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Perdidos, quince años después: Lindelof por fin aclara qué era esa isla (spoiler: no era el purgatorio)

El cocreador de la serie derriba la teoría más querida por los fans y explica de dónde salió la línea narrativa de la sexta temporada. Hay un libro tibetano, una decisión entre temporadas y un guiño al piloto que nunca se notó en su momento.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · 27 de agosto de 2026 · hace 1 h

A más de quince años del final de Perdidos, todavía hay gente discutiendo en foros qué fue esa isla. Algunos sostienen, con una fe admirable, que todo fue un purgatorio y que los seis años de series se redujeron a la siesta de un muerto. Damon Lindelof, cocreador de la serie, lleva años diciendo que no, que esa lectura es un disparate. Y ahora lo volvió a explicar, esta vez con más detalle que nunca.

Su posición es bastante clara y conviene prestarle atención: en el último fotograma de la serie, Jack cierra los ojos y muere. Listo. Eso pertenece al relato principal, al hilo de lo que efectivamente sucedió. Lo otro, los flash sideways de la sexta temporada, esa línea donde los personajes no se conocen entre sí y el avión de Oceanic nunca se estrella, representa otra cosa: la experiencia de los personajes después de la muerte. No una realidad alternativa ni una paradoja temporal ni un sueño inducido por la Iniciativa Dharma.

“Todo lo que siempre te hemos mostrado, todo lo que ocurre en la isla, ocurrió. Absolutamente, al cien por cien.”Damon Lindelof

Según Lindelof, la Iniciativa Dharma fue real, la isla fue real y, al terminar la serie, Hurley y Ben seguían manejándola como quien lleva un consorcio de barrio pero con un humo negro en el depósito. La famosa teoría del purgatorio no sobrevive al cruce con la palabra del propio autor.

De dónde salió la idea

Lo interesante es cuándo se cocinó todo esto. La construcción de esa dimensión post mortem arrancó entre la tercera y la cuarta temporada. Los guionistas sabían desde temprano que la serie cerraría con la muerte de Jack: les gustaba la simetría entre el ojo que se abre en el piloto y el ojo que se cierra en el final, una coincidencia estética que a los fans les voló la cabeza cuando la entendieron y que a los detractores les pareció, como casi todo en Perdidos, un capricho.

El problema era otro: cómo mostrar lo que le pasaba al personaje después de muerto sin que pareciera un cameo en un homenaje a sí mismo. La respuesta la tenían en la mesa, en forma de libro.

Un texto budista y un truco de encuadre

La inspiración fue el Bardo Thodol, conocido en Occidente como el Libro tibetano de los muertos. El concepto del Bardo describe un estado intermedio en el que una persona muere pero no sabe que está muerta; nadie puede decírselo, aunque puede recibir señales. Lindelof lo resumió con esa capacidad que tiene para convertir un tratado espiritual en una frase de bar: La idea de Bardo es un lugar al que vas cuando mueres pero no sabés que estás muerto. Nadie puede decírtelo.

Para que el truco no se notara desde el arranque, los guionistas metieron los viajes en el tiempo al final de la cuarta temporada y construyeron toda la quinta temporada sobre esa base. La intención era que el público leyera los flash sideways como una paradoja temporal hasta que los propios personajes, al recordar cosas que en esa línea nunca habían vivido, obligaran a hacerse la pregunta correcta: cómo pueden recordar algo que no les pasó.

  • La teoría del purgatorio fue desmentida varias veces por Lindelof y vuelve a quedar oficializada como lectura equivocada.
  • Todo lo mostrado en la isla ocurrió en el plano narrativo principal, incluida la Iniciativa Dharma y el humo negro.
  • Los flash sideways son una representación del estado posterior a la muerte de los personajes, inspirada en el Bardo Thodol.
  • La estructura se diseñó entre la tercera y la cuarta temporada, junto con la decisión de matar a Jack en el final.
  • Los viajes en el tiempo introducidos al final de la cuarta temporada funcionaron como cortina de humo para retrasar la revelación.

Mi recomendación, si te cruzás con alguien que sigue defendiendo la teoría del purgatorio, es no discutirle mucho. Es como pelear con un hincha: tiene más fe que argumentos, y la fe mueve montañas, islas con humo negro incluida. Mejor le pasás esta nota, le convidás un café y le ahorrás quince años de confusión.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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