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Cuando el perro estornuda de alegría: la explicación que desactiva la alarma del dueño

El adiestrador canino Tony Silvestre aclara que ese gesto, lejos de anunciar una enfermedad, suele ser una válvula de escape emocional. Aun así, hay pistas clave para distinguir la euforia de un cuadro que sí merece consulta veterinaria.

Por Emanuel PaillalefSociedad · 15 de septiembre de 2026 · hace 19 h

Lo vi con mis propios ojos una calurosa tarde de enero, sentado en el cordón de la vereda mientras Tomás, un vecino de 53 años que vive a dos cuadras de mi casa en el barrio, dejaba que su labrador negro le comiera la cara a lengüetazos. De repente, el animal empezó con una cadena de estornudos cortos, casi simpáticos, que parecían salir de la nada. Tomás me miró con cara de preocupación y murmuró: 'Otra vez este resfrío que no se le va'. Antes de que sacara el teléfono para llamar al veterinario, le dije que se detuviera un segundo y observara: la cola del perro seguía moviéndose como un péndulo, las orejas estaban blandas, la mirada era limpia. Le pregunté qué estaban haciendo hacía cinco minutos. 'Jugando a la pelota en el patio', me dijo. Ahí estaba la respuesta.

La escena es más común de lo que parece y retrata a la perfección lo que explica el adiestrador canino Tony Silvestre: ese estornudo que tanto asusta a los dueños, en la enorme mayoría de los casos, no tiene nada que ver con un virus, una bacteria ni nada que se le parezca. 'Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo', sostiene el especialista, y la frase resume una idea que cuesta instalar en la cabeza de cualquier persona que convive con un perro y que, ante el primer estornudo, ya se imagina lo peor.

Por qué el cuerpo del perro necesita soltar esa presión

La razón es, en el fondo, bastante simple y tiene que ver con la fisiología del animal. Durante los momentos de alta excitación, como el juego, las caricias o esa ansiedad linda que aparece cuando el perro escucha la correa y entiende que va a salir a pasear, el organismo va acumulando presión en las vías respiratorias. El estornudo es, literalmente, el mecanismo que usa para liberarla y volver a una respiración cómoda. Silvestre lo define con una cuota de humor que desarma cualquier dramatismo: 'Si no estornuda, significa que no te quiere'. La frase puede sonar exagerada, pero apunta directo al núcleo de la cuestión: el estornudo, en esos contextos, es señal de vínculo, no de enfermedad.

Para confirmarlo no hace falta ningún estudio sofisticado. Basta con mirar al perro con atención y leer lo que dice el resto del cuerpo. Una mirada tranquila, la cola moviéndose sin rigidez, las orejas en posición natural y una postura relajada son indicadores de que ese estornudo es pura emoción. Lo mismo aplica si el animal muestra curiosidad durante los paseos, interactúa con calma con otros perros o se recuesta boca arriba exponiendo la panza, un gesto que en el lenguaje canino significa confianza plena. Cuando todas esas señales están presentes, el cuadro general es de bienestar y no hay motivos para encender la alarma.

“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo”Tony Silvestre, adiestrador canino
  • Mirada tranquila y orejas en posición natural, sin rigidez.
  • Cola en movimiento constante, pero suelta, no rígida ni entre las patas.
  • Postura corporal relajada y panza expuesta al echarse, señal de confianza.
  • Curiosidad durante los paseos e interacción tranquila con otros perros.

Cuándo sí hay que llamar al veterinario

Ahora bien, no todos los estornudos entran en esa categoría y conviene tenerlo claro para no pasarla por alto. También puede haber estornudos por causas externas menores, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de que el perro nade o beba apurado, situaciones puntuales que no deberían generar preocupación. El escenario cambia cuando los estornudos se vuelven frecuentes, aparecen sin relación con el juego ni con una emoción evidente y, sobre todo, se combinan con otros síntomas: falta de apetito, decaimiento general, fatiga o una respiración agitada incluso en reposo. Frente a esa combinación, la consulta profesional no es opcional ni debería postergarse, porque puede tratarse de un cuadro respiratorio que requiere atención.

El criterio práctico que propone Silvestre es, en el fondo, de sentido común: si el estornudo surge en un momento de alegría o de actividad y el perro muestra todos los indicadores de bienestar que mencioné antes, no hay por qué asustarse. Si aparece de forma repetida, sin vínculo claro con el juego o la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento o en el apetito, entonces sí conviene consultar al veterinario. La diferencia, como se ve, está en el conjunto de la escena y no en el estornudo aislado.

Vuelvo a Tomás y a su labrador de aquella tarde de enero. Después de la charla, me miró, se rió y me dijo: 'Mirá, ahora que lo pienso, cada vez que estornuda así es cuando vuelve de correr detrás de la pelota'. El perro, mientras tanto, seguía tirado boca arriba en el pasto, con la panza al aire y la lengua afuera, como para confirmar la teoría con su propio cuerpo. Aprender a leer ese lenguaje evita diagnósticos erróneos, ahorra visitas innecesarias al veterinario y, sobre todo, mejora la convivencia diaria con un animal que, aunque no hable, dice muchísimo con cada parte de su cuerpo.

EP

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