar cuántas veces se desbloquea la pantalla en una hora, sino también de advertir la preocupación por perderse algo o la expectativa constante de que llegue un mensaje.

Mientras escribía esta nota me acordé de la señora del colectivo. Le mandé un mensaje a mi vieja, que tiene 62 años y vive sola, y le pregunté si ella también revisaba el teléfono sin que hubiera sonado. Me contestó al rato: "Todos los días, hijo, uno se acostumbra a que suene y cuando no suena lo busca igual". Tiene nombre esa búsqueda, tiene mecanismo cerebral, y sobre todo tiene una salida posible: empezar por admitir que el aparato ya ocupa un lugar en la cabeza y decidir, de a poco, cuánto lugar estamos dispuestos a darle.

EP

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