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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La histamina como hilo invisible detrás de malestares que parecen no tener conexión

Migrañas, panza hinchada, mal sueño y alergias comparten más de lo que parece. El especialista Jorge Dotto explica cómo una sustancia del propio cuerpo puede acumularse y desbordarse, y por qué la herencia y las hormonas marcan el pulso de los síntomas.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 3 d
La histamina como hilo invisible detrás de malestares que parecen no tener conexión

En el consultorio del genetista Jorge Dotto aparece una y otra vez la misma escena: una madre llega con una lista de cosas que le pasan a su familia desde hace años. A ella le duele la cabeza cada dos o tres días. Al marido se le hincha la panza después de comer. La hija mayor tuvo crisis respiratorias de chica y hoy arrastra una rinitis que no se va. El nene más chico duerme mal y se levanta con los párpados inflamados. Lo que en la mayoría de las consultas se trata como cuatro problemas separados, para Dotto puede tener un mismo motor: la histamina.

Qué hace la histamina en el cuerpo y por qué a veces se desborda

La histamina es una sustancia que el organismo produce de manera natural y que también ingresa con lo que se come. No es un veneno ni un enemigo en sí misma: cumple funciones en la vigilia, en el apetito y la saciedad, en la memoria, en la producción de ácido en el estómago, en los movimientos del intestino y hasta en la regulación del corazón. Cuando el sistema inmune detecta una amenaza, la histamina se dispara y aparecen los signos conocidos de la alergia: picazón, sarpullido, estornudos.

El problema empieza cuando la cantidad que se acumula supera la capacidad del cuerpo para eliminarla. Dotto lo explica con una imagen simple, casi de manual: un vaso que se va llenando. Acumulo, acumulo, acumulo y exploto, porque no puedo sacar el tapón. El vaso se llena con lo que se come, con el estrés cotidiano, con el ejercicio muy intenso y con los cambios hormonales. Mientras no rebalsa, no pasa nada. Cuando se pasa, aparecen las reacciones.

No todos los alimentos cargan la misma cantidad de histamina ni la liberan de la misma forma. Entre los más citados por la literatura médica y por la experiencia clínica están los quesos curados, los embutidos, el vino tinto, el chocolate, el tomate, la palta y ciertos pescados. Pero la dosis cuenta tanto como el producto: hay gente que tolera tres tomatitos cherry en una ensalada y reacciona con un tomate grande en la milanesa. No todos reaccionamos de la misma manera a las mismas sustancias químicas, repite Dotto hasta hacerlo parte del diagnóstico.

  • Quesos curados y embutidos.
  • Vino tinto y otras bebidas alcohólicas.
  • Chocolate y derivados del cacao.
  • Tomate, palta y pescado, sobre todo los más estacionados.
  • Comidas fermentadas como chucrut, yogur y vinagres.

Hay que subrayarlo: que un alimento figure en este listado no significa que haga mal a todo el mundo. Lo que existe, según Dotto, es una sensibilidad individual que se construye con la genética, con lo que se come y con cómo se vive.

Por qué pasa en la familia y por qué se nota más en las mujeres

El componente hereditario es una de las claves. Cada persona hereda información que define cómo procesa ciertas sustancias, incluida la histamina. Pero heredar la predisposición no alcanza para explicar todo: lo que se come, el estrés, las infecciones y el entorno terminan de moldear la expresión de esa información. Dotto suele contar el ejemplo de dos hermanas gemelas que terminaron con síntomas diferentes, aun compartiendo casi todo el ADN. La diferencia estaba en la dieta de cada una y en factores del entorno. Que aparezcan intolerancias en una misma familia es lo esperable, no la excepción, remarca.

En las mujeres, la ecuación se vuelve más compleja por una razón hormonal. La relación entre estrógenos e histamina puede hacer que ciertos síntomas cambien a partir de la pubertad, se intensifiquen en torno a la menstruación, durante el uso de ciertos anticonceptivos o en la perimenopausia. Esa conexión ayuda a entender por qué tantas pacientes describen migrañas, retención de líquidos o despertares con la cara hinchada en fechas puntuales del calendario menstrual.

El especialista insiste en que la intolerancia a la histamina no reemplaza diagnósticos clásicos como la migraña, el síndrome de intestino irritable o la rinitis alérgica. Lo que propone es mirar la foto completa. Cuando un mismo paciente acumula migrañas, hinchazón abdominal, mal descanso y reacciones en la piel, la sospecha de un problema común gana terreno. La lectura de la histamina funciona como una lupa: no inventa enfermedades, pero conecta las que ya están.

Después de varias décadas escuchando historias parecidas, Dotto resume la idea que más repite en voz baja a sus pacientes: prestar atención a la histamina no es seguir una moda ni una dieta mágica, sino aprender a leer lo que el cuerpo viene diciendo hace tiempo y que, por, se estudió siempre por separado.

EP

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