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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La chica de la esquina que no se fue nunca: Mafalda, la feria y los turistas que peregrinan hasta San Telmo

Una recorrida por la estatua de Chile y Defensa, los puestos de Defensa y el universo del personaje de Quino que sigue convocando a vecinos y visitantes.

Por Emanuel PaillalefSociedad · · hace 13 d
La chica de la esquina que no se fue nunca: Mafalda, la feria y los turistas que peregrinan hasta San Telmo

Llegué a la esquina de Chile y Defensa con la cámara colgando del cuello y la certeza de que algo iba a pasar ahí, porque me lo habían dicho y porque ya lo había leído. Lo que no esperaba era la cantidad de gente reunida alrededor de una nena de bronce sentada en un banco, mirando hacia arriba como si todavía le reclamara algo al mundo. La estatua de Mafalda es chiquita y el barrio la abraza como si fuera una vecina más, de esas que uno saluda al pasar. Pero el domingo, ese punto de San Telmo deja de ser una esquina cualquiera y se convierte en una parada obligatoria para turistas y para vecinos que quieren fotografiarse con el personaje que Joaquín Salvador Lavado, Quino, dejó en las páginas de una historieta argentina que ya lleva más de medio siglo dando vueltas por el mundo.

La esquina como punto de partida

La dirección concreta existe y conviene anotarla antes de salir: Chile y Defensa, pleno corazón de San Telmo. Ahí funciona la escultura que integra el Paseo de la Historieta porteño y que se transformó, con los años, en una especie de santuario callejero del personaje. Cualquiera que haya caminado por la zona un domingo sabe lo que se siente: la fila de gente esperando su turno para la foto, las cámaras, los celulares en alto, alguna pareja de brasileños ajustando el encuadre y algún porteño de toda la vida que se acerca, nomás, a comprobar que Mafalda sigue ahí, fiel a su cita con la ciudad. Esa persistencia callejera es la primera sorpresa del recorrido.

La feria dominical y los objetos con su cara

Apenas uno se corre unos metros y empieza a caminar por Defensa, la feria dominical se despliega con su clásica mezcla de antigüedades, artesanías y puestos de comida que tientan a cada paso. Lo que suma la visita Mafaldesca es que, entre tanto puesto tradicional, aparecen objetos con la imagen del personaje en distintos materiales y formatos: cerámicas pintadas a mano, mates con su cara, cuadernos, tazas, imanes y unas muñecas tejidas que parecen salidas del mismo universo de la tira. Es la forma que tiene el barrio de multiplicar al personaje: ya no alcanza con la estatua, ahora Mafalda también está en los mostradores y en las mesas de los talleres que viven del turismo y del cariño de los fans.

  • Conviene llegar temprano a la esquina de Chile y Defensa para evitar la concentración de gente que se da más avanzada la mañana.
  • Hay que armarse de paciencia para la foto: la fila forma parte del movimiento alrededor de la escultura y no hay un tiempo de espera informado.
  • Vale la pena recorrer Defensa y detenerse en los puestos que ofrecen cerámicas, mates, cuadernos y muñecas tejidas con la imagen del personaje.
  • Algunos comercios cercanos instalaron otras estatuas del elenco, así que la caminata puede sumar más hallazgos además de la parada principal.
  • Al mirar los recuerdos, prestar atención a las inscripciones: entre los artículos oficiales circulan otros con mensajes que Quino no escribió.
  • Para dimensionar el fenómeno, vale recordar el elenco completo: Mafalda, Felipe, Manolito, Susanita, Miguelito, Guille y Libertad.
“Para el humorista gráfico Tute, uno de los rasgos distintivos de la obra es la complejidad de esas personalidades y la incorporación de los asuntos del mundo a las tiras.”Tute

Una advertencia antes de comprar

Acá va un dato que me parece importante subrayar, porque lo escuché en más de un puesto mientras miraba las piezas: no todo lo que lleva la cara de Mafalda reproduce frases del personaje. Reconocerla en un objeto, aclararon los vendedores más cuidadosos, no significa que el mensaje provenga de las historietas originales. Entre los artículos oficiales que respetan el espíritu de Quino circulan otros que le adjudican al personaje sentencias que el dibujante nunca escribió. Es una de esas trampas del merchandising global, donde la imagen viaja más rápido que el cuidado por el texto original. Quien quiera volver a casa con un recuerdo fiel, mejor revisar las inscripciones antes de pagar.

Una tarde con Mafalda y sus amigos

Después de la foto en la esquina y de la recorrida por Defensa, uno termina la jornada con la sensación de haber caminado dentro de una historieta. Los personajes que Quino fue sumando a lo largo de los años están ahí, en estatuas repartidas por el barrio y en las piezas que venden los artesanos: Felipe con su guitarra, Manolito con sus granos, Susanita con sus melindres, Miguelito con sus contradicciones, Guille con sus y Libertad, la más pequeña, con sus preguntas que descolocan a los adultos. El Paseo de la Historieta completo, además de un museo a cielo parcial, funciona como un mapa emocional del barrio.

Me fui de San Telmo cuando el sol ya pegaba más flojo y la esquina de Chile y Defensa empezaba a vaciarse. Volví a pasar una última vez frente a la escultura y confirmé lo que había sentido al llegar: Mafalda sigue ahí, fiel a su cita con la ciudad, mirando hacia arriba como si todavía le reclamara algo al mundo. Los turistas se habían llevado sus fotos, los vecinos habían completado su ritual dominical y los puestos habían vendido sus cerámicas, sus mates y sus cuadernos con su cara. En una época donde las referencias culturales se renuevan a velocidad de scroll, esa persistencia de un personaje de historieta en una esquina porteña sigue siendo, a mi entender, una de las noticias más bonitas que puede contar un cronista de la sección Sociedad. La chica de Quino no se fue nunca: solo cambió de página, de banco y de siglo.

EP

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