Miércoles, 16 de septiembre de 2026
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El llamado que silenció a Porcel: Graciela Alfano, su padre y la lengua que no debía asomar

La actriz reconstruyó un episodio de los años 70 y volvió a poner a Jorge Porcel en el centro de la escena, esta vez por un gesto y un pedido de disculpas. Georgina Barbarossa contó su propia historia y el rol de Carmen Vallejo en los estudios.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · 16 de septiembre de 2026 · hace 2 h

Dicen que en el mundo del espectáculo los padres mandan poco. Pero a veces un llamado desde una cocina de Buenos Aires vale más que cualquier productor con teléfono rojo. Graciela Alfano contó que, a fines de los años 70, llamó a su viejo para frenar una conducta de Jorge Porcel durante una pausa de filmación, y que el humorista se acercó al día siguiente con un pedido de disculpas. Claro, como en el almacén de Don José cuando alguien se pasaba de vivo y aparecía el patrón a poner las cosas en su lugar.

La actriz recordó que el detonante fue una sucesión de anécdotas sexuales que el capocómico relataba en los descansos. Hasta que una de esas historias vino con bonus track: Porcel sacó la lengua y le dijo, textual, "Mirá qué lengua tengo". Alfano dijo que la situación le provocó rechazo y que esa noche decidió hablar con su padre. El hombre, que ya conocía a Porcel de consultas laborales previas, atendió el teléfono y, según su hija, llamó al humorista. Al otro día, el disculpas en persona.

Un viejo con peso propio

Alfano explicó que el vínculo entre Porcel y su padre venía de antes. El cómico solía consultarlo sobre proyectos de televisión y cine, y el hombre le había pedido que la cuidara. Algo así como el vecino del Valle que te recomienda con el patrón de la chacra y le dice "tranquilo, que es gente de trabajo". Por eso, cuando la cosa se desmadró, el llamado cayó con peso. No era un enojo más: era un recordatorio de quién te abrió la primera puerta.

La actriz aclaró que no vio directamente qué pasaba dentro del camarín de Porcel en los estudios San Miguel, pero describió una postal habitual: mujeres que esperaban su turno para hablar con él. Algunas, dijo, necesitaban esos ingresos para sostener a sus familias. Una verdad incómoda que sobrevuela cualquier denuncia en una industria donde elegir no trabajar tiene costo de supermercado.

La otra voz: Georgina Barbarossa

Porque una sola denuncia no hace justicia, y menos en este país donde dos testimonios pesan más que tres tapas de revista. Georgina Barbarossa contó que cuando era joven y estaba pasando necesidades económicas, Porcel la tocó "de una manera espantosa" durante una grabación. Salió llorando hacia su camarín y le contó lo sucedido a Carmen Vallejo. La actriz, figura ineludible de aquellos sets, se plantó como escudo: a partir de ahí, permanecía junto a ella cada vez que tenía que compartir escena con el humorista.

La conductora agregó que, por plata, aceptó volver a trabajar con él tiempo después, y que el hostigamiento siguió incluso durante su embarazo. Una imagen tan precisa como dolorosa: la del humorista que no afloja ni con la panza de la actriz a cuatro meses. Barbarossa también dijo que el episodio que ella recuerda ocurrió en la misma época que el que describió Alfano, lo que vuelve a poner en primer plano el clima que se vivía en algunas grabaciones de entonces.

El hilo conductor

Las dos historias comparten un denominador común: la presencia de alguien que intervino. Alfano tuvo a su padre al teléfono. Barbarossa tuvo a Vallejo en el pasillo. Una red de cuidado informal, tejida a fuerza de olfato y de códigos de época, que en muchos casos fue lo único que se interpuso entre el abuso y la cámara encendida. ¿Qué lugar tiene hoy ese acompañamiento cuando una colega queda expuesta? La respuesta todavía se está escribiendo.

Mi recomendación, sin vueltas: presten atención a estos relatos. No porque vengan de famosas, sino porque cuentan cómo se resolvían las cosas cuando no había un protocolo ni un formulario para denunciar. A veces la solución era un viejo con teléfono y una actriz con temple. Y a veces, nada más.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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