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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Vergüenza, angustia y pantallas: cuando la inteligencia artificial golpea en el patio del colegio

Cuatro alumnos de una escuela secundaria de Lomas de Zamora son investigados por fabricar y difundir imágenes sexuales falsas de sus propias compañeras usando herramientas de IA. Las adolescentes afectadas relataron asco, miedo y una sensación de vulnerabilidad que no se apaga con saber que las fotos no son reales. La causa reabre el debate sobre el daño psicológico del porno falso entre menores.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 6 d
Vergüenza, angustia y pantallas: cuando la inteligencia artificial golpea en el patio del colegio

Yo llegué al barrio cuando todavía quedaban las cintas de plástico rodeando la vereda del colegio y un grupo de chicas que se juntaban en la esquina, con los celulares en la mano y la mirada en cualquier lado menos en la mía. Eran las alumnas de la escuela secundaria de Lomas de Zamora que durante semanas habían visto sus caras convertidas, sin consentimiento, en imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial. Algunas todavía no entendían bien cómo había pasado; otras ya habían entendido demasiado.

Aunque sé que es falso, me da vergüenza, me dijo una de ellas, con la voz baja, mientras su madre la esperaba unos metros más allá. La frase parece contradictoria, y sin embargo es el corazón del caso: saber que la imagen fue manipulada no alcanza para desactivar la humillación, el enojo ni el miedo a que ese material haya llegado a cualquier parte del mundo, como reconoció otra de las jóvenes afectadas.

Una causa judicial que se mete en el aula

La investigación cayó en el escritorio de la Justicia de Lomas de Zamora y se tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, la figura conocida como MASI. Son cuatro los menores investigados, alumnos del mismo establecimiento. En las últimas semanas se realizaron allanamientos en los domicilios de los sospechosos y se secuestraron teléfonos y dispositivos, en una causa que incluye además pericias informáticas para rastrear cómo se fabricaron las imágenes y por dónde circularon.

Según reconstruyeron los investigadores, el mecanismo fue más simple y más invasivo de lo que muchos imaginan: los adolescentes habrían tomado fotografías de los perfiles públicos en redes sociales de sus propias compañeras y, con herramientas de inteligencia artificial de acceso libre, las habrían transformado en escenas de contenido sexual explícito. Después, esas imágenes se habrían distribuido en grupos digitales y, con indicios firmes, también a través de aplicaciones de mensajería, una ruta que vuelve casi imposible controlar el alcance final.

Lo que sintieron las chicas: asco, miedo y una respuesta institucional que llegó tarde

Cuando les pregunto qué sintieron, las respuestas se parecen entre sí y se parecen a las que dan otras víctimas de acoso en otros países. Vergüenza. Asco. Miedo. Una sensación persistente de vulnerabilidad que no se apaga con entender que la foto original no muestra nada de lo que parece. Una de las adolescentes contó que tardó varios días en contarles a sus padres, justamente porque no quería que la vieran así, aunque supiera que se trataba de una fabricación. Otra, en diálogo con los medios, resumió la preocupación que más le pesa: creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.

Las víctimas concurrieron al colegio apenas descubrieron lo que estaba pasando, pero la respuesta institucional les resultó tardía e insuficiente, según relataron. Recién después, cuando el caso tomó estado público, la dirección organizó jornadas de diálogo dentro del aula, los cuatro menores investigados pasaron a la modalidad virtual y la Justicia ordenó el cese del hostigamiento y pidió medidas para impedir el contacto entre las partes.

El patio se llena de ruido y aparecen más casos

La bronca acumulada se tradujo en una protesta que ellas mismas organizaron frente al establecimiento, con estudiantes de distintos cursos y familias que se acercaron a dar su apoyo. Los videos de la manifestación se viralizaron en redes y, como suele pasar en estos casos, abrieron la puerta a decenas de testimonios de jóvenes de otros colegios que reconocieron haber atravesado situaciones parecidas. La pediatra y consultora en adolescencias Elsa Rodríguez, que no intervino en esta causa pero trabaja a diario con pacientes en la provincia de Buenos Aires, suele resumirlo así: muchos chicos y chicas ya no distinguen la frontera entre lo íntimo y lo público, y eso los deja sin herramientas cuando algo se les va de las manos.

  • Herramientas de IA gratuitas: cualquiera con un teléfono y una foto pública puede producir imágenes alteradas en minutos, sin conocimientos técnicos.
  • Perfiles abiertos en redes: las víctimas suelen ser, paradójicamente, las que más comparten su vida en línea, porque confían en su entorno.
  • Grupos cerrados de mensajería: una vez que la imagen entra, el control sobre su circulación se pierde para siempre.
  • Daño psicológico acreditado: la literatura médica describe cuadros de ansiedad, insomnio, aislamiento social y miedo a ser revictimizada aun cuando la víctima sabe que el material es falso.
  • Marco legal todavía en construcción: el país debate cómo tipificar la producción y distribución de imágenes íntimas no consensuadas, un fenómeno que crece más rápido que la ley.

Antes de irme del barrio me quedé mirando otra vez a las chicas de la esquina. Una de ellas, a la que le calculé unos dieciséis años, se reía bajito de algo que le decía una amiga, pero tenía los ojos rojos. La madre de la que me había hablado se acercó a despedirse y, antes de doblar la esquina, me dijo lo que tantas otras madres dicen cuando esto pasa: no me la van a devolver entera. Tiene razón. Por eso, más allá del expediente judicial y de las pericias informáticas, lo que queda claro es que la inteligencia artificial no inventó el hostigamiento entre adolescentes, pero le dio una herramienta nueva y mucho más cruel para herir. Y hasta que las familias, las escuelas y el sistema judicial no entiendan eso, las chicas de esta cuadra, y las de cualquier otra, van a seguir teniendo miedo de abrir una red social.

EP

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