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La amnesia como motor: cómo los guionistas de Silo le torcieron el destino a Juliette

Graham Yost, el showrunner de la distopía de Apple TV+, repasa las decisiones creativas de la tercera temporada: la pérdida de memoria de su protagonista, la redención de los villanos y el guiño a la cultura del fanfic que permitió tomar distancia de los libros de Hugh Howey.

Por Carla SanhuezaCultura y espectáculos · 3 de septiembre de 2026 · hace 1 h

Hay una verdad incómoda que cualquier guionista conoce: tarde o temprano, alguien va a borrar de un plumazo al personaje más querido de la historia. En la tercera temporada de Silo, eso pasó literalmente. A Juliette le borraron la memoria. Y no fue un capricho, ni un giro marketinero para hacer ruido en redes. Fue una decisión de manual, tomada por un equipo que entendió que la serie ya no podía sostenerse con los mismos trucos de las dos entregas anteriores.

Lo cuenta Graham Yost, el showrunner, en una de esas charlas donde los showrunners dejan caer las costuras del oficio. La pista estaba en los libros de Hugh Howey, el autor de la trilogía original. En el segundo volumen hay un personaje llamado Daniel que sale de la criosuspensión creyendo que se llama Troy. Un hombre con la memoria reseteada. A partir de ese punto, los guionistas se hicieron la pregunta que cambió todo: si Juliette volvía al silo (y tenía que volver, porque la serie la necesita caminando por esos pasillos metálicos), ¿qué hacían con ella?

La lógica detrás del olvido

Matar a Juliette estaba descartado. Es demasiado popular, como apuntó el propio Yost. El público la banca, la quiere ver en pantalla, y eliminarla de un plumazo habría sido un disparate narrativo. Entonces, la opción lógica fue la otra: borrarle la memoria. Limpiarla como si fuera una máquina, dejarla entrar al silo como una ciudadana más, sin recuerdos de lo que fue, de lo que hizo, de lo que descubrió. Una Juliette sin Juliette, vagando por los mismos lugares donde antes peleó a capa y espada.

Para construirle una historia propia (en los libros no aparece hasta el final del segundo volumen, un detalle menor que suele ser una pesadilla para cualquier adaptador), el equipo sumó a la hermana de Daniel, una aviadora naval que regresa de una misión sin poder recordar nada de lo que vivió. Dos mujeres con la memoria borrada, moviéndose por un mundo que les resulta ajeno. La amnesia como espejo, como recurso, como combustible de la trama.

“El control de la memoria es una parte fundamental de este proyecto. Sabemos que en el Silo 18 prácticamente borraron los recuerdos de todos hace 140 años.”Graham Yost

Los villanos también merecen una segunda oportunidad

Hay un hilo que recorre toda la serie y que Yost defiende a rajatabla: la idea de que las personas, incluso las más turbias, pueden redimirse. Bernard y Sims fueron presentados como figuras francamente amenazantes en las primeras temporadas. Eran los encargados de mantener el orden, los guardianes de un secreto podrido. Pero actuaban convencidos de que estaban protegiendo al silo. En la tercera entrega descubren que el Silo Uno puede destruirlos en cualquier momento, y ahí aparece la grieta: qué hacer con esa verdad, cómo convivir con el dato de que sos prescindible.

Yost lo resume con una frase que define, a mi criterio, toda la serie: las personas que hicieron cosas malas, en muchos casos, no sabían que eran los malos. Esa idea, repetida hasta el hartazgo en manuales de autoayuda, acá funciona porque la serie nunca busca villanos absolutos. Busca personas tomando decisiones dentro de sistemas que no controlan.

Howey, los libros y la bendita licencia del fanfic

Para los lectores puristas de la trilogía de Howey, la distancia entre los libros y la serie fue un tema espinoso. Yost lo sabe y lo aborda de frente. La respuesta, dice, está en el propio origen de la obra: Howey publicó su primera historia en Amazon y se crio en la cultura del fanfic, donde reinterpretar los materiales de origen no es una herejía, es parte del juego. Para él, todo esto consiste en formar parte de una comunidad de personas que trabajan dentro de esta historia. Es, también, un modo de zanjar el debate sobre la fidelidad.

  • Borrarle la memoria a Juliette fue la salida narrativa más elegante para reincorporarla al silo sin repetir la fórmula de las temporadas anteriores.
  • La incorporación de la hermana de Daniel permitió estirar el recurso de la amnesia sin depender únicamente del personaje de Rebecca Ferguson.
  • La decisión de mostrar a los antagonistas como personas redimibles diferencia a Silo de otras distopías que prefieren villanos de una pieza.
  • El respaldo público de Howey a los cambios libera al equipo creativo de cargar con la mochila de la fidelidad absoluta a los libros.

Mi recomendación, sin vueltas: vean la tercera temporada de Silo aunque no hayan leído los libros, aunque les haya gustado más la primera, aunque crean que las distopías están sobrevaloradas. La serie encontró en la memoria (su borramiento, su recuperación, su manipulación) un tema que la distingue del resto del catálogo de ciencia ficción actual. Y a esta altura del partido, eso ya es mucho.

CS
Carla SanhuezaCultura y espectáculos

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