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Viernes, 16 de octubre de 2026
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María Laura, la maestra que les cambió la vida a seis hermanos: de un aula a una familia de nueve

Conoció a los chicos cuando eran sus alumnos y terminó armando el árbol genealógico más grande que imaginó. Relato en primera persona, con idas y vueltas, separaciones, un recreo que lo cambió todo y un embarazo que llegó justo cuando la adopción se concretó.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 9 h
María Laura, la maestra que les cambió la vida a seis hermanos: de un aula a una familia de nueve

La vi por primera vez en el SUM de una escuela de Buenos Aires, rodeada de chicos que la llamaban mamá antes de que nadie se animara a formalizar nada. María Laura tiene 41 años, es maestra, y me recibió con la misma calma con la que, según cuentan los vecinos del barrio, ordena todas las mañanas a siete chicos para que lleguen al colegio con el guardapolvo limpio. Yo había ido a buscarla para una nota y terminé escuchándola dos horas seguidas, tomando notas como cuando uno cursa el primer año del secundario y no quiere perderse una sola palabra de la docente que sabe.

Del aula al hogar, de a poco

La historia arranca hace más de cinco años, cuando dos de los seis hermanos que hoy son sus hijos eran alumnos de María Laura. Ella los conocía del grado y, además, colaboraba como voluntaria en el hogar donde vivían institucionalizados desde chicos. La posibilidad de adoptarlos empezó a tomar forma de a poco, casi sin que nadie la empujara: al principio le parecía una locura. Vivía en un departamento chico, con su pareja de toda la vida, y la idea de hacerse cargo de seis pibes a la vez generaba dudas también en él, que en ese momento temía no poder sostener económicamente una responsabilidad así de grande. La pareja se separó por un tiempo y ella, igual, siguió adelante con los trámites sola.

  • Seis hermanos institucionalizados, de 13 a 20 años, que se habían criado juntos como una pequeña tribu dentro del sistema de protección.
  • Una pareja que se separó durante el proceso y que más tarde volvió a juntarse, cuando ya convivían con los chicos.
  • Una referente afectiva que funcionó como puente antes de la adopción plena, y que evitó que los hermanos fueran separados.
  • Una frase de un recreo escolar que cambió el rumbo del expediente.

Cuando le preguntaron si quería adoptar a uno, a los gemelos o a los mellizos, la respuesta fue tajante y la repitió varias veces mientras hablábamos. "Quiero estar con los seis", dijo, y en esa frase está concentrada toda la película. Los varones habían construido entre ellos un bloque muy sólido durante los años adentro del hogar. La más grande, Daiana, hoy de 20 años y estudiante de Abogacía, los había cuidado durante todo ese tiempo, y cederle ese rol a otra persona le llevó un proceso propio que María Laura describe con mucho respeto. "La más grande tenía que cederme el derecho a cuidarlos. Fue un desafío que ella tuvo que afrontar: dejarme el cuidado de los chicos a mí, de a poco", me explicó, y agregó que esa transición fue tan importante como los propios papeles del juzgado.

“Te elegimos para ser nuestra mamá.”Los hermanos, en un recreo escolar

El punto de inflexión, el que la familia repite como si fuera una marca de nacimiento, fue en un recreo. Algunos de los chicos se acercaron mientras los demás jugaban a la pelota y le dijeron, mirándola fijo, esa frase que ella todavía no puede contar sin que se le llenen los ojos. Desde ese día, los trámites se reorientaron hacia la adopción plena y se aceleraron los plazos de convivencia. Yo le pregunté cómo se procesa un momento así y me dijo que fue como si le hubieran puesto en el pecho un diploma que nadie te da pero que te cambia la vida entera.

Una familia de nueve y un bebé sorpresa

Hoy, Daniel y Milo (13), los gemelos, y Maiara y Lionel (16), los mellizos, asisten a una escuela técnica. Zaira, de 18, cursa el último año del secundario. Daiana, de 20, la mayor, ya arrancó la facultad y estudia Abogacía. Y Nahitan, de poco más de un año, es el bebé que nació después de la adopción y que completó una familia de nueve integrantes. La anécdota que María Laura repite con una sonrisa cómplice es la del gemelo que le besó la panza antes de que ella supiera que estaba embarazada y dijo "hola, bebé". Ahí se enteró. "Son el amor de mi vida. Es la familia que siempre esperé, siempre quise una familia grande y hoy la tengo unida", cerró, mientras me mostraba la última foto de NahitanGateando en el patio, rodeado de los seis hermanos grandes que lo cuidan como si fuera de cristal.

EP

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