Por qué bajar de peso no es solo una cuestión de fuerza de voluntad: la mirada que la ciencia empieza a imponer
Factores genéticos, emocionales y del entorno condicionan la relación con la comida. Un metaanálisis reciente y la propia OMS coinciden en que los tratamientos que suman apoyo psicológico logran resultados más sostenidos en el tiempo.
Volví del consultorio con la sensación de que la frase más repetida de la tarde fue, una y otra vez, la misma: "no puedo sostener la dieta". La decían señoras de cincuenta y tantos, un señor joven que trabaja en una fábrica, una chica que atiende en un kiosco. Todos con la misma frustración, todos con la certeza íntima de que el problema está en una falla propia. Y sin embargo, lo que muestra la evidencia acumulada en los últimos años apunta en otra dirección: bajar de peso y, sobre todo, mantenerlo abajo en el tiempo es una operación mucho más compleja que decidir comer menos y moverse más, y cuando los planes ignoran esa complejidad, los resultados se caen.
Hambre, descanso, estrés y genética: el cuerpo no es una calculadora
La Organización Mundial de la Salud lo describe con una fórmula que conviene tener presente: la obesidad surge de la interacción entre la susceptibilidad biológica de cada persona y las influencias ambientales y psicosociales que la rodean. Dicho de otro modo, no alcanza con mirar el plato. Influyen el hambre y la saciedad, reguladas en parte por variantes genéticas que actúan sobre los mecanismos cerebrales que las comandan. Influyen el metabolismo, es decir, la forma en que cada organismo usa y almacena la energía que ingiere. E influyen el descanso, el estado de ánimo, el nivel de estrés y hasta el entorno alimentario en el que uno se mueve a diario. Por eso dos personas con planes casi idénticos pueden obtener resultados muy distintos, y por eso la frase "a mí no me funciona" suele esconder una comparación injusta.
Qué dice la ciencia sobre sumar apoyo psicológico
Un metaanálisis que revisó 37 estudios, 21 de los cuales fueron ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La técnica que mostró evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los dieciocho meses fue la terapia de aceptación y compromiso, un enfoque que trabaja sobre la relación de la persona con sus pensamientos y emociones más que sobre la imposición rígida de conductas. La OMS, en la misma línea, recomienda una atención multimodal que integre lo conductual, lo nutricional, lo psicológico y lo médico, adaptada a las necesidades de cada paciente. La Sociedad Europea de Cardiología, por su parte, plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona y desarrollado en el tiempo.
- La obesidad es la interacción entre biología, entorno y emociones, según la OMS.
- Un metaanálisis de 37 estudios encontró mejores resultados al sumar intervenciones psicológicas.
- La terapia de aceptación y compromiso fue la más efectiva en el seguimiento a 18 meses.
- Ciertas variantes genéticas influyen en cómo se regulan el hambre y la saciedad.
- Una respuesta flexible ante un "desliz" favorece más el proceso que una respuesta rígida.
Hay un punto que me parece clave y que aparece una y otra vez cuando uno revisa este tipo de abordajes: qué hace la persona cuando se sale del plan. La respuesta rígida, la de "ya fallé, no tiene sentido seguir", suele terminar en una ingesta desinhibida, en la sensación de haber perdido el control por completo. La respuesta flexible, en cambio, permite registrar lo que pasó, ponerle nombre y seguir adelante sin convertir un traspié en el abandono de todo el proceso. Es, en el fondo, una diferencia entre pensarse en blanco o negro o aceptarse en escalas de gris. Y es, también, la distancia que muchas veces separa un tratamiento que funciona de uno que se cae a los pocos meses.
Salí del consultorio pensando en Hugo, un vecino de 52 años que me cruzó en la escalera y me preguntó, mientras buscaba las llaves, si yo sabía por qué le costaba tanto mantener los kilos abajo a pesar de hacer un esfuerzo enorme. Le dije lo que había leído y lo que había escuchado esa tarde. Le dije que el problema no era él, que el problema era que durante mucho tiempo se le pidió resolver algo complejo con herramientas demasiado simples. Se quedó pensando, asintió despacio y me dijo algo que me parece que resume bastante bien de qué hablamos cuando hablamos de esto: "entonces no era solo cuestión de aguantar". No, Hugo, no era solo cuestión de aguantar.
