La trampa silenciosa de las billeteras virtuales: cuando pedir un crédito chico termina en una deuda que no para de crecer
Las tasas que ofrecen las plataformas digitales parecen accesibles, pero la letra chica y los intereses acumulados transforman un préstamo pequeño en una bola de nieve. En Neuquén, los organismos de defensa del consumidor advierten sobre el acoso en las cobranzas y recomiendan un plan oficial de refinanciación con tasas mucho más bajas.
El primer lunes de abril, cerca del mediodía, me acerqué hasta las oficinas de Protección al Consumidor de la provincia y la escena me golpeó de entrada: una cola de personas que llegaba hasta la vereda, varias con el celular en la mano mostrando capturas de pantallas de aplicaciones de billeteras virtuales. Eran vecinos y vecinas de Neuquén que habían pedido un crédito chico para pagar la luz, el alquiler o la comida, y ahora no sabían cómo salir de la deuda que se les había multiplicado sin aviso.
Allí mismo, Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, me recibió con una frase que resume el problema de fondo: las tasas que cobran las plataformas digitales son, según sus palabras, "casi usureras para los ciudadanos". Lo que se ve en la pantalla, agregó, no siempre coincide con lo que después termina saliendo del bolsillo.
Cómo funciona la trampa, paso a paso
El mecanismo que describen tanto los funcionarios como los propios usuarios es siempre el mismo: la billetera virtual muestra una tasa aparentemente razonable, la persona acepta con un par de clics porque la necesita con urgencia, y la letra chica se encarga de sumar cargos, comisiones y condiciones que no se leyeron en el momento. Cuando el usuario se da cuenta de lo que firmó, la deuda original ya es otra, bastante más grande.
“Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro.”Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén
Schpoliansky, que sigue de cerca la economía de los hogares neuquinos, lo atribuye a un problema estructural: los salarios, las jubilaciones y los ingresos de los trabajadores independientes y de los pequeños comerciantes perdieron contra la inflación en los últimos años. Ante la imposibilidad de llegar a fin de mes, las familias recurren al crédito digital para gastos básicos, y ahí es donde la trampa se cierra.
En la puerta del organismo conversé con Marta, de 52 años, que pidió unos 80 mil pesos a una billetera para pagar el alquiler de marzo. "Me ofrecieron todo fácil, desde el teléfono, sin ir a ningún lado. Cuando vi el primer resumen casi me caigo de la silla: lo que pagaba de interés era más que el alquiler mismo", me dijo, mientras mostraba en la pantalla del celular los números en rojo. Como ella, otros usuarios consultados coincidieron en que la sensación dominante es la de haber entrado a un crédito que después se vuelve impagable.
- El índice de morosidad en Argentina se ubica cerca del 20%, casi cinco veces el promedio de los países vecinos de la región, que registran entre el 4% y el 5%.
- La Provincia ofrece un Régimen Especial de Refinanciación de Deuda con préstamos de hasta 50 millones de pesos y una tasa fija anual del 35%, muy por debajo de lo que cobran las billeteras virtuales.
- Quien sufra hostigamiento, amenazas o condiciones abusivas por parte de una empresa de cobranza puede denunciar el hecho y aportar capturas de pantalla como prueba para iniciar un reclamo formal.
- Tomasini aclaró que esas prácticas de cobranza "no están permitidas" y que el organismo actúa de oficio cuando detecta incumplimientos de las plataformas.
Una salida concreta para salir del pozo
Para quienes ya están atrapados en el ciclo, Tomasini recomienda mirar el Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, que ofrece préstamos de hasta 50 millones de pesos con una tasa fija anual del 35%. Lo describió, sin rodeos, como "una tasa muy accesible, diría blandísima", pensada para que las familias puedan ordenar su situación sin que los intereses sigan acumulándose mes a mes.
Antes de irme del lugar, volví a buscar a Marta entre la cola. Me confirmó que ya había pedido turno para asesorarse sobre la refinanciación y que, sobre todo, había decidido una cosa: no volver a financiar gastos cotidianos con la billetera virtual. La escena, otra vez en la vereda, mostraba a un puñado de personas con el celular en la mano, ya no como símbolo de una deuda que las aplasta, sino como la herramienta con la que, esta vez, intentarán salir de ella.
