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La noche en que Scola dejó sin respuestas a Brasil y encendió una deuda pendiente de Popovich

Dieciséis años después, los 37 puntos del Albinegro ante Brasil siguen siendo la marca más alta de un argentino en un Mundial. Aquella victoria también dejó una escena incómoda en las tribunas: Gregg Popovich se fue antes del final, lamentando no haberlo llevado a San Antonio.

Por Rodrigo BertoliniDeportes · 8 de septiembre de 2026 · hace 48 min

Estaba todavía caliente la noche de Estambul cuando Luis Scola tomó el partido en sus manos y no lo soltó más. Fueron diez puntos consecutivos en los últimos tres minutos. Uno tras otro. Sin tregua. Hasta convertir el 93-89 en una victoria inapelable para la selección argentina.

Una actuación que no para de envejecer bien

El 7 de septiembre de 2010, el Albinegro hizo 37 puntos ante Brasil en el Mundial de Turquía y estableció un récord que, dieciséis años después, ningún argentino volvió a alcanzar en una Copa del Mundo. Atacó el poste bajo, fabricó sus propios lanzamientos y castigó cada vez que pudo. Solo descansó un minuto. Lo demás fue una lección de persistencia.

Anderson Varejao y Tiago Splitter no encontraron la manera de detenerlo. Tampoco pudieron descifrarlo Pablo Prigioni desde el juego y las defensas brasilechas desde la cancha. El base distribuyó juego, el ala pivote respondió con puntos, incluidos triples, y el partido se terminó pareciendo a mejores partidos históricos de la selección: cuando el parece imposible, aparece una mano segura para resolverlo.

“De diez posesiones, iba a tomar ocho. Así y todo, convertía.”Rubén Magnano

Scola también habló de lo que aquel encuentro significaba dentro de su casa. Sus hijos le pedían que volviera. El capitán, mientras tanto, seguía dejando una actuación enorme en una competición decisiva. La selección terminó aquel partido con una victoria que definió su rumbo en el torneo.

Popovich se levantó y no pudo mirar el final

En la tribuna estaba Gregg Popovich, entrenador de San Antonio Spurs. Los Spurs habían seleccionado a Scola en el draft, pero nunca lo habían contratado. Antes del cierre, el técnico pidió permiso y se retiró, visiblemente molesto. Según el libro El Abanderado, repetía: No puedo creer que cambiamos a este jugador.

Dieciséis años pasan rápido. La marca, no. Queda abierta la pregunta: si la nueva generación aún no alcanzó los 37 puntos de Scola, ¿quién será capaz de hacerlo? Por ahora, el Naranja puede seguir presumiendo de una noche en la que su mejor jugador se convirtió en una molestia histórica para Brasil.

El próximo fin de semana habrá que revisar el fixture. Porque esta historia ya tiene final cerrada, pero el récord de Scola todavía espera una mano que se anime a escribir otra página.

RB

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