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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una bicicleta, un candado y una multa de casi 4 millones que la Justicia le terminó confirmando al supermercado de Neuquén

Un cliente dejó su bici asegurada en la playa de estacionamiento, entró a hacer las compras y al salir no encontró nada. La Dirección Provincial de Protección al Consumidor imputó al comercio, que apeló hasta la última instancia y terminó perdiendo: la sanción quedó firme.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 1 d
Una bicicleta, un candado y una multa de casi 4 millones que la Justicia le terminó confirmando al supermercado de Neuquén

La historia arranca en una playa de estacionamiento de un supermercado de Neuquén capital, ese rectángulo de cemento que uno cruza casi sin mirar cuando va cargado de bolsas. Un cliente se bajó de su bicicleta, le puso candado como hacía siempre y entró al local a hacer las compras. Cuando volvió, el rodado ya no estaba. Me lo imagino parado en el mismo lugar donde la había dejado, mirando el hierro del soporte vacío y entendiendo, de golpe, que ningún candado del mundo alcanza si el lugar no está cuidado.

El hombre hizo el reclamo en la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, que terminó imputando al comercio por fallas de seguridad en sus propias instalaciones. El organismo le aplicó una multa equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, un número que en plata de hoy ronda los 4 millones de pesos, bastante por encima de lo que costaría reponer la bicicleta.

El supermercado apostó a la Justicia y perdió

El comercio ejerció su defensa en sede administrativa y, cuando no le dieron la razón, llevó el caso a la Justicia. La respuesta del tribunal fue la misma que había dado el organismo provincial: la multa quedó firme. Para el damnificado, en paralelo, sigue abierto un expediente civil donde puede reclamar el resarcimiento económico directo, y el sumario administrativo funciona como prueba preconstituida en ese proceso.

Por qué se hizo responsable al comercio y no al cliente

  • Porque el supermercado habilitó la playa de estacionamiento como un servicio para sus clientes y eso lo convierte en garante de la seguridad en ese espacio.
  • Porque el usuario había tomado los recaudos esperables: dejó la bici en el lugar destinado a ese fin y la aseguró con candado.
  • Porque los carteles que suelen exhibir los comercios diciendo que no se hacen cargo de los hurtos no tienen valor legal y pueden inducir a confusión, con riesgo de una multa extra.
  • Porque la línea que traza el organismo es clara: lo que el cliente lleva consigo dentro del local, como el celular o la cartera, queda bajo su propia custodia; lo que deja en el estacionamiento habilitado corre por cuenta del establecimiento.

Mientras escribo esto pienso en Roberto, un vecino de 52 años que conozco del barrio y que una vez me contó algo parecido con el auto: entró a un local, le rompieron un vidrio y se llevaron una mochila del asiento. En la administración del comercio le dijeron, textual, que ellos no se responsabilizaban por lo que pasara en la playa. Roberto se fue masticando bronca, sin saber que esa cartelería, según lo que acaba de confirmar la Justicia neuquina, no vale ni el papel donde está impresa.

Aquel cliente de Neuquén hizo lo que cualquiera hubiera hecho: candado, denuncia, reclamo. Lo que quizá no esperaba es que su caso iba a terminar con una multa confirmada en sede judicial que le recuerda al comercio que la seguridad en la playa de estacionamiento no es un favor, sino una obligación. La bicicleta, claro, sigue sin aparecer.

EP

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