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Un modelo de ahorro colectivo inspirado en Bolivia suma candados legales para acceder a una propiedad en ciclos de diez meses

La desarrolladora Spazios adaptó el pasanaku y ofrece esquemas con escritura con deuda, condominio con usufructo o fideicomiso para mitigar el riesgo de incumplimiento entre los participantes.

Por Lucía FerreroFruticultura y economía regional · 7 de septiembre de 2026 · hace 50 min

Un sistema de compra colectiva de vivienda, inspirado en una práctica tradicional de Bolivia conocida como pasanaku, comenzó a difundirse en el mercado inmobiliario local bajo la denominación Tapiolaku. La propuesta fue adaptada por Juan Manuel Tapiola, CEO de la desarrolladora Spazios, y apunta a que diez personas puedan acceder de manera escalonada a una propiedad aportando alrededor de 500 dólares por mes cada una, en ciclos de diez meses, con el objetivo de sumar 50.000 dólares por ronda.

Cómo funciona el ciclo de ahorro

El esquema se organiza en grupos de diez integrantes que destinan en conjunto unos 5.000 dólares mensuales. Al cierre de cada período de diez meses se concreta la adquisición de un departamento de 50.000 dólares, cuya adjudicación se define por sorteo. Quien resulte beneficiario continúa con sus aportes hasta que la operación quede saldada, y la dinámica se repite hasta completar diez rondas, es decir, unos cien meses u ocho años y cuatro meses. Como explicó Tapiola, al término de ese recorrido todos los integrantes cuentan con una propiedad valuada en 50.000 dólares, siempre que se respeten las condiciones pactadas.

Tres niveles de protección legal

  • Escritura con deuda explícita: la operación reconoce que el adjudicatario mantiene un saldo a favor del resto del grupo equivalente a las cuotas pendientes.
  • Condominio con usufructo: los diez integrantes figuran como copropietarios y le otorgan al beneficiario el derecho de uso y goce de la vivienda, sin pago de alquiler, hasta la finalización del proceso.
  • Fideicomiso: un fiduciario conserva la titularidad del inmueble durante todo el recorrido y recién transfiere la escritura a nombre del adjudicatario cuando se cumplen la totalidad de las condiciones pactadas.

Estos instrumentos fueron diseñados para atender el riesgo más sensible del esquema: que un participante deje de cumplir con sus aportes después de haber recibido el departamento, cuando todavía queda por cancelar una parte significativa del valor. La elección entre uno u otro nivel depende del grado de confianza entre los miembros del grupo y del apetito por estructuras jurídicas más complejas, en un esquema que, según sus impulsores, busca replicar en el mercado formal prácticas asociativas de larga data en otras regiones.

La propuesta también contempla la posible variación del precio de las propiedades a lo largo de los diez ciclos, de modo que quienes reciban el departamento en las últimas rondas no queden en desventaja respecto de quienes fueron adjudicados en las primeras instancias. Para eso se prevén ajustes periódicos en las cuotas, aunque la letra chica de esos mecanismos queda atada a la evolución del mercado inmobiliario durante los casi ocho años y medio que dura el proceso completo.

LF
Lucía FerreroFruticultura y economía regional

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