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Humboldt, el basset hound que se sienta en el bosque patagónico y le cambia la jornada a los científicos

A sus dos años, este perro de Villa La Angostura trabaja de forma voluntaria con guardaparques e investigadores en distintos parques nacionales. Marca con la mirada, reconoce moléculas imposibles para una persona y ahora se está entrenando hasta para olfatear un parásito en el agua.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 14 de septiembre de 2026 · hace 36 min

Vine a dar con Humboldt de la manera más simple que existe: siguiendo un rastro. No el que él persigue entre las lengas y los coihues, sino el de un comentario que se repetía en Villa La Angostura cada vez con más fuerza, el de un basset houd de dos años que trabaja con científicos y guardaparques en la Patagonia. Cuando lo vi por primera vez, caminando junto a Alex Tersoglio y a su hija Kenia por un sendero con vista al lago, lo primero que me llamó la atención fue su estampa: patas cortas, cuerpo largo, orejas largas y caídas al ras del piso, una trompa que parece hecha para empujar el suelo y, sin embargo, una mirada atenta, permanentemente conectada con su dueño. Ahí entendí por qué lo eligen para este trabajo.

Porque Humboldt no es un perro decorativo ni un proyecto de marketing. Es una herramienta de precisión biológica. Su olfato está entrenado para identificar pequeñas moléculas de olor que provienen, sobre todo, de materia fecal de animales silvestres, señales que para una persona pasarían completamente inadvertidas. Eso le permite confirmar la presencia o la ausencia de una especie en un área sin necesidad de verla, lo que vuelve cada recorrida de campo una búsqueda mucho más rápida y más afinada para los equipos de investigación.

Un equipo chico, con un trabajo enorme

Alex y Kenia componen junto a Humboldt un equipo chico en lo humano y enorme en lo que hace. Colaboran de manera voluntaria con investigadores, científicos y guardaparques de distintos parques nacionales de la región. Entre las especies que el basset hound rastrea figuran el huillín, el huemul, el gato huiña, el gato montés y el puma. También trabaja en la detección de especies invasoras, como el visón, una de las amenazas más serias para la fauna local.

El trabajo actual incluye proyectos del Parque Nacional Nahuel Huapi para proteger al huillín, investigaciones sobre carnívoros como el gato huiña, el gato montés y el puma, y tareas vinculadas al Parque Nacional Lanín. Además, hay conversaciones avanzadas con el Parque Nacional Los Alerces, donde existe interés en sumarlo a trabajos sobre huemul y huillín.

La marcación silenciosa que lo cambia todo

Lo que más me impresionó de la recorrida fue la marcación, porque es de una simpleza casi quirúrgica. Cuando Humboldt encuentra lo que busca, se sienta, apunta con la nariz hacia el punto exacto y sostiene el contacto visual con Alex. Nada de ladrar, nada de escarbar. Una sola mirada que dice ya está, acá hay algo. En los terrenos con piedras o con espinas donde no puede sentarse, se queda parado e inmóvil y repite el mismo gesto visual, como si la postura fuera secundaria y lo que mandara fuera el aviso silencioso.

Cuando el punto exacto es difícil de identificar, recibe la orden show me, dos palabras en inglés que el equipo usa como código de trabajo, y entonces vuelve a acercar el hocico al lugar preciso. Esa rutina, vista desde afuera, parece un juego. Vista desde adentro de un proyecto de conservación, es una herramienta que ahorra horas de búsqueda a campo.

El desafío más pequeño y más difícil

El último desafío que me contaron es, paradójicamente, el más chico de todos. Humboldt está siendo entrenado para detectar un parásito que afecta a peces nativos de la región. El objetivo inicial es comprobar si puede reconocer su presencia en el agua; más adelante, si lo logra, la idea es que pueda identificarlo dentro del propio caracol que lo porta. De conseguirlo, su olfato podría acelerar de manera notable el trabajo de laboratorio de los investigadores, porque lo que hoy demanda horas de análisis bajo microscopio, el basset hound podría señalarlo con un gesto y una mirada.

Cuando me fui del sendero, Humboldt volvía a caminar pegado a Alex, con las orejas rozando el pasto y la nariz todavía trabajando. Ahí entendí que este perro no reemplaza a los científicos ni a los guardaparques, pero les cambia la jornada: les evita perder tiempo, les confirma sospechas, les abre preguntas nuevas. Y todo lo hace con la herramienta más antigua del mundo, un olfato que la humanidad lleva miles de años intentando copiar y nunca terminó de igualar.

EP

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