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Cuando la gripe se vuelve una urgencia: las señales que no hay que dejar pasar

El infectólogo Dhatri Kotekal advirtió que la falta de aire, el dolor en el pecho y un empeoramiento repentino tras una mejoría pueden anticipar complicaciones graves como neumonía o sepsis, incluso en personas previamente sanas.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 20 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Lo conozco a Dhatri Kotekal de cruzármelo en los pasillos de los congresos de infectología, siempre con la misma calma para explicar lo que a otros nos cuesta traducir al lenguaje de la calle. Esta vez me tocó escucharlo a través de una entrevista que le concedió a la Clínica de Cleveland, y lo que dijo me quedó dando vueltas varios días, sobre todo porque va de cara al invierno que ya se nos viene encima: la gripe, esa vieja conocida a la que muchos todavía le pierden el respeto, puede complicarse de una manera que nadie espera, y las señales de alerta hay que aprender a leerlas antes de que sea tarde.

Mejorar y empeorar: la trampa más común

Kotekal lo dijo bien claro y yo lo subrayé en mi cuaderno: sentirse mejor durante una gripe y, de un día para el otro, volver a sentirse mal no es una recaída sin importancia, es un motivo para consultar sin demora. Ese cambio puede estar marcando la aparición de una infección secundaria, y la más habitual de todas es la neumonía, que en los casos más severos termina siendo la complicación potencialmente mortal que más se repite en los pacientes. La evolución del cuadro, insistió el especialista, importa tanto como los síntomas del arranque.

Las señales que piden atención médica inmediata

  • Falta de aire o dificultad para respirar.
  • Dolor o sensación de presión en el pecho.
  • Labios o uñas con tono azulado, un signo de que la sangre no está recibiendo suficiente oxígeno.
  • Confusión, desmayo o alteración del estado de conciencia.
  • Vómitos intensos o deshidratación severa que impide retener líquidos.
  • En los más chicos, respiración acelerada y llanto que no se deja consolar.

Marta, una vecina de 52 años que vive a tres cuadras de casa y que arrastra una diabetes controlada, me confesaba el otro día mientras tomábamos mate en la vereda que ella la gripe la pasa siempre en la cama, sin médico, como si fuera un trámite. Cuando le conté lo que dice Kotekal, se quedó callada un momento y me respondió con una frase que me pareció de esas que resumen todo: yo no sabía que uno se podía morir de la gripe. Y la verdad es que tampoco hace falta irse tan lejos para comprobarlo, porque el especialista fue terminante: en personas con enfermedades previas como diabetes, problemas renales, cardíacos, pulmonares u obesidad, el deterioro puede aparecer en apenas 24 o 48 horas, y la consulta temprana deja de ser una opción para transformarse en una necesidad.

Quiénes están en mayor riesgo

El infectólogo fue claro al señalar que los menores de cinco años, los mayores de 65 y las embarazadas cargan con una vulnerabilidad especial, y que las personas con enfermedades crónicas son las que más rápido pueden pasar de un cuadro leve a uno que termine en terapia intensiva. Ahora bien, acá viene la parte que a mí me parece más importante y que muchos lectores van a agradecer que se aclaren: estar sano antes de contagiarse reduce el riesgo, sí, pero no lo elimina. La gripe no pide credencial ni ficha médica antes de complicarse, y por eso la precaución conviene extenderla a toda la familia.

Lo que puede aparecer después del virus

Aunque la mayoría se recupera en una a tres semanas, Kotekal describió un menú de complicaciones que a cualquiera le eriza la piel. La neumonía puede aparecer tanto por el avance del propio virus hacia los pulmones como por una infección bacteriana que se aprovecha del debilitamiento de las defensas. La sepsis, esa reacción descontrolada del sistema inmunitario que termina dañando tejidos y órganos propios, es otra de las pesadillas que el especialista mencionó. La gripe también puede empeorar el asma o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica y provocar insuficiencia respiratoria, y en pacientes con el corazón previamente enfermo un cuadro severo es capaz de alterar el pulso, la presión arterial y hasta desencadenar un infarto o un accidente cerebrovascular.

El cierre que dejó Kotekal me devolvió a Marta y a la charla en la vereda, porque la herramienta más poderosa sigue siendo la misma de siempre: la vacunación anual, recomendada por el especialista tanto para la influenza A como para la B, ya que ninguno de los dos tipos de virus descarta el riesgo de un cuadro grave. Si aparecen complicaciones como sepsis, neumonía o cualquier signo de los que vimos acá, el reloj corre, y la consulta médica a tiempo termina siendo, en buena parte de los casos, la diferencia entre un susto y una tragedia. La gripe, me decía Marta cuando me despedí en la puerta de su casa, no es una simple gripe, y por estas horas me cuesta llevarle la contraria.

EP

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