Mark Hyman y las llaves cotidianas para sostener las defensas del cuerpo
El médico de familia repasó qué priorizar en la rutina diaria: sueño parejo, comida fresca y manejo del estrés. También marcó la diferencia entre moverse con síntomas leves y parar cuando aparece una gripe, y pidió chequear la vitamina D antes de pensar en suplementos.
El consultorio del doctor Mark Hyman queda del otro lado de una pantalla, pero la conversación con la productora que lo entrevista en este podcast tiene la calidez de una charla de barrio. El médico de familia, fundador de The UltraWellness Center, se acomoda en la silla y empieza a hablar de algo que todos, en algún momento, sentimos en el cuerpo: el sistema que nos defiende de virus y bacterias. Lo describe como un guardia permanente que trabaja en silencio y al que, casi sin darnos cuenta, le vamos pasando factura con malas noches, estrés acumulado y comida de paquete.
Hyman, que conversa con Emma Krebs en un episodio reciente, no vende fórmulas mágicas ni una pastilla salvadora. Lo que ofrece es una lista de hábitos para sostener esa vigilancia cotidiana, con la insistencia de alguien que lleva años repitiendo lo mismo: dormir con horarios parejos, moverse, cuidar lo que se cocina y aprender a bajarle el tono al estrés.
Tres pilares y un cuarto que siempre queda afuera
Lo primero que Hyman pone sobre la mesa es el sueño. No se trata, aclara, de pegar un ojo rápido un domingo: lo que sirve es acostarse y levantarse a horarios similares la mayoría de los días. A eso le suma moverse, aunque sea con caminatas, y abrirle espacio a prácticas que corten el ruido mental, como meditación, yoga o ejercicios de respiración. En el medio, queda un punto que suele olvidarse: el intestino, al que define como una pieza central de esa vigilancia, porque ahí se entrena buena parte de la respuesta que tenemos frente a las infecciones.
En la cocina, el planteo también es directo. Hyman pide volver a las fuentes: preparaciones hechas en casa, verduras de varios colores y alimentos fermentados, que en la Argentina van desde el chucrut hasta el yogur o el kéfir. A la lista le suma fibra prebiótica, a la que describe como el alimento de los microorganismos intestinales. Y advierte sobre los extremos opuestos: el consumo habitual de grandes cantidades de dulces y productos procesados, que según él empujan al sistema inmune para el lado que no queremos.
Resfrío o gripe: cuándo moverse y cuándo guardar reposo
La pregunta que abre el tramo más práctico de la entrevista es de las que aparecen en cualquier grupo familiar apenas alguien estornuda: ¿salgo a correr igual o me quedo en la cama? Hyman responde con una división clara, que se apoya en lo que cada uno siente en el cuerpo.
- Si hay síntomas leves, como una molestia en la garganta o una nariz que empieza a moquear, lo razonable es bajar la intensidad: una caminata o una rutina suave en lugar del entrenamiento fuerte de siempre.
- Si lo que aparece es una gripe, con fiebre, cansancio marcado o malestar general, la indicación es parar: descansar y evitar el esfuerzo hasta que el cuadro ceda.
Esa diferencia es la que, según el médico, muchas veces se pierde. Se tiende a tratar al cuerpo como si fuera siempre el mismo, y no lo es: hay días en los que se puede mover con cuidado y otros en los que lo único útil es quedarse quieto y dejar que las defensas hagan su trabajo.
Vitamina D: medir antes de suplementar
La charla también pasa por uno de los temas más discutidos de los últimos años: la vitamina D. Hyman pide cautela y, sobre todo, un paso previo antes de tomar cualquier cápsula: medir los niveles en sangre. Las cantidades necesarias, dice, pueden cambiar mucho de una persona a otra, y lo que le sirve a un vecino puede no hacerle nada a otro.
Como respaldo, se cita un estudio publicado en 2022 que trabajó con registros de Clalit Health Services, en Israel. La investigación halló que las personas con valores inferiores a 30 nanomoles por litro tenían una mayor probabilidad de atravesar un cuadro grave de COVID-19. Pero el propio Hyman se encarga de poner los límites: ese trabajo encontró una asociación, no una causa, y no evaluó si tomar suplementos servía para prevenir internaciones o muertes. Es la diferencia, repite, entre ver que dos cosas aparecen juntas y demostrar que una produce a la otra.
Sobre el final, el médico enumera suplementos y rutinas que él mismo utiliza, y aclara que varias de esas intervenciones no están listas para recomendarse de manera general. Esa distinción, que a veces se pierde en las redes, permite separar las costumbres personales de las pautas que se pueden bajar a toda la población. Volvemos a la silla donde empezó la charla: Hyman repite, con la misma calma del principio, que no hay un atajo. Lo que hay es una rutina que, con idicidios y feriados, se puede sostener la mayor parte de los días: dormir parejo, moverse según el cuerpo lo pida, comer lo más fresco posible, respirar hondo cuando el ruido aprieta y, antes de comprar cualquier suplemento, sentarse a charlar con un médico y pedir un análisis.
