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Escapadas cortas y seguidas: el hallazgo australiano que reivindica al viaje de fin de semana

Un estudio de la Universidad de Sunshine Coast, con más de 1.200 turistas australianos, observó que las salidas breves y cercanas al hogar, cuando se repiten con frecuencia, pueden mejorar la satisfacción con la vida, sobre todo en quienes menos herramientas tienen para atravesar momentos difíciles.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 21 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Me lo cruzé el otro día en la verdulería y, entre tomates y cebollas, Juan Carlos, 52 años, jubilado hace seis meses, me dijo lo de siempre: que él no necesita subirse a un avión para sentirse vivo, que le alcanza con meterse en el auto un sábado a la mañana y cruzar dos pueblos para ir a pescar a un río que conoce desde chico. Le pregunté para qué, si podía quedarse en casa leyendo el diario, y me miró como si hubiera dicho una herejía. 'Mirá, nene, yo vuelvo distinto', me respondió, mientras le alcanzaba el vuelto. La conversación me quedó dando vueltas y, días después, apareció en mi escritorio un paper de la Universidad de Sunshine Coast, en Australia, que parece darle la razón: no hace falta viajar lejos ni gastar una fortuna para cosechar bienestar psicológico. Alcanza, según ese trabajo, con escaparse seguido, aunque sea un ratito, y aunque el destino quede a la vuelta de la esquina.

El estudio, encabezado por el profesor asociado Rory Mulcahy, se propuso una pregunta concreta: ¿qué pasa en la cabeza de la gente cuando repite salidas de ocio cortas, cerca de casa, a lo largo del tiempo? Para responderla, su equipo siguió a más de 1.200 turistas australianos en tres relevamientos realizados entre 2020 y 2023, en pleno contexto de pandemia y de restricciones que los viajes largos. Analizaron la frecuencia de los viajes recreativos, los niveles de felicidad, la capacidad de sobrellevar situaciones adversas y la satisfacción general con la vida.

Quiénes se benefician más (y por qué)

El primer dato que me llamó la atención al leer el informe es que las mejoras no se reparten en partes iguales. Los investigadores encontraron que quienes más aprovechaban estas escapadas eran las personas que se percibían como más vulnerables o que reconocían tener menos recursos internos para enfrentar los golpes de la vida cotidiana. Para ellas, la diferencia en los indicadores de bienestar fue marcada. En cambio, en los participantes que ya contaban con herramientas de afrontamiento moderadas o altas, el efecto fue más tibio, casi marginal.

Mulcahy lo explica apoyándose en una de las teorías clásicas de la psicología positiva, la llamada teoría del broaden and build, que sostiene que las emociones agradables amplían el repertorio de pensamientos y acciones de una persona y, con el tiempo, le permiten construir recursos psicológicos más duraderos. Conocer un lugar nuevo, sea una localidad cercana que no conozco, acercarse a otras costumbres y meterse en actividades placenteras serían, según esta lectura, una puerta de entrada a ese proceso. El viaje breve y repetido funcionaría, entonces, como un pequeño gimnasio emocional.

Qué sugiere el equipo para llevarlo a la práctica

  • Ofrecer experiencias con apoyo logístico para que participe gente que suele quedarse en casa: traslados organizados, visitas guiadas y materiales explicativos.
  • Incluir actividades al aire libre adaptadas a principiantes, con niveles de exigencia accesibles y acompañamiento de instructores.
  • Trabajar con operadores locales para diseñar propuestas de bajo costo y corta duración, pensadas para escapadas de uno o dos días.
  • Priorizar destinos cercanos a los centros urbanos, de modo que reduzca el tiempo y el dinero invertido en trasladarse.

Como ejemplos concretos, los autores mencionan el senderismo, el kayak y la escalada de nivel básico, deportes que en la Argentina tienen propuestas equivalentes en sierras, lagunas y zonas cordilleranas accesibles desde las grandes ciudades. La lógica detrás es sencilla: cuanto más fácil sea sumarse, más probable es que la escapada termine ocurriendo y, con el tiempo, repitiéndose.

Los límites del estudio

Antes de sacar conclusiones para nuestra vida cotidiana, conviene leer la letra chica. Todos los participantes eran turistas australianos, con una cultura de viajes al aire libre y un nivel de ingreso determinados, y el período analizado estuvo atravesado por las restricciones de la pandemia, lo que las opciones de viaje largo y probablemente infló la frecuencia de las salidas cortas. Los propios autores aclaran que, antes de extrapolar los resultados a otros países y contextos, hacen falta estudios en poblaciones distintas, con diseños que permitan separar el efecto de la frecuencia del efecto de la duración.

Me fui del paper pensando en Juan Carlos, en su río de toda la vida y en su manera de volver 'distinto' cada domingo. Tal vez la próxima vez que lo cruce en la verdulería le cuente que, sin saberlo, viene formando parte de una base de datos australiana. Y que la ciencia, esta vez, le termina dando la razón: para hacer una pausa en la rutina, a veces alcanza con subir al auto, manejar un par de horas y dejarse llevar por lo que aparezca del otro lado.

EP

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