La dinastía de la cerveza negra llega a la pantalla chica con más drama que una sobremesa familiar
Netflix estrena una serie centrada en los herederos de la cervecería más famosa de Irlanda, con el creador de Peaky Blinders como responsable y un elenco que promete ponerle cara a los trapos sucios del apellido Guinness.
Dicen que el dinero no compra la felicidad, pero compra Succession con acento irlandés y pinta negra. Netflix acaba de estrenar La casa Guinness, una serie de ocho capítulos que se mete de lleno en la historia de la familia que convirtió a una cerveza stout en sinónimo de Irlanda. Y sí, ya sabemos qué están pensando: otra vez ricos peleándose por la herencia. Pero acá hay algo distinto, porque los Guinness no solo tenían plata, tenían un imperio que definía la economía de un país entero.
Un muerto muy rico y cuatro herederos muy ambiciosos
La serie arranca en 1868, en Dublín, con la muerte de Benjamín Lee Guinness. Hasta ahí, una noticia más en el siglo XIX. El problema es que el señor dejaba atrás a cuatro hijos con ganas de manejar la empresa familiar y ninguno muy dispuesto a compartir el poder. Arthur y Edward quedan en el centro de las decisiones, pero el resto de los hermanos también tiene sus propios planes, algunos más oscuros que una pinta servida en un pub de mala muerte.
Lo que sigue es una sucesión de alianzas, traiciones y secretos que amenazan con partir a la familia por la mitad. Porque cuando hay un apellido como el Guinness en juego, las peleas de sobremesa dejan de ser peleas de sobremesa y se vuelven casi una cuestión de Estado (o casi, exagerados como somos los argentinos cuando hay plata de por medio).
El contexto pesa tanto como el apellido
La serie no se queda solo en las peleas entre hermanos. También muestra una Irlanda del siglo XIX atravesada por desigualdades profundas y tensiones políticas que amenazaban con hacer volar todo por los aires. El poder económico de los Guinness se codea con una sociedad que estaba cambiando a la fuerza, y eso le da a la historia una densidad que no tiene cualquier drama familiar.
Steven Knight, el creador de Peaky Blinders, se repite la dosis de violencia de época, familias disfuncionales y clase trabajadora aplastada por los poderosos. Su especialidad, al parecer, es mostrar que detrás de cada gran fortuna siempre hay un gran quilombo (y un bar lleno donde servirse un trago para olvidarlo).
Los que se ponen en la piel de los Guinness
- Anthony Boyle como uno de los hermanos centrales
- Luis Partridge en otro de los roles clave de la familia
- Emily Fairn completa el trío protagónico
- Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly en el resto del reparto
El elenco reúne a un puñado de actores irlandeses y británicos con cara de saber perfectamente lo que hacen cuando se ponen delante de una cámara de época. La dirección y el guion prometen ese tono áspero que ya tiene ADN Knight: diálogos filosos, ambientación impecable y una violencia que aparece cuando menos se la espera.
Mi recomendación, sin vueltas: si les gustaron los Shelby de Birmingham, dense una vuelta por los Guinness de Dublín. La serie tiene todo lo que una buena historia de poder necesita: dinero, traiciones, un contexto histórico pesado y cerveza (aunque sea solo en el nombre). Para maratonear un domingo de lluvia, con una pinta al lado y la sensación de que las peleas familiares ajenas siempre se ven mejor desde el sillón.
