Holder, el de los 125 kilos y el de Ibiza: los dos Holder que le sirven para hablar de salud mental
El ex Gran Hermano mostró dos fotos opuestas de su cuerpo y, en lugar de colgarse medallas por la segunda, aclaró que tampoco era un ejemplo. Habló de ultraprocesados, de culpa al comer y de lo poco sostenibles que son ciertos cuerpos de verano.
Dicen que comparar es odioso, pero a Tomás Holder le sirvió para algo más útil: para tirarse abajo las dos postales. Mostró una foto de mayo del año pasado, cuando la balanza le marcó 125 kilos, y otra de julio, ya en Ibiza, con la musculatura dibujada como si fuera el menú del día. Y lejos de festejar cualquiera de las dos, usó las dos para mandar el mismo mensaje: ninguna de las dos era salud.
La foto de los 125 kilos la tenía guardada por vergüenza. La publicó igual. Detrás de esa imagen había siete meses sin pisar un gimnasio, entre doce horas diarias con la PlayStation encendida y una dieta que viajaba siempre en packaging. “No encontraba rumbo, no encontraba soluciones”, resumió sobre una etapa que él mismo emparchó con un problema emocional y no con un problema de plata o de voluntad, como suele escucharse por ahí.
Ibiza con asterisco
La postal de Ibiza fue otra cosa. Cuerpos en la playa, comentarios aprobando en los comentarios, selfies desde boliches. Holder podría haberse quedado ahí, en el like fácil. Pero no. “Mi cuerpo no es real, ni sano y tiene un soporte químico”, tiró sobre la mesa, como quien destapa un vaso de agua en plena ola de calor en pleno Valle.
Detrás de esa foto hubo cinco meses de control estricto de la comida. Y, otra vez, un costo. Desarrolló culpa al comer y quedó dependiendo de la balanza. Hasta una hamburguesa, que era su comida de domingo de toda la vida, se le convirtió en un conflicto interno. Cinco meses comiendo con miedo no parecen un antes y un después: parecen un problema con patas nuevas.
(Entre una foto y otra hay algo más que kilos: hay un pibe que se animó a contar lo que la mayoría sólo muestra cuando queda fotogénico. Eso, en este negocio de las redes, casi cuenta como acto de valentía.)
Capilar sí, retoques no
Holder también confirmó que a comienzos de marzo se hizo un implante capilar para corregir las entradas. Lo dice él y lo desmiente lo que se ve. Negó retoques en el rostro y le adjudicó los cambios en sus facciones a la dieta y al uso de barba, que es el viejo truco del que cambió de peso y todos le preguntan por el cirujano. Tomá nota: a veces no es bisturí, es kiwi y milanesa a secas.
Recomendación sin vueltas: si te cruzaste con la foto de Ibiza y sentiste que estabas en falta, guardala en la misma carpeta mental donde guardás la publicidad engañosa. Y si te cruzaste con la de los 125 kilos y sentiste que era la tuya, escuchá el final del mensaje: “Cuiden su salud y sobre todo su salud mental”. Ni la play por doce horas ni la balanza como juez. En el medio, está lo que de verdad importa.
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