Yamazaki vuelve al Japón de posguerra con más monstruos y una familia en el medio
El director de Godzilla Minus One regresa con King Ghidorah, un presupuesto de entre 10 y 15 millones de dólares y una historia que sigue a Koichi, Noriko y su hija.
Hay estrenos que llegan con tanto ruido que uno ya no sabe si va a ver una película o a presenciar una pelea de vecinos. Takashi Yamazaki vuelve a ponerse detrás de cámara para seguir la saga que empezó con «Godzilla Minus One», y esta vez le suma a King Ghidorah, el monstruo de tres cabezas, como rival central de Godzilla.
La historia sigue a tres personajes principales: Koichi, Noriko y la hija de ambos. Su vida personal se cruza con la amenaza de los kaijus en un relato ambientado en el Japón de posguerra, el mismo contexto que ya marcó a la primera película (y que, guste o no, es lo que hace que el drama pese).
Un presupuesto ajustado para monstruos de gran tamaño
El presupuesto declarado se ubica entre 10 y 15 millones de dólares. Con esa cifra, Yamazaki armó set pieces de acción que combinan la violencia propia del género, estrategias humanas para responder a los monstruos y una banda sonora que acompaña cada secuencia de destrucción.
Según el material de base, el director tomó referencias del anime japonés y del cine de catástrofes norteamericano para construir planos que quieran distinguirse de las producciones anteriores del género. Es una mezcla que, sobre el papel, suena prometedora.
Lo que hay que mirar con atención
- El nacimiento de King Ghidorah, uno de los momentos más elaborados en efectos visuales.
- La pelea entre Godzilla y King Ghidorah, que concentra la mayor parte del gasto técnico.
- Una secuencia ambientada en Hiroshima, que ancla la narrativa en la historia que ya marcó a la saga.
- La familia de Koichi y Noriko, que sostiene el drama humano entre escena y escena.
La cinta cierra con indicios de que la historia continúa. Yamazaki ya había construido en la primera película un universo con espacio para nuevas entregas, y esta secuela mantiene ese camino abierto, sin que el final resuelva del todo lo que deja planteado.
Queda una duda que el material no termina de despejar y que vale la pena llevar a la butaca: ¿la película se va a sostener en el peso de la historia humana o va a dejar que los monstruos ocupen casi toda la pantalla?
