Dolor de rodilla en la madrugada: cuando la almohada entre las piernas deja de ser suficiente
El especialista en medicina deportiva Wesley Baker repasó las causas más frecuentes de las molestias que aparecen al meterse en la cama y explicó por qué el reposo, lejos de aliviar, muchas veces las vuelve más intensas
Eran cerca de las once de la noche y la consulta todavía estaba encendida cuando un paciente de cincuenta y pocos años me contó, casi al pasar, que llevaba semanas sin pegar el ojo. No era por insomnio ni por la cabeza: era la rodilla derecha. Se despertaba a las tres de la mañana con un dolor sordo, constante, como si la articulación le recordara cada paso del día. Antes de escribir esta nota, esa frase me quedó dando vueltas: cuántas veces uno convive con una molestia nocturna pensando que es algo pasajero, hasta que la almohada, el hielo o el ibuprofeno dejan de hacer el truco.
La almohada como aliada, pero no como solución
El médico de familia y especialista en medicina deportiva Wesley Baker, consultado por el tema, fue directo: una almohada puede ayudar, pero no resuelve. Para quien duerme de costado y tiene artrosis, sugirió ubicarla entre las piernas, de modo que la rodilla de arriba no termine colgando ni presionando a la de abajo. Para el que descansa boca arriba, la recomendación fue colocarla debajo de las rodillas, generando una flexión leve que reduce el contacto dentro de una articulación ya desgastada. Son trucos simples, al alcance de la mano, y a veces alcanzan para dormir una noche más. Pero cuando la molestia vuelve a aparecer al rato, o al día siguiente, conviene dejar de improvisar.
Porque, como insistió Baker, el dolor nocturno de rodilla merece una consulta cuando impide dormir, cuando corta el sueño o cuando empieza a alterar las actividades habituales. Las medidas caseras sirven para ganar tiempo mientras se consigue el turno, no para reemplazar al profesional que tiene que mirar la articulación, pedir un estudio si hace falta y decidir un tratamiento. Elegir qué tomar depende, justamente, de saber qué lo está causando.
Frío, calor y geles: cada uno tiene su momento
No es lo mismo una molestia crónica que una lesión de hace dos días. Baker lo resumió con una regla fácil de recordar:
- Calor: suele aliviar más cuando el dolor es crónico y está asociado a la artritis, porque relaja la zona y mejora la circulación superficial.
- Frío: conviene en lesiones recientes por sobreuso o cuando hay hinchazón, porque baja la inflamación y disminuye la sensibilidad del área.
- Geles, cremas y parches antiinflamatorios: son opciones de alivio localizado que se pueden sumar a las anteriores, sin reemplazas las.
Antes de tomar cualquier pastilla, igual, hay que mirar el botiquín. El especialista recordó que el ibuprofeno y el naproxeno son antiinflamatorios que pueden cruzarse mal con anticoagulantes y con otros fármacos de uso frecuente en personas mayores. En esos casos, el paracetamol suele ser una alternativa más manejable, pero la decisión final tiene que pasar por el médico de cabecera, que es quien conoce la historia clínica completa.
Por qué duele más de noche
Hay algo que los pacientes repiten una y otra vez en el consultorio: de día, con la rodilla en movimiento, casi no se acuerdan del problema; de noche, en la cama, el dolor parece agrandarse. Baker lo explicó con una imagen muy concreta. Durante el día, el movimiento mantiene lubricada la articulación. Al acostarse y bajar la actividad, esa lubricación cae y el cuerpo queda más expuesto al dolor acumulado del día. La postura sostenida, además, hace presión sobre zonas que ya venían trabajando mal, y el cerebro, libre de otros estímulos, termina amplificando la señal.
Entre las causas más comunes, el especialista mencionó lesiones por sobreuso, procesos inflamatorios y distintos tipos de artritis. También apuntó a un detalle que muchos runners conocen bien: correr sobre pavimento deja una carga que se siente al terminar la jornada. Para mantener el movimiento sin castigar la articulación, sugirió alternativas de bajo impacto como la natación y el ciclismo, que permiten ejercitarse sin que la rodilla pague el precio al final del día.
“La medida de alivio te ayuda a reducir la incomodidad mientras coordinás la consulta, pero elegir un tratamiento requiere saber qué la provoca”Wesley Baker, especialista en medicina deportiva
Vuelvo al hombre de la consulta, al de la rodilla derecha y las tres de la mañana. Cuando uno lo escucha, lo primero que piensa es que la solución más simple es aguantarse o sumar otra almohada. Pero Baker fue claro: si el dolor ya se metió en la cama con uno y está empezando a decidir a qué hora se duerme y a qué hora se despierta, no es un tema para resolver solo. La almohada puede quedar entre las piernas, eso sí. La consulta, en cambio, no puede seguir esperando.
