Cuando bajar la grasa de más sale caro: lo que el cuerpo empieza a sacrificarte sin que te des cuenta
El tejido adiposo no es solo un reservorio: produce hormonas, protege órganos y hasta regula la respuesta a las infecciones. Reducirlo por debajo de ciertos umbrales puede pasarle factura a los músculos, a los huesos y al sistema hormonal, según especialistas que analizaron a más de setecientos deportistas.
Lo escuché una y otra vez en el consultorio y en el vestuario del club de toda la vida: bajar la grasa corporal a como dé lugar, hasta dejar el abdomen marcado y los brazos cortados a cincel, como si el cuerpo fuera una escultura y no una máquina que necesita combustible. Lo cierto es que, cuando se cruza un umbral que no está escrito en ninguna tabla mágica, el cuerpo empieza a tomar decisiones por su cuenta, y casi nunca son las que uno quisiera. Músculo que se pierde, huesos que se resienten, hormonas que se desajustan: el tejido adiposo, ese que muchos miran con recelo frente al espejo, cumple funciones que recién se notan cuando faltan.
Un número aislado no dice toda la verdad
Un porcentaje de grasa corporal, tomado solo, alcanza para muy poco. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde se acumula esa grasa. Una balanza de bioimpedancia puede arrojar valores distintos según cuán hidratado esté el cuerpo, y los pliegues cutáneos, esos que miden con un calibre de plástico en los gimnasios, no llegan a ver la grasa que envuelve los órganos. La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, pero necesita equipamiento costoso y no siempre está al alcance del vecino de 52 años que quiere saber en qué estado está su cuerpo.
Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, participó de un estudio con más de setecientos deportistas en el que se usaron precisamente equipos DEXA. Los valores más bajos registrados fueron del diez por ciento en hombres y del dieciséis por ciento en mujeres, bastante lejos de aquel uno o dos por ciento que muchos dan por sentado cuando se habla de definición muscular. Ahí nomás empieza a quedar claro que la idea de arrastrarse a un mínimo extremo no solo es rara, sino que ni siquiera aparece en los datos.
Lo que se gana en apariencia se puede perder en salud
- La restricción calórica excesiva lleva al cuerpo a echar mano del músculo para conseguir energía, y eso termina deteriorando la masa que tanto cuesta construir.
- La generación y reparación de tejido óseo se resiente: los huesos dejan de recibir señales para mantenerse firmes y empiezan a perder densidad.
- En los hombres con alimentación insuficiente, la testosterona puede caer junto con la energía y el rendimiento, según explicó Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford.
- En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se asocian a irregularidades menstruales o directamente a la falta de menstruación, una señal de alarma clásica.
- Las pocas reservas de grasa dificultan la respuesta del organismo ante infecciones graves, como si el sistema inmune se quedara sin nafta para pelear.
“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas, porque el cuerpo empieza a recortar funciones para ahorrar recursos.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Detrás de todo esto hay una explicación bastante concreta: además de guardar combustible, el tejido adiposo produce leptina, una hormona que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal se cae porque las reservas están en el piso, el organismo relega funciones que considera menos urgentes para sobrevivir, y ahí aparecen los problemas. Por eso, antes de perseguir un número en la balanza, conviene pensar qué se está sacrificando en el camino.
El otro extremo también pesa, sobre todo cuando la grasa se acumula alrededor de los órganos. Esa grasa visceral favorece la liberación de sustancias que predisponen a problemas metabólicos, cardiovasculares y otras complicaciones. O sea: ni tan poco, ni de más, ni en el lugar equivocado. El cuerpo, como me decía Raúl, un vecino de 47 años que camina todos los días por la plaza del barrio, no se banca que lo traten como si fuera un proyecto estético: necesita reservas, necesita músculo, necesita huesos fuertes. Y a veces, el primer paso para cuidarlo es entender que la grasa no es solo lo que sobra en la panza, sino un tejido que cumple funciones que recién extrañamos cuando ya no está.
