San Lorenzo, la ciudad donde San Martín ganó su única batalla en tierra rioplatense y todavía se puede almorzar mirando el Paraná
A 325 kilómetros de Buenos Aires, la localidad santafesina combina historia sanmartiniana, patrimonio conventual, una costanera de cielo abierto y una mesa regional que va del pescado de río a la parrillada con cerveza artesanal.
Les cuento cómo amaneció este viernes en San Lorenzo, provincia de Santa Fe: cielo algo nublado, térmica templada, unos 22 grados a la hora en que uno se baja del auto y empieza a caminar hacia el Campo de la Gloria. La brisa del Paraná entra tibia y el parque, plagado de jacarandáes y tipas, invita a sentarse un rato antes de empezar la recorrida. Yo llegué temprano, con el mate todavía lleno y la sensación de que acá, a 325 kilómetros de Buenos Aires, se cruzan varias historias al mismo tiempo: la de San Martín y sus granaderos, la de los frailes que curaron heridos en plena batalla, la del río que sigue bajando ancho y marrón, y la de una ciudad que aprendió a vivir mirando todo eso a la vez.
El Campo de la Gloria y el Complejo Museológico, en una misma mañana
El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, la plaza donde el 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas enviadas desde Montevideo. Hoy es un predio arbolado al que van familias, se vuelan barriletes y se matea bajo la sombra, pero el monumento en bronce inaugurado en 1965 y el pino histórico protegido por una reja de hierro recuerdan que fue ahí, debajo de ese árbol, donde San Martín redactó el parte oficial de su única batalla en suelo rioplatense. Me quedé un buen rato leyendo las placas, porque a veces uno pasa por estos lugares sindimensionar lo que pasó ahí mismo.
Cruzando la avenida Sargento Cabral se llega al Complejo Museológico, que reúne cuatro espacios en un mismo recorrido y se hace cómodo hacer todo a pie. El Convento San Carlos Borromeo conserva las habitaciones donde se alojaron San Martín y su tropa, el comedor que funcionó como enfermería y el sitio donde murió el sargento Cabral, caído en el combate. El Museo Sanmartiniano exhibe cartas personales, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García. El Museo de Historia Regional recorre la megafauna prehistórica, las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias. Y el Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño, una perlita que no esperaba y que me terminó gustando más de lo pensado.
La costanera del Paraná, al atardecer
Después de la recorrida cultural me fui hasta la Costanera de Boulevard Urquiza y Ricchieri, que ofrece dos niveles de pasarela con vista directa al río: cielo, islas y agua en primer plano, sin edificios que tapen nada. Me senté en uno de los bancos a ver pasar las lanchas y, cuando empezó a caer el sol, me arrimé a la plaza Ovidio Lagos, donde se enciende un túnel de veinte chorros de agua que a los chicos los vuelve locos y a los grandes nos deja con esa sonrisa boba de volver a ser chicos un rato.
Dónde comer: del aperitivo a la parrillada, todo a pocas cuadras
- Cervecería Bowie: dorada artesanal sin filtrar, de bajo alcohol, ideal como aperitivo antes de sentarse a la mesa.
- Café y vivero Arboredo Jardinería: opciones dulces y saladas en un salón lleno de plantas, perfecto para una merienda con vista.
- Panadería La Italiana: empanadas de pescado de río, para comer parado y seguir caminando.
- Restaurante Carbón: pescado de río grillado con papas rústicas y limones quemados, y colita de cuadril con papas gratinadas para los que van por la carne.
- Bodegón del Club Libertad: parrillada y las famosas pizzanesas, milanesas sobre base de pan con diferentes guarniciones.
- Viejo Bodegón: locro, pastas caseras y empanadas fritas, la cocina de raíz que uno va a buscar cuando quiere comer como en casa de la abuela.
“Yo le diría al que viaja que reserve toda la mañana para el Campo de la Gloria y el complejo de museos, que se tome algo en la costanera al atardecer y que recién ahí piense en cenar, porque San Lorenzo se disfruta mejor si uno le dedica el día entero, sin apuro y con el Paraná de fondo.”Nahuel Quintriqueo, Turismo de nieve y montaña
