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Una escapada con vino y viñedos a una hora de Buenos Aires: dos paradas para armar el día en Campana

Sobre la Ruta 9 y en Los Cardales, Finca Gamboa y Estancia Vigil proponen recorridos por las vides, degustaciones y mesas con vista. Cómo llegar, qué ofrece cada una y por qué pueden ser el plan perfecto para una salida corta desde la Ciudad.

Por Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña · 27 de septiembre de 2026 · hace 59 min

Les cuento de entrada cómo está el día en la zona norte del Gran Buenos Aires, porque la jornada pinta ideal para meterse entre viñedos: cielo algo nublado, brisa suave desde el río y una temperatura que ronda los 22 grados, de esas que invitan a caminar por las vides sin pasar calor ni andar con camperón. La verdad es que, viviendo a menos de una hora de la Capital, uno se acostumbra a pensar que el vino es cosa de Cuyo o de la Patagonia, y se olvida de que en la provincia de Buenos Aires hay proyectos bodegueros que vale la pena conocer. En esta nota me propuse recorrer dos propuestas que crecen en Campana y que, por lo que vi y escuché en el lugar, se complementan muy bien para armar una salida completa: una mañana de bodega y viñedos en Finca Gamboa, sobre la Ruta 9, y una tarde de gastronomía y paisaje en Estancia Vigil, ya en Los Cardales. Les paso, como siempre, lo que fui encontrando en el camino.

Finca Gamboa: bodega con vista y restaurante entre las vides

La primera parada queda a la altura del kilómetro 65 de la Panamericana, sobre la Ruta 9, ahí nomás, con un acceso cómodo y señalizado. Finca Gamboa es el proyecto que impulsó Eduardo Tuite, uniendo en un mismo lugar viñedos propios y uvas que llegan de otras zonas, algo que me comentó Gustavo, uno de los pisteros que me recibió en la puerta y que conoce cada rincón de la finca. La bodega trabaja con un sistema de elaboración por gravedad y tiene capacidad para más de 25.000 litros, una cifra que impresiona cuando uno baja a la cava subterránea y ve esas paredes de piedra y los tanques alineados. La cava bajo tierra, una glorieta ubicada entre las plantaciones y un espacio dedicado al vino de 350 metros cuadrados completan el recorrido, que se puede hacer con guía y termina, claro, en alguna degustación.

El entorno hace el resto. El terreno tiene desniveles que le dan movimiento al paisaje, y queda cerca de la Reserva Natural Otamendi y del Parque Nacional Ciervo de los Pantanos. Álamos, lagunas y vegetación nativa arman una postal muy particular para estar a pocos minutos del AMBA. Si el día acompaña, la propuesta al aire libre es de las más lindas: caminatas por las vides, picnics entre las filas de parrales y, en temporada, la experiencia de la vendimia, con la recolección nocturna de uvas incluida. Para los más curiosos, la finca ofrece cursos de viticultura, algo así como una clase intensiva para entender de verdad qué pasa entre la planta y la botella.

  • Recorrido guiado por la bodega con bajada a la cava subterránea.
  • Almuerzo en Casa Gamboa con el Menú Terruño, una secuencia de platos maridados con vinos de la casa.
  • Caminatas y picnics entre las vides, según el clima del día.
  • Degustaciones y visitas con guía, en distintos horarios.
  • Cursos de viticultura y experiencias de temporada, como la vendimia.

Estancia Vigil: gastronomía y enoturismo con ADN mendocino

La segunda propuesta se mueve unos kilómetros hacia el oeste, ya en Los Cardales, siempre dentro del partido de Campana. Estancia Vigil es el espacio que creó el enólogo Alejandro Vigil para traer a Buenos Aires el concepto que ya tiene en Mendoza con Casa Vigil, en Chachingo. La idea, me la resumió María, una de las guías del complejo mientras caminábamos por los senderos, esar esa lógica de maridar paisaje, vino y cocina, pero adaptada al ritmo de salida corta que busca la gente que vive en la Ciudad. Las construcciones de piedra, inspiradas en antiguas viviendas de inmigrantes europeos, le dan al lugar una estética que sorprende para estar tan cerca de la Capital; los canales de agua, los álamos y los viñedos jóvenes completan un entorno pensado para caminar tranquilo y sentarse a comer sin apuro.

La pata gastronómica es el corazón de la propuesta: menús por pasos, una carta de vinos cuidada y la posibilidad de hacer degustaciones en un ambiente que combina lo campestre con detalles contemporáneos. Es, en definitiva, el cierre ideal para una jornada que arrancó entre tanques y barricas en Finca Gamboa. Por ubicación y por espíritu, las dos propuestas se complementan: una más didáctica y viñatera, la otra más relajada y enfocada en la mesa. Y las dos están a menos de una hora y media de la Ciudad, lo que las convierte en una escapada perfecta para un día, o para un finde corto si a uno le pinta pernoctar en la zona.

Consejo práctico para el que viaja: salgan temprano desde Buenos Aires, reserven con anticipación tanto la visita a la bodega como el almuerzo en cualquiera de los dos lugares, y tengan en cuenta que en la Ruta 9 el tránsito puede ser denso a la mañana; conviene arrancar después de las 9.30 para esquivar el grueso del ingreso a la Capital. Lleven calzado cómodo, porque tanto en Finca Gamboa como en Estancia Vigil hay caminatas por terreno irregular. Y si van en pareja o con amigos, sumen al plan la cava subterránea y la experiencia de vendimia si están en temporada: son esos detalles los que, a la vuelta, uno termina contando.

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Nahuel QuintriqueoTurismo de nieve y montaña

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