Cinco pueblos del mundo donde la vida se estira: qué hacen distinto y por qué importa en la Argentina de hoy
Un cardiólogo argentino recorre Loma Linda, Costa Rica, Icaria, Cerdeña y Okinawa para entender por qué allí la gente vive más y mejor. Fe, movimiento cotidiano, comida de la tierra y un propósito diario: claves que están al alcance de la mano.
Imaginate llegar a un pueblo donde los vecinos cruzan la calle a los 95 años como si tuvieran 70. Eso es lo que se repite, con distintos matices, en cinco rincones del planeta que el cardiólogo argentino Jorge Tartaglione se empeñó en recorrer con su propio bolso y su propio paso. Lo que encontró es, a la vez, simple y profundo: la gente vive más porque vive de otra manera. Y la genética, dijo, apenas explica la cuarta parte del asunto.
El dato de arranque es de los que invitan a mirarse al espejo. Quienes hoy tienen entre 55 y 56 años tienen una probabilidad alta de sumar entre 20 y 25 años más sin enfermedad, siempre que elijan ciertos hábitos. Lo dijo Tartaglione con una frase que él mismo se encarga de repetir cada vez que puede: "Definimos nosotros el 75%". O sea, casi todo lo que nos pase de aquí en adelante depende, en buena medida, de decisiones que tomamos cada mañana.
Los cinco lugares y lo que cada uno enseña
En Loma Linda, una comunidad en California donde la mayoría profesa una fe muy activa, la diferencia llega hasta los diez años por encima del promedio. Tartaglione lo atribuye a esa espiritualidad concreta, vivida en grupo, que sostiene en los días difíciles.
En Costa Rica, la rutina se llena de frutas tropicales y de un ritmo que aquí llamaríamos más calmo. El cardiólogo cuenta que muchos superan los 80 años sin grandes alardes, como si el tiempo pasara más despacio.
En Icaria, una isla griega con subidas y bajadas pronunciadas, moverse no es una opción: es el paisaje mismo. Sus habitantes caminan durante el día casi sin darse cuenta, y eso, multiplicado por años, se nota.
En Cerdeña, Italia, la cocina manda. "Lo que sale de la tierra, lo que le da el sol, lo que se pudre", define Tartaglione con una imagen que apunta a lo fresco, lo natural, lo sin envasar. La dieta es casi un espejo de lo que la isla da en cada estación.
Y en Okinawa, Japón, aparece el quinto ingrediente, quizá el más delicado: el propósito diario. "No significa que tenés que hacer algo enorme. Sino tomarte un mate con una amiga, salir a caminar, salir a pasar el perro, pero todos los días se levantan con una visión, se levantan con ganas de hacer algo", describió el profesional. Contó que vio personas de 90 años que se levantan a bailar, cantar o tocar música, como si el día fuera una promesa y no un trámite.
El patrón común: nada mágico, todo cotidiano
Si uno pone los cinco lugares en una misma mesa, el denominador común aparece con claridad: movimiento constante en la vida diaria, alimentación poco procesada, vínculos sociales activos y alguna motivación que organice la jornada. Ninguno de esos hábitos pide recursos extraordinarios ni condiciones de excepción. Están, en rigor, al alcance de cualquiera.
- Moverse a lo largo del día, no solo en el gimnasio: subir, caminar, trasladarse.
- Comer lo más natural posible, cerca de lo que produce la tierra.
- Cuidar los vínculos: mate con una amiga, club, parroquia, club de barrio.
- Darse un propósito diario, por pequeño que parezca, y sostenerlo.
“Definimos nosotros el 75%.”Jorge Tartaglione, cardiólogo
Después de escucharlo, uno vuelve a la imagen del principio: esos vecinos que cruzan la calle a los 95 como si tuvieran 70. No es un misterio, ni un regalo de la naturaleza. Es, sobre todo, una manera de vivir que se construye día a día, y que empieza, siempre, por la decisión más chica: la de hoy.
