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Aftas que no se van: las señales de alerta para no dejar pasar una llaga bucal

La mayoría se cura sola en una o dos semanas, pero hay cuatro situaciones puntuales en las que conviene golpear la puerta del consultorio antes de que el problema se complique.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 10 de septiembre de 2026 · hace 48 min

Me pasó la semana pasada, mientras revisaba unos papeles en la cocina, y lo vi con mis propios ojos: mi vecina Silvia, de 53 años, se quejaba con la boca torcida mientras tomaba un mate que apenas podía pasar. Hacía diez días que arrastraba una llaga en la cara interna del labio, cada vez más grande, y seguía esperando que se fuera sola. Cuando le pregunté si había ido al dentista, me miró como si la hubiera increpado. 'Es una afta, se me va a pasar', me dijo, casi enojada. Esa frase, que escuché toda mi vida en distintas bocas, es justo el punto de partida de esta nota: una llaga bucal es casi siempre una molestia menor, pero hay momentos en los que esperar puede ser un error.

Las aftas, conocidas también como llagas bucales, son úlceras dolorosas que aparecen en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua. No son contagiosas y, según el Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos, afectan a cerca de una cuarta parte de la población a lo largo de la vida. En la enorme mayoría de los casos se resuelven solas, sin tratamiento, en una o dos semanas. Para las molestias leves, los geles de venta libre y los enjuagues antisépticos pueden ayudar a sobrellevar el dolor mientras el cuerpo hace su trabajo.

Por qué aparecen y qué las puede empeorar

La clínica Mayo detalla que entre los factores que desencadenan o agravan una afta están las mordeduras accidentales, el cepillado demasiado enérgico, el roce de aparatos de ortodoncia o prótesis mal ajustadas, y los bordes filosos de alguna pieza dental. También pueden irritar la zona los alimentos ácidos, picantes o muy salados, y prolongar así las molestias. Identificar y corregir ese detonante, por ejemplo ajustar un aparato o suavizar la fuerza del cepillo, reduce las chances de una nueva irritación.

Cuatro señales para consultar sin demora

  • La llaga supera las dos semanas sin cicatrizar.
  • Las lesiones reaparecen con frecuencia, una y otra vez.
  • El tamaño de la úlcera es grande o sale una nueva antes de que cierre la anterior.
  • El dolor no se controla, impide comer o beber, o se acompaña de fiebre.

Cuando las aftas se repiten con regularidad, la Clínica Mayo advierte que puede haber detrás niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12. Eso no significa que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que deba lanzarse a tomar suplementos por cuenta propia: es el profesional quien, según la historia clínica y los síntomas, evalúa si corresponde pedir un análisis de sangre. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC insiste, además, en que antes de rotular las lesiones como aftas recurrentes hay que descartar otras causas posibles, y por eso la evaluación suele incluir los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

Volví a lo de Silvia el domingo, con la excusa de devolverle un libro que me había prestado. Me atendió con la misma cara de dolor, pero esta vez con un turno anotado en la heladera para el odontólogo al día siguiente. Me dijo, medio en broma y medio en serio, que después de tantos años haciendo la cuenta de los días y dejando pasar las llagas, esta vez había entendido que el cuerpo a veces avisa dos veces: la primera con la molestia, y la segunda cuando la molestia insiste en no irse. No la culpé. A mí, durante años, también se me había pasado por alto.

EP

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