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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La presión que no avisa: por qué casi cuatro de cada diez hipertensos en la Argentina todavía no saben que lo son

Medirse la presión de forma periódica es la única manera de detectar a tiempo una condición que suele avanzar sin síntomas y que en el país alcanza a más de un tercio de los adultos. Los hábitos cotidianos, los controles regulares y el acceso al tratamiento son las llaves para mantenerla a raya.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 14 d
La presión que no avisa: por qué casi cuatro de cada diez hipertensos en la Argentina todavía no saben que lo son

Lo vi con mis propios ojos aquella mañana en el centro de salud de barrio, mientras hacía esta nota: la señora Graciela, de 58 años, se sentó frente al tensiómetro como quien se acomoda para una foto, casi como si fuera un trámite menor, y se sorprendió cuando la enfermera le leyó los valores en voz alta. "Pero si yo me siento perfecta, m'hijita", me dijo, mientras yo anotaba los números en el cuaderno. Y ahí, justamente ahí, empezó a tomar forma esta nota: la hipertensión es una enemiga silenciosa, de las que no avisan, de las que avanzan sin dar señales hasta que el cuerpo pasa la factura, y por eso se vuelve tan importante sentarse cada tanto frente a ese manguito que se infla y desinfla y que, en apenas un minuto, te dice algo que vos solo no podés percibir.

Un problema de magnitudes que ya es cuestión de millones

Los números que maneja el Registro Nacional de Hipertensión Arterial no dejan margen para la duda: el 36,3 por ciento de los adultos mayores de 18 años en la Argentina convive con la presión elevada, lo que traducido a personas de carne y hueso significa cerca de 12 millones de compatriotas. Pero hay un dato todavía más preocupante, y es que casi cuatro de cada diez de esos hipertensos caminan por la vida sin saber que lo son, porque la condición, sobre todo en sus primeras etapas, rara vez se hace sentir con mareos, dolor de cabeza o zumbidos en los oídos. Esperar a que aparezca un síntoma es, en los hechos, dejarle la puerta abierta a un problema que puede terminar en un infarto o en un accidente cerebrovascular, dos de las complicaciones más temidas y, a la vez, más evitables si el diagnóstico llega a tiempo.

  • Reducir la cantidad de sal que se le agrega a la comida, un cambio chico que rinde mucho.
  • Sostener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas, legumbres y menos alimentos ultraprocesados.
  • Hacer actividad física de manera regular, aunque sea caminar a buen ritmo media hora por día.
  • Atender el estrés crónico, porque también pesa sobre las arterias y el corazón.
  • No saltearse los controles médicos periódicos, que son los que permiten ajustar el tratamiento cuando hace falta.

El escenario, además, no es solo argentino: el segundo informe mundial sobre hipertensión arterial que publicó la Organización Mundial de la Salud en 2025 estima que 1.400 millones de adultos en el mundo viven con la presión elevada y que apenas uno de cada cinco la tiene bajo control. Y en nuestro país, incluso entre quienes ya reciben un tratamiento, el panorama no termina de cerrarse: alrededor del 44 por ciento consigue mantener sus valores dentro de los rangos recomendados, lo que deja al resto expuesto a riesgos que, con un adecuado seguimiento médico, podrían reducirse de manera considerable.

Me fui del centro de salud con la sensación de que esa mañana, en realidad, había presenciado algo mucho más grande que un control de rutina. La medición es un procedimiento sencillo, gratis en la mayoría de los centros de salud públicos, no duele y demanda apenas un par de minutos, pero lo que está en juego detrás de esos números es enorme, porque la hipertensión puede ir deteriorando las arterias y afectando órganos vitales durante años sin dar señales claras. Por eso, cuando uno se cruza con Graciela en la calle y le pregunta cómo le fue con la indicación del médico, lo más valioso no es solo el resultado del tensiómetro, sino el hecho de haberla sentado frente a él. Medirse la presión, en definitiva, no es un trámite menor: es una manera de cuidarse en serio, de prestarle atención al cuerpo aunque el cuerpo todavía no se queje.

EP

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