Argentina se anota en la carrera por ser la base regional de datos para inteligencia artificial
Inversores miran al país por su energía barata, su suelo estable y su lejanía de zonas de conflicto, pero piden reglas claras antes de mover cientos de millones de dólares.
Llegué hasta la zona de Puerto Madero con la idea de cruzarme con algún ejecutivo de paso, y terminé escuchando la misma frase repetida en tres reuniones distintas: "Argentina tiene todo para ser hub, pero necesita señales". La dijo una ingeniera, la repitió un consultor y la volvió a soltar un desarrollador de proyectos. En el idioma de los negocios, cuando tres actores distintos usan la misma idea en un mismo día, hay que prestar atención, porque suele pasar que la ventana se abre y se cierra en cuestión de meses, y quien no entró a tiempo se queda mirando desde afuera cómo la oportunidad se mudó de país.
El tema que puso a todos a hablar de lo mismo es la posibilidad de que la Argentina termine convertida en uno de los grandes polos de centros de datos de la región, esos edificios enormes llenos de servidores que son, en la práctica, el corazón donde late la inteligencia artificial que ya usamos todos los días, desde el celular hasta los autos y los bancos. Hoy, los proyectos grandes se concentran sobre todo en Estados Unidos, en algunos países de Europa y en el norte de Brasil, pero la conversación empezó a correrse hacia el sur, y la Argentina aparece cada vez más seguido en los radares de quienes mueven capitales de verdad.
Por qué la Argentina está en el mapa
- Energía barata: en Vaca Muerta el megavatio ronda los 50 dólares, contra 100 dólares en buena parte del mundo, lo que en un año puede marcar una diferencia de 500 millones de dólares para un centro de datos grande.
- Suelo firme y lejos de guerras: el país está lejos de zonas de conflicto bélico y tiene baja densidad de población, dos datos que los inversores miran cada vez con más atención.
- Terreno disponible: hay extensiones grandes para construir, y los permisos de obra suelen ser más ágiles que en plazas saturadas.
- Clima adecuado: el clima permite manejar mejor la temperatura de los servidores, que generan un calor enorme.
- Capitales humanos: hay técnicos y profesionales formados en el sector, varios con experiencia en proyectos de primera línea.
Noelia Miranda, directiva de Schneider Electric para la Argentina, Paraguay y Uruguay, lo resumió con una frase que quedó dando vueltas en el salón: "Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos". Miranda reconoció que la Argentina "quedó bastante rezagada en el mercado de los centros de datos", pero sostuvo que hoy existe "la posibilidad de posicionarse como uno de los hubs más importantes del mundo". Y cuando se le pidió que detallara las razones, no dudó: "Disponibilidad de terrenos, clima y la distancia de zonas de conflicto bélico". Son tres puntos que en cualquier presentación de inversión pesan mucho más de lo que parece, sobre todo cuando se está hablando de proyectos que pueden costar hasta mil millones de dólares y tardar varios años en estar operativos.
Porque, claro, no todo es soplar y hacer botellas. Detrás de cada anuncio hay una pregunta que los inversores hacen una y otra vez, y que en estas semanas se escuchó en cada reunión: ¿hay estabilidad suficiente como para meter mil millones de dólares y esperar diez años a que rindan? La propia Miranda lo planteó sin rodeos: la misma inestabilidad que en el pasado alejó proyectos es la que, si se revierte, puede volver al país competitivo de verdad. Es, en otras palabras, la gran deuda pendiente.
“Nuestro país es tierra fértil para seguir creciendo en el terreno de los centros de datos.”Noelia Miranda, directiva de Schneider Electric para la Argentina, Paraguay y Uruguay
En lo técnico, el escenario que se viene es exigente. Julián Martín Gurgone, arquitecto de centros de datos de Schneider Electric, repasó los números que maneja la industria: entre 2025 y 2030, el 60% de los nuevos despliegues van a estar pensados para inteligencia artificial, y el 75% de esas cargas de trabajo van a necesitar lo que se llama refrigeración líquida, es decir, sistemas que enfrían los servidores con un líquido especial en lugar de aire, una tecnología que obliga a planificar la infraestructura con varios años de anticipación y que ya está definiendo cómo se diseñan los edificios que vienen.
Gerardo Manhard, director de consultoría en energía e infraestructura de Dreicon, fue el encargado de poner los números sobre la mesa energética. Comparó el precio del megavatio en Vaca Muerta, unos 50 dólares, con los valores internacionales, que en muchos casos duplican esa cifra. "Estamos hablando de 500 millones de dólares de diferencia en el año, poniendo un centro de datos", explicó, y la cifra sonó fuerte incluso para los que ya están curtidos de escuchar redondeos.
Y mientras se charla, los proyectos avanzan. Jorge Vilariño, representante en la Argentina de la empresa polaca Green Capital, contó que la baja densidad poblacional facilita los permisos de construcción y confirmó que la firma anunció un megacentro de datos en Chubut dedicado exclusivamente a inteligencia artificial. Es, hasta ahora, la apuesta más concreta que mostró un jugador internacional en el país, y un indicio de que las conversaciones empiezan a pasar del dicho al hecho.
Me fui de la jornada con la misma sensación con la que entré, solo que un poco más afinada. Argentina tiene, en los papeles, lo que muchos países están buscando: energía competitiva, tierra, distancia de zonas calientes del mapa, y gente capaz. Lo que le falta, y aquí está la clave de todo, es esa señal de estabilidad jurídica y económica que los capitales grandes piden antes de cruzar la frontera. Si esa señal llega a tiempo, el país puede pasar de ser una promesa repetida a ser un hub regional de datos de los que mueven la inteligencia artificial del mundo. Si no llega, otros países de la región están listos para levantarla. Y esa es, en definitiva, la carrera que se viene.
