Un robot con inteligencia artificial retiró apenas la mitad del plástico en pruebas de pileta: la promesa y los números
El canadiense Moroti Adegboyega, de 17 años, presentó su creación Ecoferroquatics en el Stockholm Junior Water Prize 2026. El ensayo dejó un 51,85 por ciento de residuos recuperados y una deuda pendiente: el equipo todavía no está listo para ríos ni lagos.
En septiembre de 2025, un estudiante canadiense de apenas 17 años salió al mundo con una promesa fuerte: un robot con inteligencia artificial capaz de recorrer cursos de agua y retirar el plástico que contamina ríos y lagos. Doce meses después, los números de la prueba piloto son los que son. Y conviene mirarlos de cerca antes de celebrar.
El invento se llama Ecoferroquatics y su creador, Moroti Adegboyega, lo sometió a nueve ensayos en una piscina con plásticos de distinto tamaño y tipo. El resultado promedio: retiró el 51,85 por ciento de los residuos, con una tasa de 1,73 piezas recolectadas por minuto. El trabajo le valió el Stockholm Junior Water Prize 2026, el premio internacional más importante para proyectos juveniles sobre el recurso hídrico.
¿Qué hizo exactamente el robot?
La máquina identifica los plásticos que flotan en la superficie, calcula dónde están y se dirige hacia ellos. La detección y el guiado los maneja un sistema de inteligencia artificial conectado a microcontroladores, los circuitos que ordenan el desplazamiento del equipo. Cuando llega al objetivo, el recogido queda en manos de un compuesto magnético y de los imanes del propio robot.
“La recolección selectiva apunta a reducir la captura involuntaria de plantas y animales que puede ocurrir con redes y otros mecanismos de arrastre.”Informe técnico de Ecoferroquatics
¿Qué es el ferrofluido y por qué importa?
- Aceite vegetal: sirve de base y facilita el contacto con los desechos.
- Magnetita: aporta la respuesta al campo magnético, la propiedad que permite mover el compuesto.
- Ácido oleico: mantiene las partículas separadas y estables dentro de la mezcla.
Ese líquido, conocido como ferrofluido, recubre una parte del robot y puede adherirse al plástico. Una vez pegado al residuo, los imanes del equipo lo retiran del agua. En los ensayos con microplásticos, el prototipo superó al tamiz convencional: las partículas diminutas se cuelan entre las aberturas de una malla, pero el compuesto magnético consigue fijarse a ellas.
¿Por qué todavía no se puede usar en un río?
Porque las pruebas se hicieron en un entorno controlado. La propia presentación al premio reconoce que el equipo todavía necesita modificaciones antes de trabajar en ríos o lagos, donde el funcionamiento aún requiere mejoras. Adegboyega construyó la plataforma móvil después de conocer una experiencia que separaba residuos con una mezcla de agua y ferrofluido, y concluyó que ese procedimiento resultaba difícil de trasladar a un curso de agua real.
La promesa de hace un año era ambiciosa y los datos de hoy la dejan a mitad de camino. Cuarenta y ocho por ciento del plástico sigue en el agua, la deuda con los ambientes naturales sigue abierta y el expediente técnico, por ahora, vuelve al laboratorio.
