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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Una alimentación de corte nórdico podría sumar años a la mesa de los argentinos, según un estudio sueco

Un relevamiento sobre más de 64.000 adultos en Suecia asoció ese patrón, rico en vegetales, legumbres y pescado, con una mortalidad algo menor. Especialistas consultados piden cautela: los números son modestos y los resultados no zanjan el debate.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 7 d
Una alimentación de corte nórdico podría sumar años a la mesa de los argentinos, según un estudio sueco

Amaneció frío y húmedo en el barrio, y mientras caminaba por la vereda me crucé con Marta, 58 años, que volvía del mercado con dos bolsas de papel repletas de acelga, zapallo y un paquete de lentejas. Me dijo, casi sin saludar, que el médico le había pedido sumar más verduras y dejar la carne roja para los fines de semana. No lo sabía todavía, pero la indicación de su clínico se parece bastante a la de un estudio que acaba de difundirse desde Escandinavia y que vuelve a poner sobre la mesa un patrón alimentario conocido como dieta nórdica, una propuesta que no exige trasladarse a Estocolmo ni cocinar con ingredientes imposibles de conseguir en cualquier ciudad del país.

La investigación, encabezada por equipos de las universidades de Aarhus, en Dinamarca, y Upsala, en Suecia, siguió durante más de dos décadas a 64.406 adultos suecos de mediana y avanzada edad, relevados entre 1997 y 2019. El trabajo comparó qué habría pasado si los participantes hubieran adherido con distinta intensidad a la llamada dieta nórdica saludable, un menú que prioriza vegetales, legumbres, cereales integrales, frutas, frutos secos, pescado y grasas insaturadas, y limita carnes procesadas, ultraprocesados, azúcares añadidos y fuentes saturadas como la manteca o la bollería industrial.

Qué dice, concretamente, el análisis

Para evaluar el impacto, los investigadores construyeron tres escenarios hipotéticos y los compararon mediante modelos estadísticos. El primer escenario planteó una adhesión estricta al patrón nórdico saludable; el segundo tomó como referencia las Recomendaciones Nórdicas de Nutrición de 2023; y el tercero representó la continuidad de los hábitos existentes, sin intervención alimentaria específica. En ese marco, sostener la pauta nórdica estricta se asoció con un riesgo estimado de muerte por cualquier causa un 4 por ciento menor que el previsto bajo las recomendaciones nórdicas actuales, y un 6 por ciento menor que en ausencia de una intervención concreta.

Los autores y diversos lectores críticos del trabajo coinciden en que esas cifras son estadísticamente modestas y deben leerse con cuidado. El estudio no asignó al azar a los participantes a distintas dietas, como ocurre en un ensayo clínico controlado, sino que se apoyó en información ya registrada y en supuestos que pueden dejar fuera factores relevantes. En otras palabras, se trata de una asociación, no de una prueba de que la dieta prolongue la vida por sí misma. Además, el objetivo principal del trabajo era analizar complicaciones hepáticas graves, y en ese punto no se observaron diferencias claras entre los escenarios.

Qué se entiende por dieta nórdica y cómo llevarla a la mesa

  • Vegetales y frutas de estación, con protagonismo de coles, zanahorias, remolachas, manzanas, peras y bayas, que en el hemisferio sur pueden reemplazarse por zapallo, batata, acelga, espinaca, manzana, pera, ciruela y frutos rojos locales.
  • Cereales integrales, sobre todo avena, centeno, arroz integral o panes y harinas de trigo integral, en lugar de versiones refinadas.
  • Legumbres como lentejas, garbanzos, porotos y arvejas, presentes en el plato principal al menos varias veces por semana.
  • Pescado, preferentemente graso y de captura o producción local, dos a tres veces por semana si el presupuesto lo permite.
  • Grasas insaturadas: aceite de canola, de oliva o de girasol alto oleico, junto con frutos secos como nueces, almendras o maníes.
  • Reducción de carnes procesadas, fiambres, embutidos, productos ultraprocesados, bebidas azucaradas, manteca y bollería industrial.

La idea central es sencilla y, para muchos hogares argentinos, bastante familiar: correr el eje de la comida desde la carne hacia los vegetales, sumar fibra y pescado, y aceitar los platos con aceites vegetales en lugar de grasa animal. No hace falta importar centeno ni arándanos del Báltico: la avena, las lentejas, la calabaza, la manzana de temporada y el aceite de oliva o de girasol permiten reconstruir la lógica del patrón sin dejar de lado los sabores locales.

Cuando volví a casa y le conté a Marta, mientras descargábamos las bolsas, me miró con media sonrisa y dijo que ya estaba haciendo, sin saberlo, una especie de dieta nórdica del conurbano: guiso de lentejas con zapallo, ensalada de hojas verdes, pollo a la parrilla y pescado los viernes. Me pareció una buena forma de cerrar la mañana y, también, de recordarle a cualquiera que leer estos trabajos con prudencia no significa despreciarlos: si comer más vegetales, legumbres y pescado puede sumar algunos años a la expectativa de vida, ese es un dato que cabe en cualquier cocina, escandinava o bien de estas latitudes.

EP

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