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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cómo evitar que los roedores se metan en casa y qué hacer cuando ya dejaron su huella

Tapar un agujero no alcanza: los especialistas explican qué materiales funcionan, cuáles son los errores domésticos más comunes y por qué limpiar los excrementos sin protección puede ser un riesgo que muchos subestiman.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 21 h
Cómo evitar que los roedores se metan en casa y qué hacer cuando ya dejaron su huella

La imagen se repite más de lo que uno quisiera en cualquier barrio de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores: una mañana de rutina, alguien corre un mueble para barrer detrás, o destapa una rejilla que hacía meses no tocaba, y ahí está. Un excremento oscuro, alargado, seco. La señal inconfundible de que un ratón o una rata pasaron por ahí mientras la casa dormía. A partir de ese descubrimiento empiezan las preguntas del vecino, que en general es bastante parecida a la que cualquiera se haría: ¿qué hago?, ¿llamo a alguien?, ¿me alcanza con una trampita del supermercado? Lo que sigue es la respuesta técnica que un profesional del control de plagas da cuando alguien le pregunta por qué, después de haber hecho todo lo que parecía lógico, los roedores siguen entrando como si la casa fuera de ellos.

El primer error que se comete, y que parece el más obvio, es tapar el agujero. Se ve el orificio en el zócalo, se toma un tubo de espuma de poliuretano, se inyecta, se deja secar, listo. El problema es que la espuma de poliuretano, que es el sellador más usado para este tipo de trabajos, tiene una limitación que mucha gente no conoce: los roedores la pueden roer. Para que el cierre funcione de verdad, el material tiene que combinarse con una barrera física previa, como una malla metálica o lana de acero, antes de aplicar la masilla. Sin esa capa de metal, el trabajo queda a medias, y el animal vuelve a entrar por el mismo lugar como si nada.

Las vías de entrada que suelen quedar fuera del radar

Más allá de los agujeros visibles, hay puntos de ingreso que la mayoría de las veces se ignoran, y que un responsable técnico de una empresa de control de plagas enumera con una precisión que deja pensando. Los burletes deteriorados debajo de las puertas son una vía frecuente, sobre todo en casas antiguas o en departamentos con puertas que ya tienen años de uso. La vegetación muy pegada a la fachada también facilita el acceso, porque funciona como puente entre el exterior y las aberturas más altas. Las cajas de cartón apiladas durante meses en un depósito o en un pasillo ofrecen refugio y material para roer. Y las pequeñas fugas de agua, incluso un goteo que parece menor, atraen a los roedores porque les garantiza bebida. A todo eso se suma un detalle cotidiano: el alimento de perros o gatos que queda al alcance durante la noche es un atractivo enorme. Una vivienda puede verse ordenada y limpia y, sin embargo, tener una infestación si alguno de esos accesos queda abierto.

Por qué los remedios caseros no resuelven el problema

En redes sociales circulan permanentemente supuestas soluciones caseras que, según el especialista consultado, no ofrecen resultados duraderos. La menta y el vinagre, tan mencionados en videos cortos, no repelen de los roedores de forma sostenida: el efecto se pierde rápido o directamente no aparece. Los dispositivos de ultrasonido, que prometen mantener alejados a los animales con ondas, no atraviesan paredes ni muebles, y los roedores pueden acostumbrarse al estímulo sonoro con el paso del tiempo, así que dejan de funcionar. Las trampas de resorte pueden capturar un ejemplar aislado, pero no controlan una infestación, que es justamente el cuadro más común en las casas donde se detectan excrementos en varios lugares. Las trampas adhesivas, en tanto, generan sufrimiento innecesario sin resolver el foco, y dejan a la persona con un problema ético y práctico que no había considerado. Ninguna de esas alternativas reemplaza el paso previo, que es localizar y cerrar los accesos.

El paso a paso para limpiar los restos sin levantar polvo contaminado

  • Ventilar el ambiente durante al menos treinta minutos antes de ingresar al lugar donde se encontraron los excrementos.
  • Colocarse guantes descartables y protección para las vías respiratorias, preferentemente una máscara con filtro adecuado.
  • Humedecer los excrementos y la zona afectada con un desinfectante apropiado, y esperar el tiempo de actuación que indique el producto.
  • Retirar el material con papel absorbente, sin contacto directo con las manos, y descartar todo en una bolsa cerrada.
  • Desinfectar nuevamente la zona y lavarse las manos con agua y jabón al terminar.

Lo que bajo ningún concepto debe hacerse es barrer en seco ni usar aspiradora. Las dos acciones levantan polvo con partículas potencialmente infecciosas que se inhalan sin notarlo, y eso convierte una limpieza doméstica en un riesgo sanitario que mucha gente no había dimensionado. Los roedores pueden transmitir enfermedades a través de la orina, los excrementos y las mordeduras, y además pueden introducir parásitos como pulgas, garrapatas y ácaros. Cuando los rastros se repiten en distintos puntos de la casa, o cuando se sospecha que el foco está en la red de alcantarillado, lo recomendable es dejar de lado las soluciones individuales y recurrir a un servicio profesional de control de plagas, que es lo que en general termina resolviendo el problema de raíz.

EP

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