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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Quedarse cuando todos se van: la terquedad inservible de un burgués en plena revolución

Tomás Gutiérrez Alea construyó en "Memorias del subdesarrollo" un retrato incómodo: el de un escritor que permanece en Cuba por aburrimiento, no por convicciones, mientras el país cambia bajo sus pies y los noticieros de fondo.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · · hace 12 d
Quedarse cuando todos se van: la terquedad inservible de un burgués en plena revolución

Dicen que en el Valle de Calamuchita hay gente que se queda en el pueblo cuando todos se van a la costa en enero. No por amor al terruño ni por heroicidad ninguna: se quedan porque ya fueron a Mar del Plata como cien veces y les aburre. Algo así, pero en versión habanera, hace Sergio, el protagonista de "Memorias del subdesarrollo": cuando su familia entera agarra sus valijas y se manda a Miami, este escritor decide quedarse en Cuba. ¿Por idéalismo revolucionario? Para nada. ¿Por valentía civil? Mucho menos. Se queda por hastío, por esa pereza existencial que a veces disfrazamos de profundidad.

La película, escrita y dirigida por Tomás Gutiérrez Alea, toma esa decisión caprichosa y la estira a lo largo de los sacudones de la Revolución Cubana. Sergio observa cómo el país se transforma a su alrededor sin tener una convicción política que justifique su permanencia. Es un burgués ilustrado, cómodo, habituado a su pequeño mundo de libros y mujeres, y la historia lo muestra precisamente ahí: en esa incomodidad de no encajar ni con los que se van ni con los que se quedan.

Un triángulo con saltos al pasado y noticieros

El relato no avanza como un libro bien ordenado. Alea lo corta con saltos al pasado y le mete imágenes de archivo de noticieros que registran hechos reales, entre ellos la Crisis de los Misiles. La vida íntima del escritor se alterna entonces con el temblor colectivo del país, y la mezcla le da al film una dimensión que excede la anécfora personal: lo que le pasa a Sergio le pasa a toda una sociedad, le guste o no.

En sus vínculos sentimentales, Sergio intenta moldear a sus parejas a imagen y semejanza de sus propios gustos: quiere formarles la cabeza, la biblioteca y hasta la apariencia. Es un gesto que pinta al personaje de cuerpo entero, y que Alea usa como espejo de las diferencias de clase que también atraviesan lo político. El mismo que no entiende la revolución es el que pretende rediseñar a las mujeres que se cruza.

El Tercer Cine como horizonte

Toda esa combinatoria —drama personal, material documental, estructura de recuerdos— inscribe al film en el Tercer Cine, esa corriente latinoamericana que le plantó cara al modelo comercial de Hollywood y al cine de autor europeo. Cámaras y celuloide más baratos le dieron a estos realizadores una libertad que se nota en la pantalla. Cuba, dentro de ese movimiento, fue una de las usinas más potentes, y la película de Alea es prueba cabal de eso.

Si me preguntan a mí, la pregunta que cierra la nota oficial es la que más me gusta: qué le aporta a la ficción meter imágenes de hechos reales. Y la respuesta, mirá, es bastante simple: le aporta el peso de lo que efectivamente ocurrió. La Crisis de los Misiles no es un decorado: es un temblor geopolítico que condiciona la vida de cualquier cubano, burgués o no. Y cuando eso entra en la película, el personaje deja de ser un caso aislado y pasa a ser un síntoma de su época.

Recomendación sin vueltas

Si te copa el cine que piensa, que incomoda y que no te da las respuestas servidas en bandeja, dale play a "Memorias del subdesarrollo". Es un film para mirar con el mate al lado y la cabeza encendida, ideal para una noche de domingo en la que no tengas sueño y te sobre tiempo para preguntarte qué harías vos si todos se fueran y a vos no te quedara más ganas que las de quedarte.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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