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Después de los 30, el hueso también se gasta: cómo cuidarlo para no terminar en una fractura

Una especialista explicó que la masa ósea llega a su pico cerca de los 30 años y que, a partir de ahí, todo suma: ejercicio con carga, alimentación con calcio y vitamina D, y prestar atención a los antecedentes familiares. También detalló cuándo conviene hacer una densitometría y por qué la menopausia, algunas enfermedades y ciertos medicamentos pueden acelerar la pérdida de hueso.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 22 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo vi en el consultorio de la especialista Elaine Dennison, en una de esas charlas donde uno entiende por qué la gente se rompe la cadera con un tropiezo tonto. Una señora se levantó de la silla, trastabilló con la punta de la alfombra y terminó en el piso con una fractura de fémur. La imagen, simple y brutal, es la postal clásica de la osteoporosis: una caída desde la propia altura, un hueso que no aguantó, una internación que cambia la vida. Dennison, que es de las que más saben de hueso en el Reino Unido, lo dice sin vueltas: la osteoporosis casi nunca avisa, se esconde detrás de silencios hasta que aparece la primera fractura, y ahí ya es tarde para arrepentirse de no haberse ocupado antes.

Por qué los huesos empiezan a perder después de los 30

La masa ósea toca su techo alrededor de los 30 años, me explicó Dennison mientras pasaba una radiografía sobre el negatoscopio. A partir de ahí, el tejido sigue renovándose, pero empieza un trabajo de desgaste: el cuerpo descompone hueso viejo y construye hueso nuevo, y cuando la balanza se inclina hacia la pérdida, el esqueleto se va debilitando de a poco. En las mujeres, la menopausia es el punto crítico: la caída de estrógenos acelera ese desequilibrio y la pérdida se vuelve más rápida en pocos años. Algunas enfermedades que dificultan absorber nutrientes, el uso prolongado de corticoides y el tabaquismo también pueden empujar el contador hacia el rojo. Por eso, dice Dennison, conviene mirar la propia historia clínica antes de que el cuerpo pase la factura.

Cuándo consultar y qué pedirle al médico

La especialista insiste en que no hace falta esperar a romperse algo para sentarse a conversar con un profesional. Hay señales que justifican una consulta aunque uno se sienta bien: fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia directa, haber usado corticoides durante meses, fumar, o convivir con una enfermedad que comprometa la absorción de nutrientes. En esos casos, la densitometría DEXA, una placa indolora que mide la densidad del hueso, y herramientas de cálculo de riesgo como el FRAX pueden orientar la decisión clínica. No es un tema menor: una fractura de cadera en un adulto mayor puede significar meses de rehabilitación, pérdida de autonomía y, en el peor de los casos, un desenlace que nadie quiere nombrar.

  • Antecedentes de fracturas de cadera, muñeca o columna en la familia directa.
  • Uso prolongado de corticoides, por vía oral o inyectable.
  • Tabaquismo activo o enfermedades que dificulten la absorción de calcio y vitamina D.
  • Mujeres en perimenopausia o menopausia reciente, especialmente con antecedentes familiares.
  • Personas mayores que ya sufrieron una fractura después de los 50 años, aunque haya sido leve.

Mover el cuerpo con peso: la receta que sí sirve

En el consultorio, Dennison fue clara con el punto que más le importa: para estimular al hueso hay que exigirle carga. Los ejercicios de fuerza, subir y bajar de una plataforma, correr, saltar, todo aquello que le impone trabajo mecánico al esqueleto, le envía la señal de que tiene que mantenerse fuerte. Los músculos también transmiten tensión al hueso y favorecen su adaptación, así que el trabajo de fuerza tiene un doble premio. Eso sí, la especialista aclaró que quienes ya tengan baja densidad en la columna oantecedentes de problemas de espalda necesitan orientación profesional antes de meterse con pesas, porque cargar mal puede ser peor que no cargar nada.

La natación, que tanto bien hace al corazón y a los músculos, no cumple el mismo rol para el hueso: el agua sostiene el cuerpo y reduce la carga sobre el esqueleto, así que el estímulo mecánico que recibe el hueso es mucho menor. No está mal practicarla, al contrario, es excelente para la salud general, pero conviene combinarla con actividades que sí le exijan al esqueleto sostener el propio peso.

La mesa también cuenta: calcio, vitamina D y compañía

En la alimentación, Dennison repasó lo que ya se sabe pero que conviene repetir: leche, yogur, queso y alimentos fortificados aportan calcio, y también algunos vegetales de hojas verdes. La vitamina D, que se consigue con sol moderado y, en muchos casos, con suplementos, es clave para que ese calcio se absorba y se deposite en el hueso. La especialista también mencionó a las vitaminas K y C y al magnesio, siempre dentro de una dieta equilibrada con frutas y verduras, no como pastillas mágicas sino como parte del paisaje cotidiano.

Evitar la caída es la otra mitad del tratamiento

Cuidar el hueso es importante, pero evitar que se rompa lo es tanto como. Dennison lo puso en el mismo nivel: en los adultos mayores, mantener la fuerza muscular, la movilidad y el equilibrio reduce las chances de terminar en el piso después de un tropiezo. Una alfombra, un cable, una escalera sin baranda: las trampas de la casa son tan protagonistas de las fracturas como la osteoporosis misma. Por eso, trabajar el equilibrio y la fuerza de las piernas no es un capricho deportiv o, es una forma concreta de cuidar los huesos sin tomar una sola pastilla.

Salí de la charla con la imagen de aquella señora en el piso todavía dando vueltas. Dennison repitió algo que me quedó resonando: la osteoporosis no aparece de un día para otro, y por eso el cuidado tampoco tiene que esperar a la primera fractura. Después de los 30, cada año cuenta: un plato con lácteos, una caminata que haga trabajar al esqueleto, una consulta a tiempo si hay antecedentes familiares. No es una cruzada heroica, es la rutina de siempre, pero con un hueso más en la lista de lo que hay que mirar.

EP

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